Enigmas del perfil manipulador

Años de observación del perfil manipulador me lleva a una reflexión: ¿y si el manipulador no es tan estratega y consciente como pensamos y sigue siendo víctima de sus propias necesidades de aceptación y de poder?

Generalmente se describe al manipulador como una figura que capta a la víctima con halagos y estrategias de acercamiento personalizadas, previo conocimiento de sus puntos débiles, con el fin de establecer un clima de confianza para preparar su ataque punzante. Bajo este punto de vista, el comportamiento cuadra. La víctima acepta, una y otra vez, las muestras del manipulador. Cuando más confiada se siente, recibe el golpe menos esperado, la trampa que más teme y de la que no puede escapar. Poco a poco va mermando la autoestima y la indefensión aprendida acapara todas las salidas. Como el manipulador necesita reforzar su ego comprobando una y otra vez el poder de control y destrucción que tiene (estrategia que utiliza para ocultar su propia falta de seguridad), precisa una víctima aparentemente recuperada para volver a destruirla. Así parece alimentar su autoestima, aunque a modo de parche. Y su medida es la comparación con el débil.

Vemos al manipulador como un gran estratega, que no dudo que lo sea. Pero quizás sobreestimamos sus habilidades o las dotamos de una intención consciente. Es posible que se alimente de la debilidad de la víctima dependiente a través de estrategias enfocadas en sí mismo y no con ánimo de destruir a esa víctima en concreto. Si ésta logra empoderarse y recuperar su fortaleza con firmeza, si logra descifrar los motivos de su anulación y decide satisfacer ella misma sus necesidades en lugar de dejarlas en manos del otro, deja de ser un blanco útil y probablemente su verdugo acabe buscando otra presa a depredar, de modo que no se trata de nada personal con la víctima sino con su dependencia. Cualquiera que reúna sus carencias puede serle útil. El manipulador no desea compararse con alguien que le recuerde que necesita aprender de sí mismo, prefiere alguien con quien seguir desplegando sus artes y permanecer en la zona de confort.

Me pregunto si el manipulador despliega tales artes embaucadoras sólo para doblegar maquiavélicamente la voluntad de la víctima o encierra una necesidad imperiosa de sentirse primero aceptado y reconciliado con su fuente de egocentrismo. Es muy probable que el que ahora manipula fuera manipulado previamente y no es extraño que el ejecutor previo fuera una figura de gran relevancia en su vida. En mi opinión, se trata de un círculo vicioso y que la víctima, ahora manipulador, fuera dependiente de quien ejerció ese poder. La dependencia sigue anclada, de una u otra forma. Y ahora la necesidad de aceptación y complacencia continúa palpitando con fuerza.

Probablemente sea esa misma necesidad la que le encierra en este bucle insidioso. Primero necesita ser aceptado y complacer a la víctima, vuelca su dependencia en ésta y cuando capta su confianza, aplasta su voluntad para hacerla más sumisa, siendo ésta una forma de satisfacer su necesidad narcisista de poder y control. Y vuelta a empezar. Es adictivo porque el placer de la satisfacción es temporal, en una tirita que no cura.

Me cuestiono si una necesidad puede ser la causa de la otra, con el uso del poder demuestra que no precisa aceptación y una vez controlada a la víctima necesita reconciliarse de nuevo con ella para que le vuelva a ser útil. Antes de que tal aceptación cause una mínima sensación de debilidad, la necesidad de poder vuelve a escena.

A menudo, los manipuladores quedan “enganchados” a sus víctimas rehechas, pero en una sola dirección, independientemente de que busquen otras presas con las que completar el proceso y no desperdician oportunidades de quebrar cualquier grieta que detecten.

Me pregunto si desbaratando esta necesidad de aceptación, fruto de su verdadera inseguridad, podría romperse el bucle dañino.

Quizás sea un planteamiento muy simplista o puede que se trate de un bucle de repetición. Seguiré observando y tratando de descifrar el enigma que esconde para mí este perfil.

 

Anuncios
Publicado en Auto-conocimiento, Gestion de conflictos | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La hostilidad que abruma

Tanta hostilidad me abruma hasta asfixiarme.

Competitividad salvaje, demostraciones constantes de gran valía, narcisismo, violencia encubierta… ¿para qué? De verdad, todo esto ¿por qué? ¿para qué? ¿de qué vale?

La hostilidad deja de ser útil cuando va más allá de querer evitar a ciertas personas y determinadas situaciones de conflicto. Cuando se convierte en una costumbre o en un rasgo de la personalidad, puede ser verdaderamente perjudicial.

El proceso contiene una variable muy constante: pensamos que el otro es dañino, peligroso, mezquino. ¿Lo es? Creo que todo se basa en nuestras percepciones. Si definimos objetivamente los actos supuestamente maliciosos que creemos percibir, quizás nos demos cuenta de que se trata de una mera interpretación. La creencia de la intencionalidad es nuestra, probablemente no coincida con la realidad. ¿Y qué nos genera? Asco, ira, desprecio, además de un gran resentimiento que se va acumulando sin poder evitarlo. Tal cúmulo ayuda a que nuestra percepción se filtre por sistema de una forma determinada, y no otra, la rumiación constante logra acotar nuestro punto de vista hasta hacerlo muy pequeño. Es difícil caber por él.

Qué decir de la somatización de tal proceso, no es una actitud que precisamente favorezca el bienestar cardíaco. ¿Compensa?

 

 

 

¿Cómo y por qué comenzamos a procesar racionalmente al otro desde el prisma hostil? ¿En qué momento perdemos tanta seguridad como para percibir ataques allá donde no los hay? ¿Nosotros mismos nos percibimos malintencionados o simplemente pensamos que actuamos por un motivo que creemos legítimo? ¿Y por qué consideramos, sin lugar a dudas, que el otro no quiere actuar en defensa de su motivo y dotamos de mala intención su actitud?

Cada día percibo más y más hostilidad a mí alrededor, arrastra y no encajo. No quiero encajar, además. A veces me percibo errónea porque pienso que tanta gente en mi entorno no puede estar equivocada. Pero pronto se me pasa. No quiero prismas hostiles.

Tanta rotundidad a la hora de enjuiciar al otro me produce tristeza. ¿Cómo nos atrevemos a emitir una valoración despectiva del motivo que mueve a otra persona? ¿Qué sabremos nosotros de su mundo interno? ¿Acaso conocemos el nuestro? Empecemos por nuestra casa y, probablemente, cuando conozcamos todos nuestros recovecos dejaremos de necesitar enjuiciar a los demás para sentirnos mejores.

Siento asfixia. Me bajo.

 

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento, Gestion de conflictos, Mediación | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Asco como emoción de compañía

Pensaba que no existía como tal, estaba convencida de que se trataba de algo biológico, una mera reacción fisiológica pero no, definitivamente flexibilizo mi categorización y acojo al asco como una emoción en toda regla. Porque la siento ahora y la llevo sintiendo mucho tiempo.

Esta repulsión se hace cada vez más grande y no es enfado, es lo que es, verdadera repulsión. Me entristece sentirla porque no sé cómo eliminarla del día a día. A la vez, me alegra tenerla cerca ya que así recuerdo cuáles son los buenos hábitos que quiero para mí y para los míos.

Necesito bajarme aunque no sé bien por dónde empezar. Me gustaría ser constante si bien sé que la rueda no sólo arrasa, también absorbe con fuerza. Creo que comenzaré por lo que hace más daño, eso suele ser lo más sensato. Ensayo-error.

Y quien esté enfermo, que siga su curso hasta el hastío, que sucumba, aunque estaría bien que dejara de arrastrar a personas inocentes que aún no pueden elegir con libertad.

Yo, a lo mío, que no es poco.

No puedo hacer nada más que sentir ese asco potente, tanto que se convierte en un palpitar tremendo y en una guía transparente que me indica qué SÍ y qué NO.

NO a lo que destroza: lo innato, el valor de lo puro, el sentir más interno, la magia de la verdad y el asombro por un rayo de sol. a la libertad, al cariño, al amor.

No al materialismo más allá de lo más básico, a la compra de seres, al chantaje, al callar gritos y a la enfermedad del consumo. a la risa verdadera, la que no daña, la que contagia.

NO a la violencia, a los golpes, al dolor, a la ironía, al abuso, al miedo al prójimo, a las ruedas frenéticas y artificiales, a la sobre-estimulación ridícula, a las creencias que limitan lo humano. a la calma.

 a lo básico. NO a lo que rebosa. NO a la inercia.  a la elección.

 

a la felicidad desde lo sencillo, nada más que lo sencillo, donde sólo cabe el amor. El resto sobra.

 

 

Siempre eliges tú y siempre puedes volver a elegir.

 

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Las emociones y sus matices

La risa no implica siempre alegría, la tristeza desmedida puede desencadenar en depresión, si la rabia es continua nos puede generar problemas coronarios, el miedo nos protege, ¿siempre?…

Si las emociones están llenas de matices, ¿por qué no aprendemos a gestionarlas?

No siempre parecemos lo que somos, enmascaramos tanto de nuestra naturaleza que a veces nos ahogamos.

Y es que llorar es óptimo, regula nuestro organismo, ralentiza nuestro pensamiento y reduce el gasto de energía ante un suceso que no podemos controlar.

Y es que reír es necesario, además de involuntario y no se puede enmascarar fácilmente.

Y es que gracias a la ira adaptativa podemos emprender acciones efectivas.

Y es que cuando tenemos miedo funcional, sentimos una breve parálisis y pronto nos activamos hacia lo que valoramos más óptimo.

El equilibrio es preciso y lo cognitivo necesario. Sería inviable funcionar a base de emociones sin consciencia, sin pensamiento. Todo suma, todo aporta, todo regula. Todo nos hace. Mostrarnos cerebrales obviando el palpitar emocional tampoco nos va a llevar demasiado lejos, probablemente dejemos de prestar atención a nuestras necesidades y la neurosis nos rondará sin piedad.

Mostrar estos caminos, la significación de lo emocional en la vida, la trascendencia del proceso guía por naturaleza, es cada día más indispensable si queremos devolvernos la coherencia y la alineación.

La emoción nos da la pista. No podemos evitarla, sí aplastarla. Lo que se aplasta no desaparece, puede desviarse hacia otro lado, expandirse o reventar. Cada cual elige el camino. No es posible eliminarlo. Y queda. Y rebosa.

¿Gestionar o evitar? Sólo encuentro un camino: conocer las emociones, aprenderlas, afrontarlas, incorporarlas, sentirlas, expresarlas, gestionarlas. Lo demás, no me funciona.

Siempre eliges tú. 

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento, Gestion de conflictos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Espacio infantil: La magia de lo quieto

Recordad que la magia suele residir en lo quieto, en el silencio, en todo lo que aparentemente no deslumbra. La magia está donde estáis vosotros, no hay nada que inventar. Podéis subir a esa inmensa rueda frágil o quedaros en vosotros mismos construyendo vuestro mundo sólido en el que todos caben, si quieren. Todo cuanto queráis ya lo tenéis, no hace falta más. Y lo que venga, disfrutadlo, no lo desechéis, pero el apego atrapa y mañana parece que sólo eso es lo que importa ya. No es real.

Asombrarse a cada paso requiere no esperar lo siguiente, cada momento puede ser una inquietante y viva experiencia presente, la expectativa destruye la sorpresa y puede frustrar si no ocurre lo que deseáis. Sé que queréis bajaros, podéis hacerlo ya, sin demora, no dejéis que el estímulo constante os anestesie. Bajad y sentid lo que está pasando a vuestro alrededor, veréis que nada más es necesario. El resto es una manipulación de lo que creéis desear. Acumulación de cosas, nada más, montañas de necesidades creadas sólo para que no sepáis disfrutar sin ellas.

Nacisteis sin nada, ¿recordáis? ¿Tanto necesitáis para ser felices? Es una quimera, una colorida máscara sin fondo y sin envés, sólo muestra lo que desea que contempléis hipnotizados, detrás no hay nada más que un vacío punzante que se clava cada vez que perdemos de vista su aparente bello color. Y como un incesante bucle, buscamos más y más porque duele mucho cuando no hallamos y el dolor nos impulsa a seguir llenando el enorme hueco. Pero si el vacío no es más que un yo enorme, dejadlo estar ahí, sin miedo, es grande y lo colma todo, cuánto nos empeñamos en anularlo en favor de la nada. Y la nada crece tanto como deseéis llenarla.

No hay más que buscar, ya lo sois. Ya lo tenéis, ya estáis. Que nada ni nadie pretenda inventar felicidad vacía para vosotros.

Podéis elegir siempre y cada día volver a elegir.

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento, Espacio infantil | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Si mi filtro es azul, te veo azul y pienso que eres azul. ¿Lo eres?

Podemos comportarnos de forma inocua, sin intención de dañar pero como quien mire lo haga en un color determinado, nos convertimos en ese color y se acaban los matices.

Hay personas abocadas a una interpretación habitual de los hechos, presuponen las malas intenciones allí donde una mayoría no las adivinaría nunca. Quizás su filtro de interpretación está condicionado por una pesada mochila colmada de creencias limitantes que acotan la realidad severamente. De tales creencias derivan pensamientos, uno detrás de otro, justificando la fuente para no debilitarla, de manera que la creencia se hace más y más sólida. Ni hablar de cuestionar las premisas donde se sustentan, eso supondría aligerar la mochila, generar nuevos pensamientos y una nueva percepción de la realidad. Esto es algo que normalmente inquieta. Muchas veces preferimos la comodidad de lo conocido, aunque limite, en lugar de explorar nuevos matices que amplíen el foco de visión. Y quedamos sometidos a un sistema emocional incontrolable que hastía nuestros días.

No importa quién tengamos delante, el prisma será del color de nuestra mochila y la persona quedará atrapada en una pequeña gama. Da igual si se comporta rosa o verde, si el prisma es azul, la persona se transforma en azul sin posibilidad de escapar.

Si analizamos las creencias, aligeramos la carga. Ahora pesan porque la mayoría las hemos incorporado con todo lo que traen, que no es nuestro. Cuestionarlas es adecuarlas a nuestra realidad. La creencia, de la cual deriva un cúmulo de pensamientos, ¿te vale hoy? Igual no y podemos extraerla de nuestra carga. Y los pensamientos variarán inevitablemente, algo pasará, sin duda. Probar merece la pena. Menos peso, más variedad de filtros, percepciones ampliadas, nuevas formas de mirar, pensamientos de otros colores y adecuados a la realidad de nuestro presente y emociones más llevaderas.

Veamos un ejemplo sencillo de un filtro concreto:

“Mi trabajo no lo tiene en cuenta nadie”. Ya sabemos que el todo, nada, nunca, siempre no suele coincidir con la realidad y podemos revisarlo con facilidad. De la premisa limitante del ejemplo suceden pensamientos inevitables y el filtro se torna de un color oscuro que no deja ver colores en las personas de alrededor. La persona con esta creencia probablemente visualice a los demás como enemigos o como personas que desprecian su esfuerzo y los pensamientos hacia ellos no serán alentadores, independientemente de cuál sea su comportamiento real. Es bastante posible que esta persona no tenga emociones muy agradables mientras se encuentra en el entorno laboral. Cuestionar la creencia de la que parte todo, “mi trabajo no lo tiene en cuenta nadie” y adecuarla a lo real, “poca gente tiene en cuenta mi trabajo”, deja un atisbo de color, un resquicio que posibilita que visualice de forma diferente porque el filtro no es tan oscuro, deja paso a un hilo de luz y puede llegar a visualizar algún comportamiento menos despreciativo. Generará pensamientos más alentadores y puede que su estado emocional no sea constantemente desagradable.

¿Nos hemos parado a pensar cuántas creencias heredadas o adquiridas tenemos en nuestra mochila? ¿Son nuestras en su totalidad? ¿Podemos revisarlas y adecuarlas a la realidad del día de hoy? ¿Cambiamos o desechamos alguna?

¡Adelante! Merece la pena.

 

Publicado en Auto-conocimiento, Gestion de conflictos | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

¡Es una norma no escrita! Disculpe, ¿y eso qué significa?

Cuántas veces hemos decidido callarnos ante esta afirmación tan rotunda, sobre todo siendo pequeños. ¡Es una norma no escrita! ¿Es que no lo sabes? Y ante el bochorno de no entenderlo, callamos y agachamos al cabeza.

El otro día la situación fue la siguiente: Un campo pequeño de fútbol en un parque, compuesto por dos porterías en las cuales están jugando varios niños de forma independiente, unos en una portería y otros en la otra. De pronto, llega un grupo de niños ajenos y deciden que es hora de jugar un partido: “¿quién se apunta a un partido?” Todos deciden jugar ese partido menos los niños que ocupaban una de las porterías, que se mantienen en ella sin inmutarse. El resto de niños, comienzan a animarles para que ocupen otra parte del parque porque “ellos van a jugar el partido en el campo”. Pero estos niños no opinan lo mismo. Estaban antes y quieren quedarse ocupando una portería, como habían estado haciendo desde hacía un rato. Ante la escena, el padre de uno de los niños que esperaba para jugar el partido decide intervenir y “echar” a los chicos que estaban “molestando en el campo”: “Chicos, es una norma no escrita, el campo es para jugar partidos, marcharos”. Sorprendidos, uno de los muchachos pregunta: “Disculpe ¿Y eso qué significa?“. Ante las risas de todos, los chicos abandonan el campo rabiosos sin entender por qué tienen que marcharse si ellos ocupaban parte del campo desde hacía un rato. El campo está para jugar de forma libre. Si no hay instaurada una reserva de campo ¿quién decide cómo ha de usarse?

Y yo me pregunto, como ellos: ¿Qué es una norma no escrita y por qué ha de ser válida si no se consensúa en el grupo en el que se quiere aplicar? ¿Es que una norma que no es justa ni útil debe perdurar en el tiempo y en contextos en los que no cabe? Estos chicos se marchan de un campo de juego en el que hay dos porterías y espacio suficiente para que jueguen diferentes personas con las reglas que cada uno decida para su grupo de juego. ¿Por qué acatar lo que alguien decide lo que debe ser si no contempla las necesidades de todos los miembros afectados?

Disculpe, ¿qué es una norma no escrita? No me sale otra respuesta que esta: “Nada, absolutamente nada. Algo que alguien convino que era útil en un momento dado pero no tiene por qué serlo en este momento si todos no la consensuamos”.

Y así funcionamos día a día. Si la mayoría opina que la norma les conviene, entonces es útil (¿para todos?) y toca imponerla. Y si además es un adulto quien decide que la norma es la que debe operar, ya no hay discusión posible. ¡Cómo va un niño a cuestionar la sapiencia del adulto! ¡Será descarado! Esta mentalidad es la que circula en muchos contextos. Me resultó una escena triste y un ejemplo más de que hay personas que deciden qué vale y qué no vale, sin lugar discusión alguna. Ridiculizar a quien no entiende el origen de una norma es una buena forma de acallar el debate y la discusión y de acabar imponiendo una solución en un conflicto muy muy lejos del acuerdo que satisfaga a todas las partes.

Así mostramos a nuestros niños cómo son la cosas: imponer sin argumentos, gritar con autoridad y obviar las opiniones en juego. Pero eso sí, luego les exigimos diálogo, escucha y respeto.

Incongruencia de primero, absurdo de segundo y de postre… estoy empachada, hoy no quiero postre.

Publicado en Aprender educando, Gestion de conflictos, Mediación | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario