¿Les respetamos?

Qué tentación la de todo padre o madre decirle al niño cóme debe comportarse, cómo debe actuar, qué debe decir y cuáles son los gustos que debe tener….

Qué tentación la de todo padre o madre ocultar los “defectos” (eso nos creemos) de nuestros hijos ante los demás, qué van a pensar de mí si se comporta así, qué dirán, no puedo permtir que mi imagen personal se desvirtúe por sus respuestas e impertinencias, pensarán que le maleduco…

¿Les respetamos de verdad? ¿Dónde está el límite entre su verdad y la nuestra? ¿Cuál es la que vale?

La espontaneidad que ellos traen bajo el brazo es admirable y en cambio nos cuesta reconocerla, la reprochamos y si podemos, la reprimimos. ¿Podemos de dejarles espacio? ¿Cuánta imagen personal perderemos? Este es un problema ajeno a ellos que, si queremos resolvemos o no, pero dejémosles su espacio.

Debes compartir…

Tienes que callar…

No preguntes a los mayores…

No te subas ahí…

Sal fuera un rato…

No toques el jarrón que viene la señora y te riñe…

¿Qué haces aquí sentado? Ve con los demás niños, tienes que relacionarte, si no te quedarás solo…

¡Un momento! ¿cuál es nuestra carencia para no respetarles de ese modo? ¿Cual es nuestra necesidad?

Probablemente aquello que detestamos en un momento de nuestros hijos es lo que no logramos reconocer en nosotros mismos; o probablemente queremos defender a toda costa una imagen frente a terceros por propia inseguridad ya que actuamos en función a demasiadas normas externas que no hemos cuestionado todavía. Y más probablemente aún, ambas cosas están ocurriendo a la vez.

Ellos tienen su vida, la nuestra es paralela, seamos su apoyo, no su única dirección, dejemos que se equivoquen y, sobre todo, que se forjen tal y como sienten, ellos se atreven de forma innata, no les cortemos las alas y, de paso, ¿por qué no aprendemos observándoles?

Igual si probamos, relajamos un poco y descubrimos lo que estamos necesitando y no satisfacemos, eso es cosa nuestra, ellos tienen lo suyo, ¿para qué cargarles con más?

Al decidir aprender y resolver lo nuestro, lo logremos o no, descargamos de sus hombros guerras que no les pertenecen y allanamos un camino que ellos se encargarán de complicar, o no.

Al juzgarles nos devuelven nuestra imagen. Podemos aprovechar la enseñanza y podemos no hacerlo, la decisión está servida.

Espejo , espejito mágico…

El respeto se enseña mostrando respeto. ¿Sabes lo capaz que eres de lograrlo? Ni te lo imaginas…

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