Comunicación en pareja: ¿Es su culpa?

Antes de comunicarnos, solemos caer en determinados estereotipos muy comunes, como son el juicio, la presunción, la suposición, la expectativa sobre el otro… Por tanto, cuando llegamos a articular palabra, ya estamos irremediablemente sometidos por un sinfín de hábitos adquiridos.

¿Seguro que es culpa suya?

Antes de actuar, pensemos:

1.- Observa con detenimiento qué estás culpando de esa persona (ej. “es que no eres incondicional conmigo”).

2.- Vamos a objetivizarlo: trata el hecho de la manera más aséptica posible, sin juicios, sin valores, sin opiniones, sin adjetivos, detalla el hecho que realmente estás culpando. Probablemente sea complicado que siga alterándote porque te darás cuenta de que el 80% del hecho es puramente subjetivo, sin fundamentos reales. En nuestro ejemplo: la incondicionalidad es un adjetivo y como tal tiene connotaciones muy personales que casi con seguridad no coinciden con las del otro; si transformamos el hecho del ejemplo en un hecho objetivo, es necesario que relatemos ese momento concreto que nos viene a la memoria y nos altera (Ej. “no eres incondicional porque no estás ahí cuando lo necesito”). Si desmenuzamos esta afirmación, nos damos cuenta de que volvemos a caer en hábitos poco prácticos, no estás “ahí” (¿dónde?) “cuando lo necesito” (¿cuándo concretamente?).  La ira o la tristeza se refiere a un hecho concreto, no lo olvides. Sigue buscando, sin juicios, sin subjetividades…

3.- ¿Lo tienes? (Ej. “no estuviste en el hospital conmigo cuando me operaron”). ¡Bravo! Ahora ya nos referimos a un hecho real, concretizado en el tiempo y completamente objetivo. Y ahora ¿crees que ese mismo hecho que tanto te ha afectado le molestaría a todas las personas de este mundo, o te habría molestado en cualquier otro momento de tu vida? ¿Puedes llegar a comprender los motivos de la otra persona para actuar de tal modo? Recuerda que, como tú, todos actuamos con nuestra vida a las espaldas. Algo llevas en tu mochila (experiencia, reprimenda, norma de lo que debe ser…) que es susceptible del estímulo y te ha hecho estallar. Esto es, la persona que tienes en frente no es más que un estimulador de algo interno.

4.- Vamos a ver qué puede ser: prueba con esta fórmula: me siento……… (ej. rabioso) por el hecho……… (ej. de que no estuvieras conmigo en el hospital cuando me operaron).

5.- Ya tenemos identificado el sentimiento y objetivado el hecho, nos vamos conectando. Ahora lo más importante, a mi juicio: identificar la necesidad no cubierta: “me siento rabioso por el hecho de que no estuvieras conmigo en el hospital cuando me operaron porque necesito …… ¿seguridad? ¿cariño? ¿amor? ¿afecto?

6.- Conocida la necesidad que no satisfago YO, dejemos al otro liberado de toda culpa. Él ya tiene bastante con sus necesidades no satisfechas.

A ver si te ayudan estas opciones:

   . La primera es satisfacer nuestra necesidad en la medida de lo posible, trabajar nuestra seguridad, templanza, auto-estima, la que sea precisa en ese momento y actuar de forma coherente con lo que necesitamos (ej. preguntarme qué temo de estar solo en un hospital, por qué me siento inseguro, qué necesito para cubrir mi inseguridad,para qué necesito yo a esta persona conmigo, para qué no me enfrento a este evento solo). Y actuar consecuentemente con ello. Si caigo en la incoherencia con mi necesidad, tiendo a culpar, por que no me hago responsable de lo que necesito.

   . Pedir al otro (no exigir) lo que necesitamos, no dar por hecho que lo tiene que saber, si nos cuesta un mundo a nosotros mismos conocer la necesidad raíz que me provocó tanta alteración, y que echamos fuera (culpamos) lo que no vemos dentro, no podemos pretender que el otro cubra nuestras expectativas ni conozca nuestras carencias. Pedir implica aceptar un “no” como posibilidad. Exigir significa que pedimos pretendiendo un resultado final, esto es, un “sí”.

Pequeños pasos, con voluntad y esfuerzo, que nos acercan  nosotros mismos. Conectados con nuestra raíz, es muy sencillo percibir y sentir la raíz de los demás.

Cuando te veas culpando al otro, reflexiona sobre ti, has dado algún paso incoherente que te aleja de tu necesidad.

Revisar cuidadosamente los pasos seguidos y volver a empezar.

Si ves que te cuesta, no dudes en pedir ayuda, merece la pena actuar a tiempo y aprender a respetar nuestro interior. Sólo respetándote puedes respetar.

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