¿Exigir o pedir?

Como siempre, un ejemplo cotidiano:

Imaginemos que estoy desanimada y me gustaría contar con la presencia de otra persona para que contribuya a mejorar mi estado. Esta persona, a su vez, quiere marcharse a dar un paseo porque necesita desestresarse. Mi reacción es la siguente:

“Te vas, ¿no? ¿es que no podrías ser más atento?”

Partimos de algunas bases:

1.- Mis necesidades son las de cualquier otro ser humano, lo que difiere es la estrategia que empleo para satisfacerlas.

2.- Sólo yo puedo satisfacer mi necesidad. Si para ello necesito que el otro contribuya, entra en juego la petición.

3.- Necesidad y petición son cosas diferentes.

En nuestro ejemplo: mi sentimiento es de tristeza porque necesito animarme. La estrategia que uso (encontrar la manera de mejorar mi estado de ánimo) viene determinada, una vez más, por nuestra experiencia, educación, recuerdos, cultura… Y en este caso, yo quiero compañia de una persona conreta porque considero que así puedo mejorar mi ánimo (recuerdo que en otra ocasión me hizo reir). Podría haber optado por darme un paseo por el río, leer un libro o ver una película que me motive. En cambio, decido que mi estrategia para resolver la situación implique al otro.

Para pedir es esencial saber bien cuál es la necesidad que causa mi sentimiento y qué necesito del otro para que contribuya. Ser honesta facilita conocer los motivos reales de mi petición.

No olvidemos tampoco que el otro también siente y necesita.

Sigamos con el ejemplo: Si no conecto con mi sentimiento y mi carencia, tiendo a culpar al otro por no tener en cuenta lo mío. Yo no soy coherente con mi estado e inmediatamente busco responsabilidad fuera de mí (“es él el que no es atento conmigo y se marcha a pesar de mi desánimo“). Exijo que no se vaya a través del chantaje emocional, no tengo en cuenta su necesidad ni soy sincera en mi petición.

¿Qué puedo hacer?

Conectarme conmigo misma, responsabilizarme de lo que siento y lo que necesito, ser honesta y tener claro cómo puede esta persona contribuir conmigo porque he elegido implicarle. Con este gesto, la petición se dulcifica porque viene desde un lugar más profundo y sincero.

A la hora de formular la petición podemos tener en cuenta algunos matices:

– Petición concreta, objetiva, realizable en el momento.

– Utilizar verbos que impliquen acción (“ser más atento” refiere a una manera de ser y no a una acción concreta que pueda realizar).

– Lenguaje positivo: qué quiero ( y no qué no quiero).

– Sabiendo qué quiero, exponer mis razones para ayudarle a entender mi momento, evitando así, todo tipo de castigo o recompensa material o emocional (hacerle sentir culpable, por ejemplo).

Siguiendo estas pautas transformamos la petición del ejemplo:

“Me siento triste porque estoy desanimada, ¿puedes quedarte esta tarde conmigo en casa?”

Conectamos, hablamos de sentimientos y necesidades, concretamos en positivo una petición realizable y esperamos respuesta teniendo en cuenta que él también puede tener necesidades prioritarias que le impidan realizar la petición. Al conocer mi necesidad, valora la suya y puede decidir cuál prima en ese momento para él.

¿Queremos saber si estamos pidiendo o exigiendo?

Observa tu reacción si no hace lo que pedimos. ¿Te enfadas o le entiendes?

Practicando puedes lograr efectos increíbles, conoces tu mundo interno y mejoras relaciones.

Y si ves que necesitas ayuda, pídela (no la exijas), los resultados merecen la pena.

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