¿Qué nos pasa con la escucha?

Empatía y escucha activa, por favor…

Pues no es fácil si no tenemos clara nuestra postura en una situación concreta. Empatía (capacidad) no es simpatía (emoción), requiere comprensión del estado de ánimo del otro. La comprensión no es compasión ni justificación. Comprender es entender el origen del comportamiento de otra persona.

¿Qué ocurre cuando escuchamos sin intención de comprender? La comunicación se hace complicada, cerramos nuestra mente a posibilidades sin explorar, nos ceñimos al problema olvidando vías de sMono-escucharolución, centramos la atención en la estrategia o deseo que quiero lograr obviando necesidades raíces en juego.

Tengo la oportunidad de tratar con colectivos muy diferentes entre sí (padres, profesores, personas desprotegidas, niños, adolescentes, directivos, publicistas…) y me encuentro con la misma demanda una y otra vez: no nos escuchamos.

¿Realmente podemos escuchar, empatizar y comprender al otro sin escucharnos, empatizar ni comprendernos a nosotros mismos? En mi opinión, no.

Y la raíz de la falta de escucha activa la veo cada vez más en un sentimiento de miedo ante amenazas externas que puedan desbaratar mi argumento y, en consecuencia, eche abajo mi integridad personal. ¿En qué momento de nuestra vida hemos asimilado que una postura me defina como persona? No lo sé pero ahí está.

Y el argumento, ¿lo hemos analizado, cuestionado y desnudado lo suficiente como para hacerlo mío de verdad y no necesitar defenderlo a capa y espada? En mi opinión la agresividad verbal a la hora de defender posturas y la ausencia de escucha se basa en una cuestión de inseguridad personal. Algo que no nos creemos demasiado hemos de defenderlo con esfuerzo extra, para que nadie nos pise, para que no se atisbe lo más mínimo los cimientos de viento donde me sustento.

No es tarde para aceptar que soy un cúmulo de contradicciones, dudas e incoherencias. Una vez definido qué soy, puedo aventurarme a imaginar qué quiero potenciar de mí. Primero necesito iniciar un proceso de auto-conocimiento para pretender “conocer” y comprender a quien tengo delante sin acabar proyectando mis defectos en él. Una vez que me escuche y conozca, sabré sin lugar a dudas mi postura y no será necesario defenderla, tan solo exponerla, desde este prisma, ya estoy en disposición de escuchar, ya no siento la amenaza externa, me relajo, mi mente se centra en comprender su argumento y ahora sí podemos llegar al entendimiento que quiero. ¿Vías de solución? Ahora las veo.

Aprender cómo redescubrirse de manera natural. ¿Quieres?

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