El calzador de “lo que toca”, ¿me estaré haciendo pequeña?

Aquí me encuentro, escribiendo como antaño, sin conexión, sólo con una hoja en blanco, como debe ser. Otro día lo colgaré.

Y es que estar conectados al mundo en que vivimos es complicado, no logro entenderlo, por más que quiera y, en cambio, debo hacerlo, o quiero, o ambas cosas, pero ahora disfruto de la no-conexión, del espacio en blanco, de la soledad y el susurro de la noche a mi espalda.

Una Noche Buena  extraña, mucho, cada día comprendo menos los estereotipos. Sé que es algo más, o debe serlo, yo cada día me encuentro más lejana. Y es que no entiendo nada, ni encuentro otro sentido alrededor más que la esencia misma de la vida y de las personas. Es grandioso contemplar sin mirar, sentir la presencia de cada partícula que me rodea y a la vez no comprendo su forma física.  Siento el rayo de cada palpitar y a veces me río del drama que inventamos porque no dejo de sorprenderme del nivel de sufrimiento al que nos sometemos sin piedad.

Si lo que ahora toca sonrisaes “noche de ilusión”, luego “final de otro año” (o ¿principio?), luego más “noche de ilusión” y todo esto nos hace sufrir cuando la vida va cambiando cada año, ¿Por qué empeñarnos en darle tanto sentido?  ¿Nos gusta el drama y nos quedamos atrapados en él?  Quizás nos asusta despegarnos, da miedo saltar al otro lado, ¿y si me vuelvo insensible? ¿Y si pierdo la ilusión? ¿Y si….? Y entonces nos quedamos sentados viendo cómo cada cambio en el día a día nos entristece, o no nos convence, o no logramos encajarlo en nuestro puzle perfecto que creamos aquél día en el que todo era como creímos que debía ser.

Siento cómo hay momentos en los que trasciendo de ello y a la vez me veo extraña por dejarlo atrás. ¿Me estaré haciendo mayor? ¿O pequeña? ¿En serio que los niños viven las cosas desde el drama, el apego, desde lo absurdo? ¿O nacemos sin comprender la realidad y nos asombramos de cómo los mayores otorgamos un sentido con el calzador de “lo que toca”? Sí, a veces creo que me estoy haciendo pequeña.

Viajando hoy por lo absolutamente impensable, sin los dos elementos más preciados de mi vida, aquí estoy sintiéndolo y a la vez lejos del sentimiento, complicado de explicar. Decido en cada momento si buceo en el dolor o si permanezco quieta, en la superficie, observando cómo transcurren los minutos. Me doy cuenta de que soy yo la que creo, la que elijo, la que invento lo que quiero que sea y me encuentro en calma. Así debe ser para mí y así es. Sin comprenderlo a su vez, sólo en calma.

Así que sólo me cabe desear Feliz Navidad a todo el que lea, cuando lea, es igual, porque para mí este sentimiento es diario, no hay más, ni menos, el resto es invención.

Yo invento esto, en este momento, dentro de un rato elegiré lo que necesite, o lo que crea que no necesite y en cambio siempre será lo que decida experimentar. Así que decida lo que decida, será lo que quiero en cada instante.

Así dejo escrito este espacio en blanco con palabras inconexas que brotan con cierto descaro, sin miramientos, atrevidas, libres, encendidas, escogidas por qué se yo. Para mí con su sentido, y a la vez sin comprenderlas del todo.

Consciente de mi capacidad de elección, ahora sonrío con plenitud.

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