Evitar el conflicto… ¿funciona?

Antes de pararme a pensar con qué me quedaba de lo que he ido escuchando en mi vida y qué dejaba a un lado, frases como estas les decía a mis hijos cuando me hablaban del conflicto que acababan de tener: “no hagas caso”, “ve a jugar con otros niños”,  “díselo a la profe”… Y es que no me daba cuenta de que eran frases adquiridas, no las elaboraba yo y por eso me quedaba con una sensación extraña en mi interior.  Algo no estaba haciendo de la manera que yo quería.

anular

El sentimiento me da la pista de si actúo correctamente o no, de acuerdo con mi escala de valores. Hasta hace relativamente poco, no escuchaba mi emoción, la oía pero nada más… un retintín tras otro se iba acumulando hasta estallar en pedazos. Cuando  comencé a escucharme con atención, las cosas mejoraron, aún me queda muchísimo por aprender pero voy encontrando indicios de por dónde y cómo.

Indagando en el apasionante mundo del comportamiento humano ante el conflicto, me di cuenta de que yo, día a día, evitaba la confrontación. Escuchaba mensajes como “no hagas caso” y los aplicaba a pies juntillas sin saber bien cómo no darle importancia a aquello que me importaba, cómo anular la emoción de enfado o tristeza que me producía la discordia. Me fui acostumbrando a esconder lo que sentía y a alejarme del enfrentamiento, dejé de defender mi postura “por no discutir”. A corto plazo puede parecer que damos fin al conflicto de manera pacífica… sí, sí que es pacífico, pero no para mí, atento contra mis creencias, argumentos, razonamientos, necesidades y emociones… No compensa.

Con el paso del tiempo comprendí que así no resolvía el conflicto, simplemente huía, lo evitaba o, incluso, dejaba en manos de un tercero la resolución del problema: el mayor (madre, padre, profesor…) porque “tiene mejor criterio que yo”. Pero resulta que nadie, pero nadie eexitn el mundo puede tener un mejor criterio en mi conflicto que yo y que la otra persona inmersa en él. Cualquiera puede definir lo que ocurre pero sólo nosotros podemos escuchar nuestro sentimiento emergente y sólo nosotros podemos valorar qué necesidad quiero defender en este momento.

Y comencé a practicar, sigo haciéndolo y espero no dejar de hacerlo en el futuro porque me compensa y he dejado de estallar, al menos por este motivo. Poco a poco.

Hace ya tiempo que no le digo a nadie frases como las anteriores, tampoco trato de imaginar por ellos la solución de su problema, lo único que intento es que sean sinceros con sus emociones y descubran su necesidad, el diálogo y la comprensión hacen maravillas en la propuesta de las soluciones posibles.

Huir y evitar la confrontación puede resultar útil en ocasiones, depende del objetivo y la persona con la que pueda tener el problema, a veces conviene proteger otras necesidades más prioritarias,  pero no creo que sea la forma sana habitual de afrontar las situaciones.

Quería escribir sobre este tema para invitar al lector a reflexionar sobre su actitud ante el conflicto, huida, ataque o diálogo. Para qué utilizar una u otra actitud, qué objetivo tienes, resolver o finalizar el asunto y tomar una decisión adecuada a lo que buscas.

Sinceridad, honestidad, conciencia y acción. Tú sigues decidiendo.

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