La norma, ¿sólo útil socialmente?

Quería escribir sobre algo que parece obvio pero a mí me ha resultado interesante descubrirlo poco a poco.

Contaré primero un caso y luego reflexiono con vosotros:

“Su hijo no obedece las normas. Me canso de pedirle que no se salga de la fila para ir a su clase y no hay manera, se revuelve mucho y provoca desorden”.

Hablando con el pequeño en cuestión le pregunté si sabía para qué tenía que ir en fila a la clase y su respuesta fue: “no, no sé por qué tenemos que ir todos en fila, es aburrido, el de delante no me deja ver, me tropiezo a menudo y el de atrás me empuja”. Le invité a reflexionar cómo organizaría él a quinientos niños en un colegio para que entraran en las clases. Colocamos varios muñequitos en el suelo y fuimos pensando juntos. Él mismo me reconoció que sería un lío y no veía la forma de evitar que se chocaran. Hablamos de que cada clase entrara en un horario diferente pero cayó en la cuenta de que se pasarían mucho tiempo entrando a las clases, un grupo detrás de otro. Pensando fórmulas, acabó diseñando un sistema de filas cortas, más ligeras, que evitaría tantos empujones. Unas cuatro filas por clase, no más de cinco niños por fila. Me pareció interesante.  EL caso es que él solo, sin mucho esfuerzo, acabó reconociendo la necesidad de la fila para establecer una organización lógica y productiva y entrar en clase evitando chocar con otros niños. Sugirió, eso sí, ir delante o atrás del todo para no sufrir la falta de visibilidad o empujones. Cuatro filas permitiría la posibilidad de que ocho niños que sintieran lo mismo que él fueran delante y detrás, encontrando más beneficiosa la opción de la fila.fila

Ya tenía un sentido práctico para él ir en fila, sencillamente comprendió la utilidad de la norma en el sistema, la integró en su pequeño raciocinio y encontró el beneficio personal que le motivaba a seguir la norma tal y como marcaba el centro educativo. No volvió a salirse de la fila y, casi habitualmente, esperaba a que todos se colocaran para ir el último.

Comprendo la inquietud de la maestra porque necesita establecer el orden en su clase y no es fácil hacerlo con veinte niños a la vez. Comprendo la necesidad de la norma de ordenar el comportamiento grupal. Comprendo la incomodidad del niño que tropieza o es empujado y no encuentra ninguna motivación a seguir una norma que le produce inconvenientes y no beneficios.

Las normas son variables, en el tiempo y en culturas, es indudable, en muchas ocasiones dejan de tener sentido porque las estructuras sociales cambian, otras veces se mantienen porque produce beneficios constantes en el grupo y, en cambio, pueden ser innecesarias en lugares diferentes, no ser útiles sencillamente.

En mi opinión, una norma, para ser efectiva, necesita un reconocimiento social, pero no sólo eso, la integración individual de la norma es esencial para que se mantenga en el tiempo, si se ha de mantener. Esta integración pasa por encontrar algo provechoso individualmente a la hora de cumplirla. La flexibilidad también es importante para adaptarla a los cambios en las estructuras. ¿Por qué no puede ser correcta la fórmula de cuatro filas por clase, más cortas y sencillas que eviten los perjuicios que este niño descubre? Si regula el orden de la clase y además produce un beneficio individual mayor a los pequeños, ¿podría adaptarse la norma y modificarse en tal medida? No veo razón para no hacerlo. ¿Es que un niño no puede cambiar una costumbre si su argumento se comprueba útil para el resto de sus compañeros? Yo creo que sí. Y si resulta que el pequeño es el único que siente que una fila larga le perjudica, quizás no sea necesario modificar la norma pero sí adaptarse a la sugerencia de colocarse el primero o el último de la fila, de este modo, no le costará trabajo cumplir algo que resulta beneficioso para el resto de su clase y de la comunidad educativa. Adaptarnos a los cambios implica bajar nuestro listón y aceptar que cualquier persona, niño, adulto, adolescente, anciano, es capaz de crear soluciones diferentes que pueden ser útiles y prácticas.

Con esta reflexión me quedo y afianza mi opinión de que la norma necesita ser útil individualmente para lograr un reconocimiento social.

Olvidé comentar que el niño que me ayudó a afianzarme en esta postura tenía tan solo 4 años. Creativo, ¿verdad? Escucharles es un lujo.

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5 respuestas a La norma, ¿sólo útil socialmente?

  1. Mirna Morales dijo:

    Muy muy bueno, interesante, aprehendi bastante para ponerlo en practica, Gracias
    El Salvador

    • palomamgf dijo:

      Muchas gracias por tus palabras. Si te apetece compartir tu puesta en práctica en algún momento, me encantará conocerla, el aprendizaje será mutuo. Un saludo!!

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