Ni bien ni mal sino todo lo contrario.

Es cuestión de perspectiva.

Desde que somos bien pequeños ya lo captamos en los dibujos y películas de superhéroes. “Los buenos, los malos, ¿dónde me coloco? Ah, vale, donde los buenos, que hacen cosas buenas y la gente les aprecia. Ah, y además matan a los malos… claro, son malos….”

Y con esto me qMini heroesuedo, el resto de los mensajes del mundo van por caminos similares, no hay lugar a duda. Voy a hacer el bien, no quiero ser del otro lado.

Luego, más adelante, nos vemos en situaciones en las que el odio, el juicio, la incomprensión, la avaricia, la envidia, se apodera de nosotros y algo en mí dice que calle todo esto, que no es bueno, que es malo. Otra vez esta dualidad. Y vuelvo a afirmarme a mí mismo: siento y pienso cosas malas, igual soy malo. Voy a ocultarlo porque quiero ser bueno. “Bueno” es el que hace “bien” a los demás… pero un momento, si lo que hace bien a los demás no es igual en todos los lugares y épocas, aquí falla algo, ¿no? Bueno, no importa, es lo que agrada a los que me quieren. Compartiré mis cosas antes de disfrutarlas yo, obedeceré respetuosamente y no cuestionaré el mandato aunque contradiga lo que necesito, callaré ante un gesto severo, escucharé atentamente las recomendaciones ajenas y haré aquello que esperan de mí, lo contrario podría ser considerado como malo. “Malo” es aquello que hace mal a los demás. También varía en lugares y épocas y no agrada a los que me quieren. Así que no seré envidioso, ni avaricioso, ni egoísta, debo tener buenos sentimientos.

Empiezo a desconectarme de mis necesidades porque hago caso omiso a mis sentimientos. Un día me levanto tan lejos de mí que ya nos sé por dónde caminar y la frustración se queda más tiempo del que quisiera.

Bueno, malo, bien, mal… Para mí es cuestión de perspectiva. En mi opinión, todo el mundo respondemos a necesidades muy parecidas, solo que elegimos estrategias diferentes para atenderlas. Si tuviéramos en nuestra mano todas las herramientas posibles, no elegirímaloamos dañar a otro para satisfacer nuestra necesidad porque parto de la base de que no somos malos por naturaleza, aunque sí podemos elegir un camino dañino.

“La violencia es la expresión trágica de necesidades no satisfechas”. M. Rosenberg.

Cuando uno se llega a desconectar de sus necesidades, es peligroso porque ni siquiera será consciente de para qué hace lo que hace, olvida la necesidad raíz que le lleva a cometer uno u otro acto. Responderá a su patrón inconsciente sin más. Hazlo consciente, date cuenta de qué es lo que estás persiguiendo y elige otra vía si puedes o sabes. Si no, siempre puedes pedir ayuda y orientación. El castigo satisface a quien ha sufrido el daño o a la misma comunidad pero no llega a reparar, no ofrece una orientación para que sea la persona misma la que descubra lo que necesita descubrir y actuar de forma diferente.

Cuando una persona tiene su etiqueta de “malo” ya se siente justificado en su actuar, no hay remedio, “hago lo que hago porque soy así / algo me conduce a ello”. Uno se rinde y no reflexiona más. Esto también es peligroso. Es posible que un niño de crédito a sus sentimientos porque prefiere atender a sus necesidades aunque no reciba comprensión o los castigos sean los protagonistas en su vida. Se le hace creer que se porta mal, que su comportamiento no es adecuado, que sus necesidades son malas y sus sentimiento son erróneos pero él sabe que son los que son y no puede evitarlos. Nadie le orienta sobre cómo satisfacer sus necesidades, sólo le indican que es mejor reprimir, la incomprensión le produce rabia y la rabia le lleva a elegir vías dañinas. Es malo y se comporta mal, no puede ser de otro modo.

Los que integramos la comunidad tenemos nuestra responsabilidad en todo esto. Poner a disposición de todo el que podamos las herramientas necesarias para conocer lo que necesitamos y buscar vías de satisfacción es básico, corresponde a una educación, libre y reflexiva. Quienes descubramos tan solo una herramienta que nos ha servido de algo en nuestro camino podemos enseñarla para que cada día seamos más los que conozcamos formas de llegar a nuestro propósito.

Hasta ahora no había escrito sobre la necesidad  de una justicia restaurativa, justicia de reconciliación y trabajo profundo con el agresor, eliminar etiquetas, ahondar en la humanidad de todo ser, devolver la comprensión que no ofrecimos a aquel que ahora se comporta de manera dañina.

Lo bueno es beneficioso para mí, legitimo mis necesidades y de este modo estaré en condiciones de aportar bienestar sincero a los demás, es lo natural.

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