Cuando no decimos exactamente lo que queremos decir, ¿qué ocurre?

En la práctica diaria de mediación y formación, me doy cuenta de cuántas veces generamos conflictos por decir aquello que no queríamos decir y no decir exactamente lo que pretendíamos decir. Con la ilusión de que los artículos que escribo sean prácticos para aquellos que los leen, os propongo un ejercicio que suelo utilizar en los talleres de gestión del conflicto que realizo.

Vamos a intentar comunicar de una manera diferente, si podéis hacer este ejercicio en parejas, mejor, si no es posible, con vosotros mismos: pensad en una comida que os disguste especialmente, ¿la tienes? Bien, ahora trata de comunicarle a tu pareja que esa comida no te gusta nada. Fácil, ¿no? ¡Uy! Se me olvidaba lo más importante: cuando comuniques no puedes decir las siguientes palabras ni sus derivados: “gustar”, “disgustar”, “no”, “agradar”, “desagradar”, “malo/a”, “asco” y tampoco puedes decir la comida en cuestión, o sea que tendrás que explicarla como sepas.

Te dejo unos minutos, tómate el tiempo que necesites……

Bien, ahora me gustaría que reflexionaras un poco. ¿Cómo te has encontrado hablando? ¿Con qué ritmo y tono? ¿Elegiste palabras que no sueles usar habitualmente? ¿Te has fijado en tu expresión corporal? ¿Gesticulas más? ¿Hacia dónde va tu mirada?

Bueno, es horlistasorteoa de trasladar esto a las relaciones con los demás. ¿Detectas exactamente qué palabras o actitudes sueles emplear en una situación conflictiva de las que luego te arrepientes? ¿Sabes qué es lo que te desnivela y te aboca a perder el control de lo que quieres decir exactamente? Te invito a pensarlo durante un rato. Cuando lo tengas claro, escríbelo en una lista.

Esas serán tus “palabras prohibidas”. Ahora cuando te encuentres en el conflicto ya sabes qué es lo que puedes hacer para comunicar aquello que quieres decir y no otra cosa.

Detente, reflexiona qué palabras no quieres decir, que actitudes quieres emplear, calma el ritmo, recupera el tono deseado, rebusca en tu mente y hasta que no encuentres las palabras adecuadas, mejor no hablar. También sabes que puedes emplear más o menos gestos a la hora de hacerte entender. Aunque nos sintamos lentos y ralenticemos el momento, merece la pena porque el objetivo es decir aquello que quiero decir para llegar a donde quiero llegar.

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Es importante que no nos olvidemos de que la elección de nuestras palabras necesita tener en cuenta a quién las dirigimos, adecuarnos al oyente, esto es necesario si queremos que nuestro mensaje llegue tal y como queremos.

El ejercicio te da pistas para saber cómo hacer en la práctica de la gestión de tu conflicto. Prueba las veces que quieras y practica, se trata de un hábito. Comprueba tus resultados y si son satisfactorios, adelante, continúa.

Ah, y si decides utilizar la palabra o actitud prohibida, que sea porque tú lo quieres así, no siempre estás en disposición de solucionar situaciones ni siempre es tu deseo, no lo obviemos. Lo importante es recuperar las riendas del manejo de tus herramientas y actuar conscientemente hacia el objetivo deseado.

No es preciso tener en cuenta desde ya todas las palabras y actitudes prohibidas, podemos comenzar probando con una lista pequeña y la vas ampliando poco a poco.

Deseo que tus resultados sean satisfactorios de verdad.

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