Enfoque restaurativo, esencial en nuestra labor educativa

Hace unos días escuché una conversación que me hizo reflexionar. Me di cuenta de lo complicado que es que la sociedad comprenda las implicaciones y beneficios del enfoque restaurativo en nuestros procesos penales porque estamos muy deshabituados a ello. “Sin castigo no hay enmienda del daño”, esta afirmación lleva con nosotros desde que  comenzamos a educar. Pero hay muestras de lo contrario en ciertas sociedades y culturas y esto me sigue esperanzando, creo que sí es posible llegar a integrar el enfoque de forma natural, coherente, con convencimiento, sin imposiciones y en consonancia con la conciencia individual y colectiva.

La conversación fue la siguiente: “Mamá, ¿puedo rayar el cristal del autobús con la piedra? / No, hija, no. / ¿Por qué? / Porque el señor nos riñe”.

Y el tema quedó zanjado.

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Creo que casi todpiedraos hemos usado “al señor” para evitar que nuestro hijo haga algo incómodo. Con una explicación así, sabemos que callan casi de inmediato, supongo que imaginarán por unos momentos “al señor” enorme, vestido de negro y con las cejas muy, muy juntas mirándoles con reproche, su dedo inquisidor levantado advirtiéndoles con su gesto de que es mejor que no lo hagan.

Es cierto que funciona, claro que sí, nos ahorra tiempo y explicaciones pero su conducta queda extinguida por una amenaza, una riña, una regañina y probablemente el niño no sepa el daño que puede producir su acto. Casi puedo asegurar que intuye que su intención no iba a ser del todo aprobada o que alguna consecuencia dañina iba a traer, ya que pide permiso por algún motivo. Ahora bien, no le dejamos nada claro qué consecuencias tendría su acción, rayar el cristal con una piedra. Pensemos qué puede implicar esto a largo plazo.

¿Y revertirle su pregunta con otras preguntas?:

¿Qué crees que pasa si rayas el cristal de la ventana del autobús con la piedra? ¿Te gustaría como quedaría el cristal? ¿Por qué? ¿Piensas que puedes causarle un daño a alguien? Pequeñas reflexiones para que conozcan consecuencias razonadas desde ellos mismos, sin castigos amenazantes, sin recompensas, simple entendimiento. Y, por qué no, nuestra opinión puede ayudar a esclarecer su reflexión, pero sin tratar de anularla o sustituirla autoritariamente.

Pronto se hacen cargo de su intención y, comprendido el daño previsto, cesa su empeño.

Probablementexperimentoe estaréis pensando que no, no cesa siempre. Estoy de acuerdo también. Muchas veces su curiosidad puede más y necesitan experimentar cómo suena la piedra contra el cristal, si será fácil rayarlo o costará demasiado, o se mueren de ganas de “pintar” una cara en la ventana y ha de ser con la piedra. El impulso es enorme y acaban materializando aquello que hace un minuto habían razonado como un acto reprochable. Todo ello es fruto de una necesidad común a todos, vivir experiencias propias, curiosear bajo la fórmula de “qué pasaría si…”, por otra parte comprensible.

En este caso, mi opinión es restaurativa. Conocido el daño, que además pudo preverlo hace escasos segundos, comprendido el perjuicio, es necesario que le pongamos cara al perjudicado. El cristal en sí no sufre, pero sí el responsable de mantener el autobús íntegro. Que quien realice el acto pueda comprobar el efecto de su impulso en los demás es realmente reparador; si conoce la emoción que provoca, sí puede hacerse cargo de las consecuencias. La emoción la conoce, sabe cuál es, tristeza o enfado, quien produce el daño sabe de qué hablamos, es un lenguaje universal, puede imaginarse el sentimiento ajeno, provocamos la empatía. Y, por último, creo preciso que quien realiza un acto perjudicial para otro tenga la oportunidad de repararlo, esto es, pueda realizar un gesto para minimizar los efectos, no tanto de lo roto, estropeado, destruido, si no de la persona perjudicada. “Debería pagar el cristal dañado”, pensaremos la mayoría. Pero, ¿y si un simple abrazo sincero de la niña le vale para restaurar su emoción por el daño recibido? Si el conductor del autobús percibe el arrepentimiento y no necesita más, ¿por qué nuestro empeño en universalizar una reparación determinada si no es acorde al perjudicado? Quizás sea preciso otro gesto, sólo lo sabe quien sufre el daño, cada persona que intervenga en el proceso puede decidir qué necesita para sentirse reparado.

abrazo

Creo preciso que cada situación sea única y acorde con la necesidad real de cada interviniente en el proceso en el que se ha existido un daño. El enfoque restaurativo en nuestra labor educativa puede ser una importante vía para que vayamos comprendiendo los beneficios reparadores y sepamos integrar de forma espontánea este planteamiento en cada situación. De este modo podemos llegar a comprender e interiorizar la posibilidad restauración real del infractor en un proceso penal y sentirnos tranquilos con esta opción.

Estamos lejos de todo esto, aunque creo que hay muchos esfuerzos esperanzadores que difunden el enfoque, me sumo, sin duda, a colaborar en ello de forma activa. Cada día confío más seriamente en los procesos restaurativos, nos acercan a lo que somos en esencia y nos aproxima a los demás.

 

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2 respuestas a Enfoque restaurativo, esencial en nuestra labor educativa

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