Cuando lo incorrecto incomoda

Las conversaciones del autobús me siguen dando motivos de reflexión. Pienso que es donde se cuece la verdadera opinión social y esto me preocupa cada día más. No puedo evitar que la desesperanza me invada de vez en cuando o tantas veces, algo muy arraigado se encuentra en la mente y en el sentimiento de las personas. Me llega a asustar y me siento impotente.

En esta ocasión, dos señoras hablaban de un caso de acogimiento de un menor de una muchacha, a la que “le habían quitado” a su hijo por no saber cuidarlo. No discuto el caso porque lo desconozco. El tema es que tal conversación se fue derivando a la “situación actual”, en la cual los padres “no saben educar a sus hijos”. Hoy todo está perdido, decían con convencimiento, hoy no saben regañar a sus hijos cuando no hacen “lo correcto”.

Lo correcto.

Ahí me  quedé enganchada. ¿Quién puede determinar qué es lo correcto? Los hijos bien sentados, sonrientes, que saludan y se despiden amablemente, los niños bien socializados, son los correctos. Los niños que cuestionan todo aquello que decimos, que ríen a carcajadas o lloran con desesperación cuando así lo sienten, los que no están de acuerdo con el saludo formal seguido del beso, los que no saben ni quieren mantenerse sentados,  aquellos que se ponen perdidos las manos y rodillas de barro al chapotear en el charco, los que opinan y dicen de forma directa aquello que piensan… estos niños son incorrectos.

Pinocchio_1940

Lo incorrecto incomoda, descuadra, hace tambalear nuestra seguridad construida y ante tal mal, es mucho más práctico esforzarnos por reprimirlo, para mantener nuestra pequeña fortaleza infranqueable, al precio que sea preciso, con todo lo que esté en nuestra mano para sellar cualquier grieta demoledora.

Señores y señoras, atención, atención…. vivimos con una generación que viene con un extraño manual propio, que desconocemos, un código inexplicable que va a dar la vuelta a todo lo que damos por supuesto ahora. Dejemos que ellos nos muestren cómo recuperar la cordura porque ciertamente, pienso que la hemos perdido.

Quiero una utopía, lo sé, quiero un desbordamiento de autenticidad, quiero sencillez, humildad… para qué vale enseñarles a apegarse a todo lo que ahora nos daña a nosotros mismos, para qué sirve deslumbrarles con aquello que no nos hace feliz en este momento, ¿queremos que ellos vivan este derrumbe? ¿Qué no estamos aprendiendo? ¿Por qué tal empeño en que vivan la vida como sabemos que no funciona?

Dejémosles mostrarnos la forma, es tan sencillo escucharles, tan mágico, que abruma.

 ¿Te abruma? Pues es momento de saber por qué.

 

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2 respuestas a Cuando lo incorrecto incomoda

  1. Sin tenerlo tan claro como tú, Paloma, sí me atrevo a encuadrar tu post entre estas dos sentencias:

    “Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.” Marco Tulio Cicerón (106 aC – 43 aC)

    “En nuestro mundo la gente no sabe lo que quiere y está dispuesta a todo por conseguirlo”. Donald Robert Perry Marquis

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