¿Por qué mediación?

Quería recordaros algunas ventajas de la mediación, para no darlas por supuestas:

Mejoro la comunicación con la otra parte del conflicto, reconozco todo aquello que ha dañado el entendimiento y me permito reconocer las verdaderas necesidades sumergidas. Además aprendo a gestionar el conflicto de forma diferente, autónoma y esto me lo llevo en mi mochila para nuevas situaciones conflictivas donde podré reconocer fácilmente los elementos de la discordia y actuaré de forma más consciente enfocada a los objetivos que persigo. Es decir, desconecto el piloto automático y empiezo a reconocer, reflexionar y actuar de la manera que elijo porque ahora cuento con herramientas nuevas. Al reorientar mi relación con la otra parte construyo una relación nueva, diferente, basada en la comprensión real de los motivos subyacentes que se darán en próximas situaciones. Pero no olvidemos que para esto, ambas partes han de poner su granito, la comunicación mejorará en la medida en que ambos continúen comunicándose, es sencillo enquistarse de nuevo, la voluntad de no hacerlo es esencial y ha de ser común.

“La magia no está en el truco ni siquiera en el mago sino en la mirada de un espectador ilusionado”, nos recuerda Jorge Blass. Todos somos espectadores, ilusionados o no, así surge la magia de la mediación, o no.

Coopero para alcanzar un acuerdo en el que todos nos sentimos ganadores, y cooperar implica ser agente activo en el proceso, nadie más que yo y la otras partes inmersas en la situación conflictiva podemos decidir qué es lo que nos conviene, por qué y para qué. Además, elegimos el cómo llevar a cabo la ejecución del acuerdo. En este sentido, doy y ofrezco y también recibo y acepto, se produce un intercambio, ni exigencia ni sumisión.

Reconozco mi responsabilidad en el conflicto, yo también he sido causante del conflicto, yo también puedo trabajar el acuerdo.

Reduzco la hostilidad con la otra parte implicada, desde la humildad, el equilibrio y el respeto, todos en un mismo plano.

equilibrio

Es voluntaria, puedo retirarme del proceso cuando así lo decida, sin obligaciones, sin culpas, sin explicación, yo decido si estoy estableciendo la comunicación que deseo y si obtengo los resultados acordes a mi pretensión. Merece la pena darse una oportunidad de explorar los rincones de la comprensión, por mí, por el otro, por todos. Y si no funciona, nada me ata.

Si el acuerdo alcanzado es satisfactorio para todos,  será más duradero y estable y no olvidemos revisarlo si es preciso o las circunstancias lo requieren. Si he podido llegar al entendimiento en una ocasión, sé cómo hacerlo de nuevo.

Mi autoestima se ve reforzada ante mí y ante la otra parte del conflicto. Y esto no acaba en el acuerdo, el refuerzo queda ahí, conmigo.

¿Y el mediador? ¿Quién es?

El mediador es un profesional formado específicamente para el proceso, imparcial, objetivo y neutral que facilita la comunicación entre los miembros de un conflicto para alcanzar acuerdos que benefician a todos. No decide, no obliga, no impone, su papel es acompañar a las partes en el proceso.

¿No crees que merece la pena?

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