Por favor, papás, ¿podréis entenderme?

Queridos papás.

Sabéis que yo os quiero muchísimo a los dos y para mí no es fácil ser un hijo modelo en una familia que al parecer ahora todo el mundo entiende que no lo es. Realmente no sé bien qué significa “modelo” ni si existe. No entiendo nada de nada vuestras cosas, sólo sé que no disfruto de los pequeños detalles que me hacían feliz cuando vivíamos todos en la misma casa. Mis juegos con papá cuando mamá hacía la cena, ese ratito de risa y calor todo entero para mí.

Sé que había gritos en casa pero prefería taparme los oídos porque me gustaba poder abrazar a uno y a otro cuando me sentía triste. Un día decidisteis que lo mejor para mí era privarme de todo esto. Recordad que yo nací y crecí en mi familia, al parecer imperfecta, no sé nada de la perfección ni me importa, era la que yo quería, la que yo acepté sin cuestionar, eso es para mí perfección, estaba completamente satisfecho con ella, no quería otra.

Ahora no puedo teneros a los dos cuando quiero y me pongo rabioso, no sé bien cómo hacer, sólo sé que necesito patalear, insultar y golpear algo cuando me enfado. Necesito encontrar ese matiz de perfección y no logro dar con él. ¿Podríais dejar de hablar de cosas que no quiero escuchar cuando no está el otro delante? Ninguno conseguirá que deje de amar al otro y no voy a preferir a nadie en particular, mi lealtad va más allá de las palabras, yo he aprendido a quereros como sois, os necesito a la par, no entendéis mis salidas, ni mis respuestas, ¿no veis que estoy enfadado? ¿Cuándo dejaréis esta guerra? Me importa poco quien gane, porque nadie será vedibujoncedor en esta batalla en la que ya he perdido bastante.

¿Podéis predicar con el ejemplo? Si me pedís comprensión y aceptación, ¿por qué no lográis comprenderos y aceptar que ninguno puede controlar ni manipular la vida del otro? No soy ni un confidente ni un espía. Si me pedís sinceridad ¿por qué os enfadáis cuando os digo claramente que estoy triste? ¿Por qué tengo que estar alegre para acallar vuestra culpa? Me temo que aún no habéis asumido vuestra nueva imperfección, merece la pena no conocer conceptos tan extraños, olvidar la dichosa dualidad, el prejuicio y la rivalidad. Ojalá pudierais ser yo por un momento, os quedaríais perplejos ante tal ridiculez, tan cerca y os empeñáis en alejaros… ¡pero si no podéis! ¿No lo veis? Es tan sencillo, estáis colocados en lugares diferentes pero ¡la distancia es la misma que antes! Tendríais que verlo todo desde este prisma simple, sería más fácil para todos y mucho más divertido.

A ratos, siento mucha rabia contra vosotros, ya no tengo mi vida, tengo yo que re-colocarme y asumir vuestras distancias obcecadas y, en lugar de asumir las consecuencias, me castigáis. ¿No entendéis que necesito un abrazo cuando me pongo así? No imagináis lo difícil que es adaptarme a vuestro mundo complicado, me falta demasiado miedo como para entender vuestro odio y me sobra demasiado amor, espero no empezar a guardármelo en un rinconcito secreto para cuando no lo tenga, sería empezar a hacerse mayor. No, aún no quiero, a veces siento esta tentación.

No esperéis que verbalice, no me sale, no sé, os toca percibir lo que necesito si no sé expresarlo. Dejad la lucha porque resulta que yo, aunque no verbalicéis, sí que percibo, lo siento todo, lo veo todo.

Desearía que fuerais el ejemplo de tanta palabra emitida, no necesito largas frases, sólo amor, comprensión, entendimiento, conexión, alegría, miradas limpias… y no conmigo, que lo tengo a raudales, me refiero entre vosotros, ese lazo que un día tuvisteis fue algo puro, el canal estaba limpio, no había oscuridad ni odio. Hoy, aun físicamente separados, podéis empezar a quitar hojas secas y trataros como personas que sois con las mismas debilidades, los mismos errores, las mismas expectativas, el mismo aprendizaje. Diferentes caminos pero con el canal limpio. ¿O es que creéis que uno sabe más que el otro y lo hace mejor?

Qué lejos estáis de la sabiduría, papás.

Por favor, ¿podréis entenderme?

Sabed que yo sólo sé de coherencia y no, no la veo. Con lo fácil que es.

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2 respuestas a Por favor, papás, ¿podréis entenderme?

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