Sí, soy feliz pero…

… Pero estoy muy cansado; … Pero tengo momentos en los que me siento muy apática; … Pero estoy irritable; … Pero no me apetece hacer lo que tengo que hacer… Y una larga lista de cosas más.

Cuando tengo oportunidad de ser partícipe de relatos de vida, suelo escuchar un pero detrás de una afirmación positiva y me doy cuenta de que el pero anula lo dicho. “Soy feliz pero…” es un “no soy feliz porque…”. No somos capaces de reconocer abiertamente qué es lo que no funciona en nuestro día a día y así no podemos buscar soluciones. Sentarme delante de cada situación y ser consciente de lo que me gusta de ella y lo que no, de lo que quiero cambiar y lo que no soy capaz es una manera de ser honesta conmigo misma y empezar a tomar las riendas de verdad. Si desde el principio me engaño con afirmaciones absolutas o abstractas, me desconecto de lo que es y no abordo lo que me incomoda.

Las preguntas pueden ser: ¿Qué es para mí ser feliz? o ¿Qué me hace a mí feliz?;  ¿Qué hago para no ser feliz? o ¿Cómo boicoteo mi felicidad?

Podemos acotar estas preguntas en diferentes ámbitos de la vida para concretizar mejor: ámbito familiar, laboral, en mi alimentación, en mis hábitos, en mis amistmascaraades… Y empezar a ser conscientes de la responsabilidad que tengo en cada acto que me impide acercarme al anhelado estado de felicidad.

Sonreír como hábito forzado me aleja de la insatisfacción del momento, sepulta la verdadera razón de lo que me incomoda y trato de ocultarla con esa sonrisa perenne.

Así pues, cuando sea consciente de que en mi rostro vuelva a aparecer el hábito hierático puedo preguntarme ¿Para qué sonrío? ¿Es real? ¿Qué trato de esconder? ¿Qué sobre compenso? Si no mostrara una sonrisa, ¿cómo sería el momento? ¿Y mi relación con el otro? ¿Qué temo exactamente? Después puedo decidir si mantengo esa imagen o no, pero ya sé cuál es el objetivo y dejo de engañarme. La rueda se detiene y decido yo.

Buscar el anhpaisaje-al-vientoelado estado de felicidad depende de uno mismo, en realidad la oportunidad está en este preciso momento, ahora mismo puedes decidir ser feliz, descuélgate del ayer y olvida qué necesitarás mañana. Porque la felicidad es un estado del presente y el presente es justo este mismo instante. ¿Qué haces ahora mismo para ser feliz?

Devuélvete al instante real. Despeja tu cielo ahora mismo, escucha el pequeño silencio que te invade, descubre la belleza del color que te rodea, inspira la frescura que te envuelve y acaricia la suavidad del viento.

Sin contradicción, presencia íntegra, total, completa y así hasta el momento siguiente. ¿Te das cuenta de que el “pero” no cabe?

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