Dejar de ayudar y empezar a acompañar

Quizás sólo es necesario acompañar, no ayudar. Muchas veces nos consideramos “ayudadores” profesionales, creemos que somos nosotros, con nuestra formación y experiencia, los que contribuimos a que una situación se “resuelva”, sonreímos victoriosos cuando somos partícipes de una “satisfactoria” solución.

Qué ocurre cuando ayudamos sin permiso.

Toc, toc. ¿Stoctoce puede?; No, no pases. Y aun así, paso.

Obviamente, nos consideramos preparados para entrar sin licencia porque lo que realmente ansiamos es poder ayudar a la persona que creemos que lo está pasando mal o, visto de otro modo, que creemos que va a obrar “equivocadamente”. Entendemos que nuestro consejo será el que reconduzca su situación y le tratamos de enseñar el camino luminoso que ha de seguir.

¿Y su potencial? ¿Qué estamos haciendo con él? Arrebatamos de cuajo todo su recuerdo de quién es y quién quiere ser respecto a la situación concreta. Decidimos substituir su esencia por la nuestra, que además es una mera proyección de la expectativa de quién es y minimizamos los recursos de la persona, su creatividad e imaginación, impidiendo su realización. Desconocemos por completo su proyecto, su necesidad de aprendizaje, su verdadera intención de experiencia.

Toda vida surge de una decisión y cuestionarla e intervenir en ella es algo que puede entorpecer su evolución.

Dejar de ayudar y empezar a acompañar, sin críticas,  estar atentos a sus decisiones sin juzgarlas. Cada decisión es fruto de toda una vida de evolución personal y, sea cual sea, es propia, única y perfecta para el momento preciso en el que se tomaacompañar. Acompañarles cuando decidan buscar una nueva decisión, que será, otra vez, la más perfecta decisión que pueden llegar a alcanzar. Acompañar implica empatizar por completo con las necesidades más profundas de la otra persona, entenderlas aun sin llegar a compartirlas. Desde nuestro propio temor es imposible hacerlo, primero hemos de estar seguros de dónde venimos para estar presentes por completo.

Recordamos que la empatía no tiene que nada que ver con la simpatía y complacencia, simplemente estar presentes con los sentimientos y deseos de la otra persona nos dará la pista de qué podemos hacer en cada momento, cuanto más intelectualicemos, más interferencias obtendremos en la conexión con el otro.

¿Qué tal si en lugar de “ayudadores” profesionales, nos consideramos meros acompañantes de procesos?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Auto-conocimiento, Gestion de conflictos, Mediación y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s