¿Nos relacionamos en nuestras relaciones?

¿Relación o relacionarse?

Son experiencias distintas y según las enfoquemos, los resultados cambian.

“Tengo una relación”, estamos habituados a expresar. En mi opinión, ya hemos acabado con ella en el mismo instante en que la encasillamos como tal. ¿Qué es tener una relación? Predecir a la otra persona, etiquetar los momentos que han de suceder, esperar determinadas experiencias, enjuiciar aquello que no creemos acorde con nuestra escala de valores, alejarnos de la libertad de ser. Creemos necesario el encaje de las personas inmersas jirafasen la relación, limar aspectos de una y de otra para poder amoldarse a una vida común. Y ¿dónde está el límite de lo que “hay que” limar? Esto sí, esto no… es completamente subjetivo y probablemente dejamos fuera de la decisión a la otra persona, la que se ha de amoldar.

En una “relación” creemos conocer al otro. Si realmente nos damos cuenta de que estamos en un constante auto-conocimiento, ¿cómo podemos esperar un comportamiento concreto de la otra persona?

Fluimos cada segundo y somos un continuo devenir, limitar la experiencia de ser del otro es absurdo a la vez que inútil, no podemos, no sabemos. Dejar que cada momento sea único e inesperado, contemplar su misterio, adentrarse en la magia de los sentimientos y pensamientos desconocidos, explorar conjuntamente el lado oculto de cada uno, volver a empezar cada minuto sin expectativa, darnos cuenta de que nada se repite por mucho que lo podamos desear. Relacionarnos con el otro es bonito e inmenso y encasillarnos en una relación es, en mi opinión, triste, pequeño, aburrido.

Para disfrutar relacionándonos es crucial aprender a disfrutar también de la soledad. Si evitamos la soledad con una relación, se acabó la magia, aparecen los miedos y la necesidad de apego, la de retener al otro para no quedar solo de nuevo, la dependencia está servida. ¿Es esto sensato? No lo es y en cambio la mayoría de las relaciones surgen sin aprender a disfrutar de uno mismo, descubrir la integridad de cada uno es la experiencia más rica que se puede vivir y no cesa, es constante, diaria, relacionarnos libremente implica espacio para continuar el descubrimiento interno, sin miedos.

Relacionarse con el otro capaces de estar solos, capaces de ser auténticos a costa de no agradar y contentar al otro, aquí entra la aceptación, el respeto de los códigos internos de cada uno, disfrutar de la presencia cercana del otromelodia-de-la-selva-1_21222798 sin necesidad de su proximidad, sin interferencias, cantando nuestra propia canción, dejando que las notas se entremezclen de forma natural con la melodía del otro y disfrutar del sonido del conjunto. No esperar repetir notas ni orquestas, dejar que fluya cada día la verdadera esencia de la libertad, sin do-re-mi necesarios, con todo, sin nada, lo que quepa, si cabe.

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