Adoptar un rol determinado por lealtad

Quería reflexionar hoy sobre algo que ocurre muy a menudo dentro de las familias de padres separados, guardando relación con la entrada anterior.

Es habitual que una ruptura de pareja ocurra por iniciativa de uno de los miembros de la misma, quedando el otro en una tristeza y soledad que supera cuando llega el momento y no antes. ¿Qué ocurre cuando los hijos perciben esta emoción? Muy a menudo adoptan el rol de proteger al padre o madre “triste y solo” y comienzan a actuar conforme a ello, con nuevas funciones y abandonando muchas de las actividades que antes realizaban, que corresponden a su momento evolutivo natural. El niño o niña se convierte en la compañía de su padre o madre evitando, así, su soledad. De este modo, se ve alterado el orden natural de su sistema familiar.

¿Creemos que esto es fruto de la intención maquiavélica del progenitor? Evidentemente no, por norma general. El niño actúa movido por una lealtad tremendamente potente ante la más mínima insinuación emocional percibida. El vínculo con su padre o madre es directo, completo, fuerte, incuestionable, inevitable y su grado de lealtad corresponde al sentimiento que mueve toda su estructura mental: el amor.

Nada le hará cuestionar su forma de actuar, es un reflejo inconsciente de su lealtad.

¿Qué ocurre cuando la nueva pareja del padre o madre cubre la necesidad de compañía? Pues, sencillamente, el hijo/a ya no puede seguir ocupando ese lugar, que además no es el que le corresponde como hijo/a, siente un desplazamiento y algo se trunca de nuevo en el orden ajustado en su sistema. Es devuelto a su lugar como hijo/a. Algo ha ocurrido que va a repercutir en la vida del niño/a, primero abandona su orden lógico y coherente y después vuelve al mismo, de forma violenta (rígida). Si todo esto lo conocemos y comprendemos, sabremos actuar de un modo coherente y consciente en cada momento.

charla_vinculoLa gestión de la tristeza y soledad es algo que necesita resolver el progenitor para no implicar en ello al menor, que necesita seguir desempeñando el rol que le corresponde como hijo/a, recibiendo todo lo que necesita recibir de sus padres, ahora no le toca dar, eso será cuando sea padre/madre, si no recibe por completo y algo trunca esta función básica, aparecerá el resentimiento, la ausencia de gratitud y, peor aún, no será capaz de dar plenamente a su descendencia sin que aparezca la exigencia de compensación ya que aún necesita recibir.

¿Cuántos de nosotros nos sentimos en deuda con nuestros padres, que nos dieron lo que supieron sin ser conscientes de que esta función quedaba alterada ante un acontecimiento determinado? ¿Cuántos de nosotros nos reconocemos ahora truncando nuestra función de dar incondicionalmente y exigimos compensación, aún sin ser conscientes?

Reflexionar sobre ello es importante, si hemos descubierto que estamos dando a nuestros hijos aún en deuda con nuestros padres, no lograremos dar plenamente, apareciendo la culpa y frustración. La reconciliación con la raíz es necesaria para sanear el amor y dejar que fluya sin ningún obstáculo.

Reconciliación y agradecimiento, básico para saber entregarlo todo, sin esperar la devolución de lo dado.

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