¿Empezamos la casa por el tejado?

Continúo con un punto de desesperanza ante el inmenso trabajo que es necesario realizar aún para lograr depurar este sentido de la Justicia que creo que es natural e innato. Existen muchas hojas secas y estancadas que limpiar, a veces pienso que el trabajo es duro y no estoy segura al cien por cien de que podamos llegar al puerto deseado.

Podemos cambiar mil leyes, reglamentos y códigos y empeñarnos en un sentido restaurativo de la Justicia pero me pregunto si no estamos comenzando la casa por el tejado. Es el sentir común el que no acompaña, a priori, la nueva perspectiva. Escucho iniciativas preciosas para modificar el sistema penal y convertirlo en humano pero no siempre puedo creerlas, no por dudar de la buena fe que esconde, sino porque ahondo cada día en los comportamientos de las personas y una tristeza me aplasta al ver lo lejos que estamos del humanismo en el que creo tanto. Segura estoy de que, en un plano esencial, todos tenemos un punto común similar, quizás sea necesario volcar todo nuestro esfuerzo para llegar a él, expandir esta conciencia de lo innato y darle todo su valor. Es entonces cuando las normas quedarían obsoletas o se podrían adecuar, es entonces cuando puede comenzar el verdadero cambio. No nos percatamos de qarenaue un cúmulo de capas durísimas protegen eso que creemos que nos hace vulnerables y aquí nos quedamos, aguantando la respiración, disolviéndonos en un mar de pequeños granitos de arena para que no se note lo que rebosa, lo que palpita en realidad. Permanecemos escondidos, pasivos, dejando que todo pase y nada quede. No olvidemos que sigue ahí con nosotros, un enorme corazón nos une, no hay más. Cuanto más fuerte lo ahoguemos más patológico será y seguiremos dando palos de ciego sin saber el rumbo exacto de lo que hacemos.

El ansia de venganza, el deseo de tener razón y ganar a toda costa ciega el propósito de nuestra andanza. Suelo preguntar a menudo, ¿para qué denuncias? ¿Cuál es tu objetivo en este momento? Y la respuesta es muy parecida casi siempre y muy inmediata: para darle su merecido, para que no se salga con la suya, para que no salga impune… Y la distancia entre las personas se vuelve abismal, generando más odio, más rencor, más rabia. El circo está en marcha, utilizamos lo que creemos que es un sistema de justicia para alentar precisamente aquello que suele llevar a cometer actos delictivos: el miedo y la rabia. ¿Pensamos de verdad que utilizar esta vía con el objetivo de ganar a toda costa no acrecienta más este miedo y esta rabia? ¿Realmente qué queremos conseguir? ¿Por qué se satura un sistema que debería ser el último recurso antes de agotar todas las posibilidades? No ahondamos en más, directamente lo usamos a discreción sin tan siquiera pensar para qué lo estoy utilizando y si hay otros medios previos que me acerquen en lugar de separarme a quien creo mi ofensor.

Por favor, paremos un momento y pensemos qué objetivo real tengo a la hora de utilizar la vía de la denuncia, está en nuestra mano darle un sentido humano a todo esto, porque de poco vale el esfuerzo de intentar convertir en restaurativo un sistema si la conciencia individual va por un camino tan lejano. Y no, no vale la respuesta estándar de que “todo el mundo actúa del mismo modo”, cada cual podemos reflexionar una y otra vez y darle sentido a lo que está tan muerto. Conectando con lo más profundo de nosotros msentidoismos, encontramos respuestas diferentes y frescas. Realmente todos actuamos de manera similar cuando lo hacemos en piloto automático y las circunstancias y la carga de la mochila son parecidas o ¿pensamos que somos mejores? Si opera la reflexión, la comprensión y no la censura o el deseo de castigo, la cosa cambia mucho, las decisiones se vuelven más cercanas, más conectadas. Es ahora y no mañana cuando podemos darle un giro real, está en nuestra mano hacer lo que en conciencia no tenemos más remedio que hacer si nos detenemos a escuchar, puedes parar cuando desees la rueda frenética del sin sentido y empezar, poco a poco a darle tu lógica a lo que haces.

Es necesario detenerse y reflexionar. Una simple pregunta que un día aprendí y no dejo de utilizarla: ¿Para qué? Y según la respuesta, sólo queda actuar en consecuencia. Son necesarios buenos y sólidos cimientos para que el tejado no caiga irremediablemente.

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2 respuestas a ¿Empezamos la casa por el tejado?

  1. Yuval Noah Harari es el historiador israelí autor de ‘De animales a dioses’, al margen de compartir o no las tesis que defiende, refiriéndose al conflicto de Oriente Medio afirma, que el problema es que hay dos comunidades que rigen sus vidas con «mitologías incompatibles», y de momento «nadie ha sido capaz de reconciliar estas historias antagónicas con un nuevo relato integrador».
    Esta conclusión seguramente también es válida para las relaciones interpersonales: andamos huérfanos de relatos integradores de nuestras personales historias antagónicas.
    ´De animales a dioses’ concluye con una inquietante reflexión: «A pesar de las cosas asombrosas que los humanos son capaces de hacer, seguimos sin estar seguros de nuestros objetivos y parecemos estar tan descontentos como siempre…».
    En nuestro descargo añadiría que no estar confusos en un mundo que crea y destruye mitos a la misma velocidad en que construye y derriba valores y códigos éticos, en ocasiones sin sustituirlos por nada, no es el escenario más idóneo para construir ninguna casa. Por eso tal vez, a veces no es que construyamos la casa por el tejado, es que al llegar al tejado ya no tenemos nada debajo.

    • palomamgf dijo:

      Gracias, Andrés, siempre aprendo de tus comentarios, un lujo para mí. Es cierto, parece que seguimos sin estar seguros de nuestros objetivos y esto es tan cíclico como la propia vida y su eterno retorno.
      Un abrazo!!

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