El entendimiento es algo continuo

Entendernos no es habernos entendido una o mil veces en días pasados, entendernos hoy es hacerlo ahora, a tiempo real, sin recuerdos, sin expectativas futuras. Y es que muchas veces creemos que, si una vez ya nos comprendimos, por sí solo se convierte en algo perenne y escrito.

¿Alguien sabe dónde queda la chispa de la conexión? Sé que en algún lado se posa, no muere, ni desaparece y sé también que a la vez es efímera y se disuelve en un mar de partículas invisibles que llamamos tiempo.

No, el entendimiento no se sobreentiende ni se da por hecho. Es algo continuo, renovado, ni siquiera es necesario trabajarlo ni fabricarlo, es producto de la conexión desde lo más sincero, desde lo más hondo, aquello que nos hace llorar a veces es lo que conecta, otras puede ser la risa incontenida, quizás sentirnos asustados y otras tantas, a través del enfado podemos saber qué necesitamos. Da igual cuál sea el motor, la emoción que palpite, lo esencial es percibirla en el otpuentero y el resto sucede solo.

Entendernos no es saber qué es lo que está pasando en palabras ajenas, ni tampoco enjuiciar aquello que suponemos que ocurre, es escucharlo de forma directa, sin desvíos, es vibrar con el tono de la voz que nos habla, es querer adivinar qué hay detrás de las palabras y gestos, qué obviedad se esconce en el fondo de tanto eco.

Cada vez que nos desconectamos vuelven las interferencias y el vacío de la incomprensión lo llena todo. Y es que no hay necesidad, es fácil cuando sale solo, no es preciso volver a la ceguera que todo lo oscurece, renovar cualquier intento merece la pena.

Es sencilla la comunicación, no son precisas mil palabras, sí hace falta sinceridad, honestidad, dejar que de cada emoción extraigamos la necesidad que encubre y sostener una vez más el puente hasta la próxima ocasión. Sólo nosotros sabemos cuándo se debilita, cuando son vitales más cimientos, no dejar que caiga de nuevo para mantener la comprensión que nos acerca.

Y nada más es necesario, si el canal ya es eterno y no es preciso reconstruirlo, el entendimiento es continuo, es preciso mantener limpios los canales irremediables que nos unen desde que nacemos hasta que morimos, o más allá, por qué no.

Es un reto, sin duda alguna, personalmente, el más difícil con el que me he encontrado hasta ahora.

Sigo aprendiendo.

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