La culpa y el control, de la mano

Frenética obsesión de colocar cada cosa en su lugar preciso, una búsqueda de la perfección hasta en los bucles enmarañados del cabello, nada encaja como debe y la desesperación continúa frustrando.

El día que más control deseo en cada átomo de mi espacio máduals cuenta me doy de la presencia de la culpa. La culpa, dual de la inocencia, absorción completa del miedo que irrumpe sin advertirlo hasta instalarse por completo. Y cuando el temor salta barreras, la perfección natural se desvanece nuevamente, hay que volver a restablecer la coherencia de la verdad.

Calma, la mente ha de volver a su estado primario, abierta como siempre estuvo, dejando paso a todas las ideas reales y absolutas. Partes fuera, no cabéis; lo simple, sencillo, cabal y esencial, aquello que siempre ha permanecido y hoy vuelve a estar enturbiado por el pasado imposible. Tiempo fuera, no es tu turno; lo eterno y real, que descanse de nuevo posando su aroma y vuelva a prevalecer sobre todo lo que no existe. Toca soltar y volver a soltar hasta que lo jovial arrase, hasta que el más puro presente se detenga y quede.

Da igual qué palabra, acto o pensamiento se imponga, existe inocencia, ausencia de culpa, el resto es mentira. La culpa no es más que la inexistencia de comprensión absoluta, dejemos de nuevo que reine el alma, que siempre impera.

Si no hay miedo, la culpa se esfuma, la vela se eleva y recuperamos el vuelo, no es necesario volver a cercar nada, el control no sostiene su sentido y renacemos en el momento que toca, en una nueva realidad.

Elijo la paz, abandono las armas. Ahora viene lo complejo. El hábito es tan grande que nos embelesa y nos hace creer que la victoria existe, que el triunfo es el siguiente paso. En cambio un bálsamo de paz envuelve todo el entorno sin apenas hacer ruido, detenerse en seco y escuchar, elegir ahora mismo dejar de atacar, de culpar, de temer, es algo que siempre podemos hacer. ¿Por qué no ahora?

Empezar a comprender las cosas sin decidir cómo deben ser. Porque ni hoy ni ayer ni menos aún, mañana, seremos dueños de lo que pase, cada cual hace aquello que sabe hacer y actúa como es capaz de actuar y nada será distinto a cómo vaya a ser, no ocurrirá aquello que no vaya a ocurrir y aceptar lo que es con la comprensión plena es motivo de liberación completa, de la que no estamos nada habituados.


luzNi yo soy culpable ni tú eres culpable
, cuando por un momento tenemos conciencia de la inocencia absoluta, regresa el amor con todo su esplendor y el miedo queda cegado sin remedio. Relajamos toda tensión y nuestro mundo fluye sin contradicción, por fin lo esencial se ha hecho tan enorme que la ecuación queda reducida a un sólo concepto: la unidad.

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