Dos no acuerdan si uno no quiere

Creo que podría acabar el post sólo con el título porque es gráfico en sí mismo.

El acuerdo necesita libertad. No puede ser coaccionado, ni manipulado, es preciso que se llegue a él en un clima de tremenda calma y sinceridad. No me refiero al proceso para adoptarlo, que probablemente esté lleno de espinas y de tensiones que iremos sorteando de uno u otro modo, hablo del momento de encontrarnos de frente con el acuerdo. Un pacto, una decisión conjunta, más que ser fabricada, es hallada, las piezas van encajando y hay un breve instante de luz en el que reina la serenidad porque por fin hemos llegado al sitio en el que los dos logramos sentir que todo está bien así. Y para llegar a este punto necesitamos ingredientes poderosos: honestidad, sinceridad y conexión por ambas partes. Me temo que por muchísimo esfuerzo que le ponga una de las partes, si la otra no hace un trabajo personal, la cosa no funciona y el acuerdo será viciado.

Honestidad requiere valentía, despojarse de aquello que hemos construido mentalmente durante mucho tiempo, quizás años, y volver a empezar. Romper en añicos los prejuicios, las opiniones, las críticas y confiar. Pero la experiencia me dice que no siempre esto es posible en toda relación. Hay un momento,Cielo_Nublado un click, en el que la confianza está tan deteriorada que el esfuerzo para reconstruirla es desgastador para una de las partes, tanto que nubla la equidad, es preciso un trabajo personal previo antes de sentarse en la mesa del acuerdo. Y esto no quiere decir que así logremos necesariamente restaurar la confianza porque no depende sólo de quien la perdió. La desconfianza se teje en la relación día a día y más aún en la post-relación cuando  las palabras no corresponden con los hechos una y otra vez. No podemos obviar esto en el proceso de gestión de un conflicto. Que deba haber confianza plena no implica que esta sea posible siempre, todo requiere su tiempo y un mutuo esfuerzo. Si éste es unilateral, llega un momento en el que confiar deja de ser factible y el avance se detiene.

Sinceridad requiere conexión con uno mismo para saber exactamente qué necesitamos en cada momento, desde lo más profundo de nosotros. Para ello, es preciso priorizar la necesidad prevalente, elegir cómo satisfacerla y actuar aceptando todas las consecuencias. ¿Esto necesariamente implica que la otra parte deba conocer y comprender todo el proceso de conexión personal? La experiencia me vuelve a decir que nadie puede ser obligado a tal nivel de desnudez. Sinceridad puede implicar adoptar una postura caminoen el proceso que permita avanzar conectando con el otro internamente. Esto es, en el momento en que una de las partes ha logrado reconocer la necesidad que prevalece, es preciso elaborar una postura que la otra parte comprenda. Lo ideal es poder comunicarnos abiertamente sin tapujos, hablar de las emociones y de las necesidades en voz alta, sin miedo, pero partamos de la base de que las relaciones no son ideales y no ambos están en un mismo nivel de conexión. Nadie está obligado a narrar su proceso personal en su propia conexión si no lo desea. Aun así, el acuerdo puede llegar del mismo modo si la conexión personal se produce en ambas partes y existe respeto a la privacidad del otro. Y esta madurez no siempre se da bilateralmente.

La conexión con el otro no se fuerza, simplemente se da. Y ocurre cuando ambas partes han logrado su propia conexión. Si ésta es real, a veces no son necesarias ni las palabras para que se dé el acercamiento, simplemente, al plantear las posturas, se toma la solución conjunta sin apenas esfuerzo.

Entendamos que hay relaciones muy complicadas en las que una de las partes simplemente se encuentra en un nivel en el que es incapaz de conectarse y por mucho que la otra parte trabaje para sí misma, llegue a su conexión personal y emplee todo esfuerzo para lograr la sinceridad y honestidad del otro, el acuerdo será inconsistente, vacío e improductivo porque la conexión mutua no se ha producido.

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3 respuestas a Dos no acuerdan si uno no quiere

  1. Los acuerdos negociados y mediados entre Nelson Mandela y Frederik de Klerk en la Sudáfrica de transición del apartheid a las elecciones generales de 1994, pueden resultar un ejemplo (1) de tu argumentación Paloma.

    Mandela, durante las negociaciones pretendía una “paz dura” (castigo de los crímenes políticos, básicamente ejecutados por sudafricanos blancos). De klerk buscaba una “paz blanda” (amnistía general). Dos posiciones antagónicas e irreductibles que hubieran supuesto el fracaso del proceso de paz y que pudo salvar la mediación de Desmond Tutu, al invitar a las víctimas a perdonar a los autores de los crímenes a cambio de que estos pidieran perdón y ofrecieran alguna compensación. No serían encarceladas pero no se hurtarían al castigo interno de la culpa ni al externo de la vergüenza social.

    Una vía que abordaba el camino de la empatía de las partes, desde la creatividad y trascendiendo el conflicto, aún a pesar de sus componentes violentos, pero que solo podía materializarse desde la libertad para no resultar viciado.

    “La capacidad de mantener dos ideas opuestas en la mente forma parte de la estrategia de negociación sofisticada adoptada por Mandela cuando se negoció el fin del Apartheid 27 años después. Esto le permitió replantear el Apartheid como la prisión, no sólo de los sudafricanos negros, sino también de los sudafricanos blancos. El replanteo restablece el objetivo con el que uno ve la realidad y es una técnica utilizada a menudo por un hábil negociador y mediador para ayudar a las partes a resolver las disputas.” (2)
    ______________________________________

    (1) citado por Johan Galtung en Trascender y transformar. Una introducción al trabajo de conflictos, México, Montiel y Soriano editores (2004)

    (2) La mediación como desafío a la dicotomía. Mandela, `In memoriam´ http://alenmediagroup.blogspot.com.es/2013/12/la-mediacion-como-desafio-la-dicotomia.html

  2. Pingback: Los efectos de la imposición vendida | planilandiablog

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