Placer y sufrimiento ¿hasta cuándo?

Educando a nuestros hijos en el placer externo les invitamos al sufrimiento más despiadado, sabemos que hoy es así, que así lo vivimos en estos días porque sin querer así fuimos educados. En su momento la excusa pudo ser que así eran las cosas, hoy ya no estamos tan ciegos, ser conscientes nos obliga a ser consecuentes.

Adentrarnos en la búsqueda insensata de “más y mejor” nos crea un estado de ansiedad permanente que no culmina, no tiene fin, no busquemos colmarnos porque no hay forma de hacerlo, siempre buscamos aquello que aún no tenemos y anhelamos, deseando encontrar por fin la felicidad. Y dime, ¿la encuentras?

BURRO-TRAS-LA-ZANAHORIAConseguido aquello que tanto hemos deseado comienza el temor a la pérdida, da igual que sea algo material, la pareja perfecta o el trabajo de nuestra vida, un intenso miedo se va colando hasta sumirnos nuevamente en el sufrimiento. Y vuelta a empezar.

Absurda rueda la que vivimos y cruel me parece transmitirla a quienes queremos. Ser inconsciente no es excusa, es una elección, aunque reconozco que la incapacidad de ver es enorme en este estado, cada cual que busque las herramientas que más le valgan para mirar de frente lo que ocurre, no vale cerrar los ojos, por muy fuerte que juntemos nuestros párpados, siempre queda una luz cegadora que va a sumirnos en un pesar porque “saber y hacer nada” es peor que no ser consciente y vivir en ceguera sin poder evitarlo. No obstante, creo que siempre puede evitarse.

¿Merece la pena continuar lo que siempre ha sido así sin evitar sus consecuencias? Ya no.

Cultivar la alegría interna, los momentos que cada día están al alcance de nuestra mano si sabemos mirar, descubrir cada color de la paleta, por el mero placer de ser y de vivir, sin más necesidad que estar presente, es todo lo que precisamos para ser felices sin el apego que enturbia, nada hace falta porque nada es esencial, todo es valioso porque todo es ideal tal y como es en este preciso y precioso momento. Si no lo vemos hoy, en este instante, de este modo, nada nos va a saciar jamás, lo que venga después puede hacernos presos de su miel. Y lo hará.

Ruido y más ruido, no paramos de generar expectativas, nuestra mente no descansa. Apagarnos un rato y sentir porque el secreto radica en algo tan simple como saber qué está pasando en este justo momento, ¿lo sabes?

Para. Ahora. ¿Qué ves? ¿Qué escuchas? ¿A qué huele? ¿Cómo te sientes? Y nada más. Ahora es el momento que toca, ya no hace falta más. Esto es alegría interna y como siempre que queramos la vamos a tener, no hay apego posible. No es un ejercicio mental, no hay teoría, sólo práctica, constante.

Lo que hoy nos produce placer, la falsa alegría, mañana nos producirá dolor y sufrimiento por miedo a no tenerlo, por deseo de conservarlo intacto, y del miedo surge todo lo demás, odio, culpa, ira… Lo externo a nosotros es lo que tiene, después de la subida, viene la bajada.

Y sabiendo todo esto, ¿de verdad somos capaces de “regalarles” a nuestros hijos este legado con total tranquilidad? ¿Es esto amor?

Uf, no lo veo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Aprender educando y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s