Separación e hijos: cuando se mimetizan

¿Por qué en casa de “A” puedo reír en la mesa y en casa de “B” me lo prohíben por considerarlo una falta de educación? ¿Por qué con “A” me percibo libre y expreso lo que siento y con “B” tengo que morderme la lengua antes de decir algo por temor a que se considere impropio? ¿Por qué cuando estoy con “A” decido por mí si soy capaz o no de intentarlo y con “B” no me atrevo a proponerlo?

“A” y “B” son progenitores separados y en conflicto. Muchas de las separaciones surgen con la llegada de los hijos, a veces porque los modelos educativos que cada cual transmite son dispares. Si hay discordancia bajo el mismo techo, es muy fácil que bajo techos distintos, las diferencias aumenten más y más. No siempre la comunicación es viable, apuesto por ella en todos los casos, pero es cierto que hay ocasiones en las que, por diversos motivos, no es posible, se estanca, no es honesta, el miedo impera y se torna muy difícil, a menudo por el deseo de mantener la imagen personal ante el otro.

¿Y qué pasa cuando terceras personas vienen con sus propios modelos de educación y comparten hijos de la pareja anterior?

En muchas ocasiones surgen niños mimetizados con la situación en la que viven para sobrevivir emocionalmente. 3205942129_b6df592fd0Bajo mi punto de vista, es una actitud con ciertas ventajas, porque son niños que están aprendiendo a adaptarse a situaciones más o menos deseadas, a personas más o menos afines y les permite
encontrar nuevas herramientas para tolerar aquello que no entienden o les disgusta.

Pero la actitud tiene un peligro que sí considero perjudicial: cuando el niño pierde su eje y deja de ser consciente de que utiliza su camuflaje para saber lidiar con todo lo que no entiende. Cuando empieza a mimetizarse inconscientemente, deja de manejar su elección y se convierte en un producto de las circunstancias en las que vive. Llega la victimización y una ira que no controla. No elige, sobrevive, no actúa según siente, reacciona, no se enfrenta, se esconde, deja de tratar de entender y asume sin cuestionar.

Invito a todo aquel que detecte esta situación a practicar con sus hijos, alumnos, etcétera, la crítica, a cuestionar el entorno que le rodea y ayudarles a descubrir cuál es su propio criterio interno, a elegir por qué y para qué decide enfrentarse a un criterio que no entiende o a mimetizarse conscientemente porque el benefequilibrioicio es mayor que el perjuicio. No olvidemos que todos actuamos por una necesidad que en este momento impera por encima de las demás, adaptarse a un criterio incomprensible para el menor puede ser beneficioso si ello le proporciona más tranquilidad, más estabilidad, ambas necesidades imperantes en ese momento, más que la necesidad de hacer la ver la coherencia de su criterio interno. Y ser consciente de la elección que hace es una forma de no despistarse del centro que le mantiene en equilibrio. Si la adaptación empieza a ser inconsciente, a no saber para qué decide el niño acatar una orden o prohibición incoherente para su criterio, comienza a desconectarse de su propio motivo y de su necesidad imperante y comienza a quebrarse los cimientos que le mantienen estable.

Progenitores o educadores conscientes de esta mimetización: adelante, que no pierdan el centro, que siempre elijan conscientemente lo que les produzca un beneficio, que sepan qué beneficio persiguen y las consecuencias predecibles que pueden encontrarse ante tal elección (siempre están las no predecibles, hay que contárselo, luego no valen las sorpresas).

Progenitores o educadores inconscientes: no lo sois, no os engañéis. Observar con detenimiento y valorad las consecuencias. Elegid conscientemente si seguís con la venda en los ojos o decidís la coherencia. Los pequeños van a salir adelante, sí o sí, cada cual decidamos cómo podemos ayudarles a gestionarlo.

En este post hablo de situaciones que se dan a menudo en una familia separada, lo cual no quiere decir que no ocurra a diario en familias que conviven, la situación es menos obvia pero existe.

¿Nos hacemos conscientes?

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