¿Tú o tú?

Parece dual, ¿verdad?

¿Tú el honesto o tú el mentiroso? ¿Tú el sacrificado o tú el egocéntrico? ¿Tú el optimista o tú el negativo?

¿Y por qué nos cuesta tanto verlo todo a la vez? Etiquetas, dualidades, paradigmas, elecciones, represiones y así sucesivamente. Es muy cansado.

Quizás sea más sencillo verlo todo en su conjunto, cada matiz cuenta, tratar de ocultarlo, tratar de eliminarlo es negar lo que posiblemente seamos incapaces de obviar. El cuadro de hoy es producto de toda una vida (incluso vidas), cada minuto ha sido impregnado de experiencias que han ido grabado máscaras diferentes que utilizamos deliberada o inconscientemente, es difícil ocultarlas con un plumazo de color blanco. ¿Tan necesario es borrar? ¿Por qué tanta culpa?

¿Y si aceptamos de una vez nuestra historia? Cada minuto cuenta y es protagonista indiscutible que “quiénes” somos. Atacar nuestros propios colores, nuestra forma de representar la vida en una y otra circunstancia es inservible y sólo nos impone una carga enorme de culpteatroa por quiénes creemos ser.

La máscara es tan solo eso, una máscara, una forma de representarnos en cada acto. Reconocernos máscaras simplifica la carga, sencillamente darnos cuenta de lo que representamos, de cómo lo hacemos, del rol que jugamos en cada momento es suficiente para aceptar el disfraz.

¿Sólo somos un conjunto de máscaras? En mi opinión no. ¿Quién elige el disfraz de hoy? ¿Quién es consciente del personaje que representa tu yo? ¿Quién se da cuenta, en un breve momento de reflexión, de que sólo es una mera actuación? ¿Quién no es capaz de ver nada de esto?

No trates de pelearte con la máscara que aborreces porque también es tuya y si no la reconoces, empezarás a verla a tu alrededor una y otra vez y la juzgarás severamente. Sé valiente y mírala de frente, reconócela cuando la uses y sólo así serás consciente de tu cara oculta.

¿La ves?

Contémplate con total inocencia, fuera las culpas y ya está, la usas porque sencillamente no puedes hacer otra cosa, no sabes o no estás dispuesto, proteges una necesidad prioritaria que es completamente legítima.

¿Sabes cuál es?

Y, ahora que lo sabes ¿actuarías de otra forma, elegirías otro disfraz para tu actuación? ¿El mismo? ¿O ninguno?

Pues adelante, sea cual sea la decisión. Ahora eliges TÚ, ese tú único y trascendente, el no dual, el no enmascarado, el que está detrás, debajo o alrededor de todo esta maraña.

¿Te das cuenta de que TÚ no eres ni ese tú ni el otro tú ni tampoco ese otro tú?

Ahora mira a tu alrededor.

¡El resto del mundo vive exactamente el mismo proceso!

¿Reconoces el TÚ de cada uno?

¿Ahora qué eliges, comprensión o juicio?

Se baja el telón.

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