Queridos Reyes Magos

El otro día contemplé una escena que, de inicio, me espeluznó y después me hizo reflexionar.

Un padre animaba a su hijo, de no más de 8 ó 9 años, a quitar de la calle por la que paseaban unos carteles de cierto político explicándole a su vez con toda convicción que se trataba de una persona malnacida y demás calificativos que no me apetece escribir. El niño, sumiso y sin cuestionar, quitaba los carteles repitiendo, ciertamente convencido, los improperios que acababa de escuchar de su progenitor.

A mí la escena me pareció tremenda y a la vez me hizo pensar en la cantidad de veces que, queriendo o sin querer, he inoculado mensajes vestidos de verdad absoluta, a los míos.

Y es que cada día tenemos un millón de oportunidades de elegir qué queremos transmitirles, verdades absolutas o pensamiento crítico, libre y autónomo. Me quedo, sin duda, con lo segundo y en cambio sé que elijo, conscientemente o no, lo primero. Y la inconsciencia no es una excusa.

Porque controlar su pensamiento y dirigirlo hacia nuestras ideas refuerza nuestra seguridad personal. Si pudiéramos ver por un agujerito a nuestros hijos comportarse mañana y contempláramos sumisión, imitación, victimismo, querríamos dejar de mirar. Preferimos imaginarles libres, alegres, arriesgados, exploradores de su propia vida, inconformistas, críticos, chispeantes. Y, en cambio, hoy elegimos inculcar en lugar de transmitir, afirmar rotundamente en lugar de exponerles diferentes alternativas para que ellos mismos decidan qué prefieren en este momento. A través del miedo y del temor evitamos que crucen uno u otro camino y les acompañamos en la senda más segura para que no se lastimen.

contracorrienteIr contracorriente tiene sus riesgos y sus consecuencias, no siempre uno elige la rebeldía convencido, también puede convertirse en una máscara que no deja de aprisionarnos. Es cuestión de pararnos en cada momento en que notamos que algo “chirría” por dentro y volver a plantearnos para qué estamos eligiendo esta opción y no otra.

Trato de preparar a los míos para cuestionarlo todo, no siempre con éxito porque me doy cuenta de que también necesito reforzar esa seguridad y ser rotunda en las afirmaciones que lanzo, la introyección queda servida más de lo que quisiera.

Queridos Reyes Magos: este año me he portado como he sabido, os pido encarecidamente voluntad para utilizar las tijeras que me trajisteis el año pasado para cortar las vendas que aún me empeño en poner, mucha luz para vislumbrar aquello que aún no veo, consciencia para darme cuenta de lo que sigo sin reconocer, paciencia, de esto necesito mucha, una buena dosis de comprensión y reflexión personal para reconocer, antes de enjuiciar, mi propia proyección en las escenas que contemplo y si recaigo en el juicio, os pido sabiduría para ejercitar la auto compasión.

coronas

 

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