¿Culpa o responsabilidad?

Trabajar con las personas me facilita la comprensión de algunos conceptos que pueden parecer similares y no lo son.

Sustituir la palabra culpa por responsabilidad clarifica bastante nuestra posición ante cualquier situación, nos hace conscientes de nuestra actitud trampa que no reconocemos a priori.

Con ejemplos, mejor:

hqdefaultSe rompe un plato al cogerlo del lavavajillas porque aún estaba un poco húmedo: en seguida recurrimos a la culpa para saber qué ha pasado y por qué. “No es mi culpa, estaba mojado”, una afirmación que parece coherente. Probemos ahora: “no es mi responsabilidad, estaba mojado”, ya no cuadra tanto, ¿verdad? En ambas frases parece que decimos lo mismo y el sentido vemos que cambia. La responsabilidad, entendida como capacidad o habilidad de responder ante una situación teniendo en cuanta las posibles consecuencias, es absolutamente mía, soy yo la persona que cojo el plato y quizás no contemplé la opción que precisamente sucedió.  ¿Y esto quiere decir que sea culpable de lo ocurrido?

Normalmente entendemos la culpa como un ataque, se muestra como una auténtica debilidad y hace que nos percibamos defectuosos. Detrás de la culpa viene el castigo ya que hemos aprendido que es la única solución posible para enmendar nuestro comportamiento fallido. Y lo mismo ocurre cuando apuntamos la culpa hacia el otro.

Realmente la culpa nos mantiene en el problema. Según el ejemplo, pienso que me considero culpable de romper el plato (“es mi culpa”). ¿Qué puedo hacer? ¿Qué soluciono? Probablemente, en tono victimista y castigador me perciba como una torpe, una despistada y más adjetivos descalificativos. Me centro en el problema y su causa y sufro.

Probemos con la fórmula de la responsabilidad: “es mi responsabilidad haber roto el plato”. Yo he elegido una respuesta, y no otra, a la hora de actuar, mi atención se centró en algo concreto (por ejemplo, darme prisa en recoger los platos para ir a recoger a mi hijo del colegio) y no reparé en la humedad de la vajilla, prioricé mi respuesta en base a una necesidad legítima. Dejo el ataque y me centro en buscar una solución al suceso, resuelvo sin victimización, dejo el auto juicio a un lado y comprendo mi elección. Además, como conozco la prioridad que me llevó a actuar, puedo orientarme a una solución práctica, coherente y alineada. ¿Recojo ahora el estropicio y llego tarde a recoger a mi hijo o continúo protegiendo mi verdadera necesidad? Centrada en mi elección, hago lo que considere, tengo el poder de volver a responder oportunamente a la situación que se me presenta. Y lo más importante, comprendo y legitimo mis elecciones.

Decidiendo qué prefieres en cada momento de tu vida, ataque y culpa o comprensión y responsabilidad, elije qué palabra puedes usar a partir de ahora.

regac3b1onaSi nos aventuramos con practicar con nosotros mismos, podemos hacer lo propio con terceras personas.

“Es culpa tuya que se haya pinchado la rueda al circular por ese terreno pedregoso”. Tono de ataque y centrado en el problema. Te castigo con indiferencia, un juicio de valor, un insulto, etc.

“Es tu responsabilidad haber pinchado la rueda eligiendo ese camino pedregoso” Tono comprensivo que devuelve al otro el poder de buscar una solución y prever que suceda algo parecido en el futuro. No hay castigo.

Recomiendo ser consciente de cuándo usamos una u otra palabra y para qué.

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