Sin duda, lo más duro del proceso de la comprensión

Si lo ves y no te deja indiferente, si duele, si escuece, algo se esconde y es hora de “rascar”.

Nada es tan opaco como para no vislumbrarlo ni sospecharlo levemente. Ahora bien, si no hay voluntad, si no hay valor, puedes volver a esconder la cabeza ahí donde sabes para que permanezca en la oscuridad que seas capaz de mantener. Que sepas que un día quedará derrumbada y la luz cegará, quizás no soportes su brillo, su claridad, su rotundidad. Más vale que estés preparado a lo que, sin duda, ocurrirá tarde o temprano sin poder evitarlo.

Puedes observarlo de cerca, de lejos, de lado o mucho mejor, de frente, según seas capaz, pero míralo. A menudo, eso que has construido mantiene un velo casi imposible de traspasar, pero recuerda que tú mismo lo has tejido, tú mismo puedes hacer que se desvanezca. La ceguera es la que tú quieres y deseas mantener. Tú puedes decidir en cualquier momento cuándo volver a ver.

Te irrita, te confunde, te duele. Aniquilarías de cuajo aquello que no soportas, sin apenas dudarlo. Eso es lo que importa, que lo estás viendo. La persona en la que ves aquello que más odias es quien muestra tu lado más vedado.

bolaAhora, despacio, puedes centrarte en el color, volumen, localización de la bola que te aprisiona en forma de emoción, céntrate justamente en aquello que no te deja respirar, ya sea odio, rabia, impotencia, ira o más indefinible aún. Simplemente no puedes eliminarlo, ahí queda, contigo, deja que pase, solo siente su fuerza, la misma que va perdiendo intensidad poco a poco.

Ahora, tranquilo, ya puedes verlo con nitidez. ¿Qué es lo que tanto te ha dolido? Defínelo, breve, al grano, con todas sus palabras. Ya sabes exactamente qué es lo que ha estimulado la explosión de tu sentimiento.

Lo más impactante es que ahora ya sabes algo más de ti mismo, exactamente eso que tanto te ha irritado, esa etiqueta, esa definición es una parte de ti, tan oculta que tú mismo te impides ver. Pero la Naturaleza es límpida y transparente y todo lo muestra, quieras atender a ello o no.

A veces el espejo no muestra la exactitud en cuanto a la forma concreta de aquello que no aceptas de ti, depende de  si estás o no dispuesto a aceptar su reflejo puedes analizar en qué forma se está manifestando. Y eso sólo lo puedes saber tú mismo, desde lo más profundo, no desde el velo, sino desde el lugar donde no estamos acostumbrados a mirar. El velo confunde, trascender de él es un paso cuidadoso para llegar comprender la magnitud de la muestra que se te presenta ante tus ojos. Es una oportunidad, de tantas, si hoy no llegas a más, en breve puedes volver a intentarlo, no hay prisa.

Detectado aquello que tanto te irrita e integrado en tu persona es hora de liberarse de la ovillo-de-hilo-de-lana-azul-sobre-blancoculpa, puesto que el auto juicio no lleva más que seguir odiándolo en ti y en el otro, nada resuelve. Lo más duro ya lo has hecho: ver. Intégralo con toda la inocencia e indulgencia que seas capaz. Es una ínfima parte de todo lo que eres, busca el motivo de ese rasgo descubierto en forma de comportamiento, comprende por qué te has comportado de esa forma que tanto castigas y que no has perdonado. Legitima tu motivo. Algo potente y prioritario te llevó a comportarte de tal modo.

Es un proceso, no es inmediato. Es duro y también satisfactorio y liberador.

Compréndelo en ti.

Y, poco a poco, lo comprenderás en el otro.

 

 

 

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