Lo hago por tu bien

Parece que esta frase legitima cualquier acción, parece que el fin justifica los medios, parece que tu bien es algo diferente a MI bien. Veamos.

El significado de “tu bien” ¿cuál es?

Me cuesta trabajo creer que haya un “tu bien” vacío y ajeno a un MI bien. Es más, me aventuro a afirmar que hay un MI bien enmascarado por un altruismo inexistente.

Pensemos, ¿cuántas veces utilizamos esta afirmación para no hacernos cargo de la realidad que nos abruma y eludir nuestra responsabilidad de solucionar lo nuestro, desviando el foco de atención al supuesto interés del otro? Me parece una forma de auto engaño. Es indiferente que ese otro sea la pareja, amigo, vecino o nuestro propio hijo. El bien del otro enmascara un interés personal que no acertamos a ver. Y esto tiene consecuencias terribles a largo plazo. Dejamos en manos de algo incierto y, muchas veces, imaginado, una decisión que nos concierne personalmente y no atendemos como necesitamos porque no nos hacemos honestos con la necesidad que perseguimos. Y todo ello en el nombre de “tu bien”.

esposasUn ejemplo: “Te prohíbo que vayas solo a nadar al río, por tu bien”. Si no nos hacemos honestos con la verdadera necesidad personal que palpita, probablemente no encontraremos más solución que la prohibición de hacer algo que nuestro hijo desea. Cambiemos esta frase centrándonos en lo real: “Me asusta que vayas solo al río porque necesito la tranquilidad de saber que no corres peligro”. Las vías de solución se abren o cambian porque el problema no se centra en que el niño vaya solo al río sino que vaya seguro.

A veces no enunciamos una prohibición expresa o no somos tan explícitos, simplemente justificamos internamente nuestro actuar “por bien del otro”. Pero el mecanismo y las consecuencias son las mismas. Ej. “acepto este trabajo fuera de la ciudad por el bien familiar, dejo de verles pero es por su bien, para mantenerla económicamente”.

No querer ver o vislumbrar nuestra verdadera preferencia, deseo y, más complicado aún, nuestra necesidad, ocurre cuando no queremos darnos cuenta de lo que está pasando a nuestro alrededor para no tener que tomar partido responsable y honestamente.

Entre las consecuencias evidentes de actuar en nombre de “tu bien” destacan la desconexión con lo que está ocurriendo en realidad, el auto engaño, la irresponsabilidad, la cesión de nuestro poder en manos de una causa “mayor” y el dejar de asumir riesgos. Muchas veces, a todo esto le sucede la frustración por no proteger nuestros propios intereses y nos damos cuenta de que el “sacrificio por el otro” no reporta los beneficios que esperábamos. Aparece la culpa, que normalmente suele recaer sobre el otro (el causante de nuestra decisión), el reproche (“encima que lo he hecho por tu bien, no me lo agradeces, compensas, etc…”) y las relaciones acaban deteriorándose por un cúmulo de expectativas insatisfechas.

¿No te parecen demasiadas consecuencias?

Cada vez que te encuentres tomando una decisión de hacer o no hacer algo por causas ajenas a tu verdadera necesidad (por el bien del otro, de la familia, de la humanidad o similar) pregúntate qué hay detrás de todo esto porque quizás necesites cambiar la decisión que has adoptado o puede que ésta se reafirme y seas consciente de que, lo que realmente deseas al atender tu necesidad, beneficia además al otro.

Y la pregunta vuelve a ser la misma: “¿Para qué decido esto?”

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