Los efectos de la imposición vendida

Seguramente, la persona que está habituada a maquillar y endulzar las imposiciones no repara en lo perjudicial que resulta a la hora de lograr acuerdos sólidos en una controversia.

El que lo padece sí lo sabe. Y lo sabe porque lo percibe. En algún post anterior me referí a los requisitos que considero necesarios para que un acuerdo sea efectivo y hablé de la honestidad. No hay confianza sin franquezaDos no acuerdan si uno no quiere.

Si lo que pretendemos es imponer, impongamos pero no tratemos de embaucar a la otra parte “vendiendo” lo beneficioso de la orden porque, aunque a corto plazo puede ser fácil lograr su acatamiento, convenciendo además de que estamos cubriendo la necesidad del otro, éste pronto se dará cuenta de la quimera y la confianza comenzará a deteriorarse. No solo el acuerdo se desvanece, la consecuencia será más negativa si la relación entre las partes necesita perdurar.

serpiente¿Merece la pena? Quizás para muchos sí. No olvidemos que con una confianza quebrada es prácticamente imposible llegar a acuerdos futuros. Si lo que queremos es un clima de negociación y acuerdo, las imposiciones no son una alternativa. En una relación que queramos que sea duradera por cualquier motivo (laboral o familiar, por ejemplo) necesitamos alcanzar la equidad. Ahora bien, si una de las partes pretende mermar esa equidad, por estrategia, jerarquía, inseguridades personales u otra causa, es más productivo que honestamente imponga una orden, una obligación de actuar, una exigencia, tal y como es, sin disfraz. Así no hay lugar a dudas de ningún tipo. Y ya es la otra parte la que decide en consecuencia. Revestir y enmascarar el imperativo no hace otra cosa que demorar la consecuencia cuando la manipulación es descubierta.

No hay vuelta atrás, detectada una imposición vendida, la confianza para lograr sucesivos acuerdos queda deteriorada o quebrada definitivamente y esto va a constituir un gran hándicap en la relación y sus futuras controversias, conflictos, discusiones o simples debates.

Y no nos olvidemos de nuestra capacidad de aprendizaje. Poco a poco, vamos detectando pequeños detalles que anticipan la artimaña de la venta, el clima se tensa, la conexión se pierde y el desacuerdo está prácticamente servido.

Honestidad y franqueza, ya sea para imponer como para acordar, asumiendo consecuencias en uno y en otro caso.

El deseo de llegar a un pacto con la otra parte se percibe fácilmente.

Lo contrario también.

 

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