¿Adaptándonos al medio o resignándonos?

¿Qué está pasando hoy con el género humano? ¿Por qué estamos tan paralizados?

Siento desesperanza y desazón.

Contemplamos todos los desastres de nuestro alrededor y negamos una y otra vez que esté ocurriendo. La cultura del espectáculo y del entretenimiento despista cualquier atisbo de responsabilidad personal respecto a nuestro entorno. ¿A qué esperamos?

Los medios de comunicación colaboran poco. Informar cada día en primera página un desastre natural acaecido (tenemos más de uno y más de dos al día donde buscar la noticia), la tasa de deshielo que cada año se eleva por encima de las previsiones más desalentadoras, huracanes, inundaciones… es una manera de concienciar a nivel particular. ¿Por qué esperamos a que alguien mediático anuncie de forma drástica lo que ya sabemos?

mundo_manosSoluciones hay y están más que inventadas, desarrolladas y puestas en marcha años atrás. Ya los griegos y romanos utilizaban la energía del sol empleando el sentido común. Mouchot o Schuman iniciaron proyectos más que ambiciosos al respecto, imaginación no nos falta, somos tremendamente creativos y nuestra capacidad racional nos ha llevado siempre a soluciones impensables. La ambición (o simple necesidad) de adaptarnos al medio, fuera cual fuese, nos ha acompañado siempre.

¿Parálisis? Es lo que percibo cuando miro a mí alrededor, es como si una nube negra estuviera encima de nosotros, sin dejarnos ver la luz. Caminando por la calle, más de la mitad de los individuos estamos absortos en las pantallas de nuestros móviles, llegamos a casa y seguimos enganchados a cualquier otro artilugio que nos permita no pensar, nuestro tiempo de ocio lo dedicamos a acudir a los grandes centros de espectáculos para continuar anestesiados. Y así sucesivamente. Y cada vez cuesta mucho más abrir los ojos. Esperamos a que algo o alguien nos advierta que esto se acaba.

Pues se acaba.

Percibiéndonos solos, sin conciencia de unidad y a la vez diluidos en la masa, a merced del entorno social, cómodos, resignados, a la espera de que algo o alguien tome la iniciativa. Apenas nos miramos a los ojos, hemos dejado de buscar la identidad universal en el rostro ajeno, vamos perdiendo la unión y ya no nos interesa preservarnos. ¿Dónde está la rebeldía, el empuje? ¿No percibimos las necesidades más básicas? Confundimos los deseos con las necesidades y olvidamos lo básico. Sin lo básico, nada se construye. Estamos empeñados en alzar rascacielos en una nada demoledora.

Cuando algo tan alto cae, se escucha. ¿No lo oyes?

Pero yo no soy nadie que impacte y este será otro post de preocupación y de desesperanza más.

Y continuaremos anestesiados, sin empuje, perezosos a cualquier iniciativa que cueste esfuerzo. La gratificación de la comodidad inmediata parece ser más apetecible que la recompensa futura por muy estimulante que sea. Pero lo inmediato finaliza y queda mucho por recomponer. Si vislumbramos por un momento el rayo cegador lejano nos envolverá de tal forma que no habrá compensación cercana que nos atraiga. La trivialidad momentánea es endeble. ¿No podemos llegar a imaginarlo?

Las generaciones que nos suceden están en riesgo de una anestesia mayor, no es que se vayan a anquilosar con mayor severidad, es que son un producto, una consecuencia directa de nuestro letargo progresivo. Y mientras no despertemos, será muy difícil sembrar en ellos el impulso del cambio.

Necesitamos volver a tener ese interés adaptativo por perpetuar nuestra especie, recuperar la esencia innata del impulso instintivo que un día cuestionamos por considerarnos seres racionales. Racionales somos, sí. También emofosfcionales. Y no olvidemos lo que un día comenzamos siendo con mayor fuerza, aquello que nos hizo humildes y adaptativos: reptilianos, orientados a la supervivencia. Creo que toca despertar de nuevo esta porción cerebral.

Si coloreáramos de un color fosforito cuánto mal lanzamos a nuestro entorno, percibiríamos la magnitud cada día. Quizás necesitamos percibir lo obvio con obviedades. Imaginemos un poco y situémonos en nuestro papel. Levantemos la vista, dejemos a un lado poco a poco lo que nos despista y recuperemos las riendas de lo que toca defender.

Somos responsables.

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