Fomentar el miedo no es protegerles

“Cuando la información que llega a la conciencia es congruente con nuestras metas, la energía psíquica fluye sin esfuerzo”. Mihaly Csikszentmihalyi.

Experimentar esto al menos una vez en la vida es más que suficiente para que sepamos que fluir es alinearse por completo y que es un estado de felicidad plena. Si jamás hemos logrado este estado o, mejor expresado, si no somos conscientes de haberlo sentido, es muy posible que creamos que el disfrute en sí mismo no es suficiente satisfacción para realizar cualquier acción.

Y entonces aparece lo más nocivo, bajo mi parecer: alentamos a nuestros hijos, alumnos, etc., a marcarse metas por objetivos externos más allá de la misma satisfacción y felicidad intrínseca del propio desempeño en cuestión. Y vienen los miedos. El mero pensamiento de no conseguir la recompensa deseada inhibe el empeño y bloquea la energía de la realización misma de la acción. Y el disfrute tiende a cesar.

Si somos conscientes de que no fluimos, al menos demos la oportunidad de que ellos sí lo puedan experimentar porque puede ser la clave de su verdadero impulso. Nuestro miedo fracasar, a perder lo que no hemos conseguido aún, a dejar de ser reconocidos, todo ello lo podemos gestionar o no, cada cual lo que prefiera, pero que no sea la venda con la que ceguemos a los más pequeños a la hora de actuar.

Animar y no destruir. Si no perseguimos nuestros sueños por el motivo que sea (seguro que también es legítimo) tratemos de que ellos sepan discernir el camino. Ensayo-error, muchas veces consiste en eso. Que lo intenten sin parar. ¿Que concluyen que no es lo que realmente les entusiasma? Que sea porque ellos mismos descubren que no lo es. Alentarles a no intentarlo no es protegerles de la caída, es mantenerles en el suelo, inmóviles, aletargados.

Busquemos vías para que sepan hacerlo.

Concentración plena sin percibirla, respiración alineada sin necesidad de forzar, simplemente no pensar, actuar y ser lo que hacemos, sentir cómo el tiempo se detiene completamente aunque no seamos conscientes de ello en el mismo momento. Estos instantes son volátiles y si intentamos mantenerlos, se escapan.

No es inculcar, es transmitir. Si no queremos aprender para saber transmitir, al menos, dejemos de bloquear. Mantengámonos lejos antes de destruir sus ilusiones, sus sueños, sus metas. Permitamos que se equivoquen y sobre todo, que experimenten para que decidan desde lo más interno.

Y si nos incomodan sus proyectos, quizás debamos replantearnos nuestra labor como educadores.

¿Quieres educar o dejarte llevar por tus miedos?

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