La pérdida que supone sacar la filosofía de las aulas

Los expertos afirman que “hay nada más y nada menos que cien mil millones de neuronas, desde los tres o cuatro días de haber nacido, donde cada una de ellas puede conectarse con otras diez mil neuronas, al menos, estableciendo cien trillones de conexiones entre sí, siendo cada conexión la consecuencia de un nuevo aprendizaje” (Nora Rodríguez, Neuroeducación para padres). Pues bien, la neurobiología confirma que cada cerebro es único, no hay dos iguales. Esto es asombroso, absolutamente, porque somos un potencial inmenso y original. Aprendemos desde el principio, cada uno de una forma diferente y la repetición de lo aprendido, a través de acciones (y hábitos) ayuda a mantener las conexiones. Pronto empiezan a desaparecer neuronas que no conexionan ni son parte de la red. A los 4-5 años, alcanzamos el 80% de las conexiones por su uso constante.

¡Somos únicos! Cada cual con sus talentos, cada cual con sus habilidades, que se potenciarán o no, según nuestras interacciones con los demás y con el medio ambiente.

Ante tal magnitud, ¿por qué otros “expertos” se empeñan en coartar la creatividad y la capacidad de pensamiento de nuestros pequeños y no tan pequeños? ¿es que no es obvio que sacar la asignatura de Filosofía de las aulas supone una pérdida demasiado abrumadora?

Quienes recordamos el estudio de esta asignatura desde la pasión, absoluta reflexión, con asombro y descubrimiento, desde el cuestionamiento, probablemente no nos hayamos desenganchado nunca de ella. Si bien es cierto, muchas personas recuerdan la Filosofía como una asignatura aburrida y costosa de estudiar. Siempre hay que considerar que quien la imparte puede querer transmitir o simplemente impartir.

Nuestros niños necesitan espacios de reflexión, donde puedan extraer todo el jugo creativo de su mente, donde puedan expresar aquello que piensan, donde aprendan a escuchar con respeto y a modelar sus propias hipótesis. Queremos un futuro donde quepa el diálogo pero ¿cuándo creamos lugares para ello? ¿en qué momento? No nos engañemos, las redes sociales no proporcionan estos espacios, proporcionan otras cosas pero esto no, en casa hacemos lo que podemos (unos más, otros menos, otros casi nada) y la escuela es un lugar donde los pequeños pasan innumerables horas. ¿Por qué no aprovechar al menos una hora por semana para dialogar sobre cuestiones de vida? ¿Es necesario aprender el pensamiento de otros autores? En mi opinión, más que aprender, me inclino más por llegar a entender los recobecos de otros procesos de pensamiento, respetar reflexiones surgidas desde otros puntos de vista. Con ello, reforzamos, además, la empatía. No obstante no es preciso que desde primero de primaria hablemos de la epistemología de Platón o del pensamiento ontológico de Nietzsche ya que lo que no se entiende desde la emoción, de forma natural y aplicable a la práctica, lo que no es útil para quien aprende, deja de interesarle y, en consecuencia, deja de aprenderlo. Hay otros caminos que invitan al entendimiento y al aprendizaje.

Hay tanto por hacer, se pueden plantear tantas actividades. Me consta que hay centros que están buscando estos espacios de reflexión, donde fomentan el debate y son los niños quienes toman la palabra. Pensemos en nuestra responsabilidad de lo que queremos fomentar, personas que repiten patrones sin cuestionar o personas que den validez a sus propios pensamientos, que construyan con todo su talento en marcha, que destruyan aquello que, contrastado con otras personas, no les valga ya y se atrevan a volver a construir.

Yo lo tengo claro.

¿Es que hemos tirado la toalla? ¿Qué tipo de respeto vamos a pedirles si no fomentamos momentos en los que sea necesaria la escucha y la reflexión? Incluso corremos el riesgo de que la falta de respeto sea hacia uno mismo. Repetir no es innovar y si no damos oportunidades de extraer lo propio, entenderán que no son válidos, ni originales, la autoestima caerá por los suelos. Invalidar respuestas sin una discusión o un debate me parece un ataque a su creatividad. El mensaje es claro: lo tuyo no vale, vale lo mío porque soy adulto, porque es lo que le vale a la mayoría o porque siempre ha valido. ¿Queremos esto?

Yo no.

Si la legislación va por un camino, a mi juicio inconsciente al determinar que la Filosofía debe abandonar las aulas, los docentes, padres y la sociedad misma podemos impulsar aquello que deseamos de verdad para ellos. Mañana igual será tarde. Hoy es un buen momento para empezar y hay un sinfín de recursos para ello.

¿Te sumas?

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