Cuando inducimos a la adicción. ¿Reflexionamos?

Tal vez no somos muy conscientes porque los estímulos también son nuevos para nosotros y nos cuesta prever consecuencias. Tal vez podamos seguir escondiéndonos en este aparente desconocimiento pero mi intuición me sigue diciendo que la inconsciencia es una excusa para seguir en la oscuridad y así no ver. Tenemos miles de oportunidades de aprender a mirar más allá, es cuestión de atreverse a romper el hábito, destruir cadenas, eliminar vendas y afrontar quiénes somos con todas las consecuencias.

Me cuesta creer que, conociendo los riesgos, induzcamos sin pudor a nuestros más pequeños a las nuevas adicciones, igual de patológicas y nocivas que las clásicas. Realmente ya no son tan nuevas pero recurrimos a esta premisa para excusarnos impunemente. Videojuegos, tablets, móviles, youtube (youtubers, muchos de ellos muy cuestionables), películas impregnadas de violencia y contenidos poco aptos para menores (¿y mayores?), consumo desenfrenado que aparentemente calma algo mucho más profundo (les compro, les doy, les consigo… porque no tengo, me falta, no soy…). Parece que no se trata de adicciones porque no hay una sustancia como tal. ¿Seguro?

Repasemos brevemente qué implica la adicciónpérdida de control, aparición de síndrome de abstinencia, fuerte dependencia psicológica, interferencia en la vida cotidiana y pérdida de interés por otras actividades. Podría extenderme pero estas pinceladas en sí mismas son más que suficientes.

  • Pérdida de control: ¿Cuándo hemos permitido / inducido que traspasen el umbral del mero deseo? Las adicciones tienen un patrón común: el refuerzo inmediato. Este “premio” favorece la repetición del uso hasta convertirlo en algo necesario para la persona (también niño/a). Nuestros neurotransmisores se encargan, además, de ensalzar el placer de la recompensa. Controlar el impulso del deseo cuando hemos caído en esta pérdida de control puede ir regulando la dependencia. Ayudarles a ello es nuestra responsabilidad, si decidimos ser conscientes.
  • Síndrome de abstinencia: Ansiedad, irritabilidad, nerviosismo (actuar “a cámara rápida”, le llamo yo), tristeza son algunas consecuencias cuando se priva al adicto de su fuente de “felicidad”. La inmediatez de las nuevas adicciones juega en nuestra contra, la aparente comunicación constante es un aliciente que refuerza aún más los efectos de la recompensa. Pero centrándonos solo en el placer del refuerzo, el no obtenerlo provoca los ya conocidos efectos de otras adicciones más clásicas. Cuanto más fácil y rápido es el acceso a la satisfacción del deseo, más fácil es crear adicción. Siendo conscientes de nuestro grado de responsabilidad en este momento podemos ayudarles a cambiar de hábitos, de actividades y a mitigar estos estados de ánimo.
  • Dependencia psicológica: la anestesia que produce la satisfacción del deseo es muy placentera, ayuda a olvidar vacíos y otorga al adicto la ilusión de poder controlar estas carencias (se trata de una forma de auto-engaño, una venda más). Realizar actividades adictivas adormece las emociones y ayuda a controlar la ira interna. “Me siento suelto y a la vez estoy perezoso” (esta frase, que es real, puede describirnos alguna de las sensaciones). Si, además, el menor logra una aprobación del adulto que induce a la adicción (simplemente compartiendo horas de su tiempo con el adicto), el refuerzo es aún más irresistible. ¿Nos cuestionamos nuestro grado personal de adicción en estos momentos? ¿Qué pretendemos en realidad? ¿Nos consideramos enganchados de igual forma y es nuestra manera de compartir tiempo con ellos o simplemente se trata de comodidad? Si no sabemos actuar de otro modo, ¿es hora de pedir ayuda? ¿Pensamos en todo esto o preferimos seguir aletargados? La bola emocional que adivinamos que existe hoy se va haciendo más grande a medida que “sabemos y no hacemos nada” al respecto.

¿Por qué consideramos terrible la imagen de menores de 6,8 ó 10 años fumando y no vemos igual de alarmados la imagen de estos niños mirando vídeos adultos, de contenido violento, intolerantes o simplemente vacíos, durante 4, 5 ó 6 horas al día?

El consuelo, respaldo y aparente felicidad que logran en la adicción nos puede hacer reflexionar: ¿por qué buscan estos efectos en algo tan externo pudiendo encontrarlo en nuestro amor, dedicación, apoyo, compañía, conversación, juego, enseñanza, cercanía, sonrisa, abrazo y presencia?

Valoremos consecuencias. Hoy podemos empezar a hacer algo diferente.

 

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