¿Quieres que el miedo sea tu impulso habitual? ¿Y el de tus hijos o educandos?

El niño me explicó: “cuando me dijo que si no aprobaba el examen me quedaría sin (….) hasta que le demostrara que iba a estudiar mejor, me puse a llorar pero a la vez me puse a estudiar lo mejor que sabía”.

¿Por qué te pusiste a llorar? -le pregunté-

“Porque no quería perder (….) durante tanto tiempo”.

¿Pero lo que te impulsó a concentrarte a estudiar fue el miedo a perder (…)?  – pregunté-

“Sí”.

¿Te gustaría tener un motivo tuyo, que no sea un miedo, que te impulse a concentrarte a estudiar?

Entonces se le iluminó la cara, sonrió y un SÍ rotundo asomó por sus labios: “Sí, me encantaría, no me gusta tener miedo“.

Vuelvo a hablar del castigo una vez más como método retributivo a utilizar frente a lo que consideramos un mal comportamiento.

¿Usar el castigo como amenaza funciona? Por supuesto, el miedo puede impulsarnos a evitar un mal que no deseamos, hacemos lo que sea necesario para no decepcionar, para no perder privilegios, cariño, confianza o algo material. También ayuda a agudizar el ingenio e inventar formas de encubrir lo que hemos hecho si creemos que va a conllevar una pérdida. Mentir, desviar, edulcorar nuestro actos para evitar aquello que tememos es un recurso que aprendemos pronto. Y el miedo como recurso habitual nubla otros recursos, puede llegar a paralizar o a bloquear otros modos de buscar soluciones. El miedo patológico tiene diferentes máscaras, una de ellas es la ansiedad.

Y ellos, ¿qué sienten? ¿a qué se acostumbran? ¿qué aprenden a utilizar con sus semejantes para lograr sus objetivos?

Hace poco leí el artículo “penas más duras no conllevan una disminución de los delitos” de Virginia Domingo, gran defensora de la Justicia Restaurativa y cada vez encuentro más paralelismos entre el enfoque restaurativo en justicia penal y en la educación. Todo parte de cómo eduquemos. Y fomentar la empatía desde los mismos educadores requiere autoemptía y esto no puede ser posible sin un profundo autoconocimiento. Conocer y comprender desde el autoconocimiento y autocomprensión. De no ser así, la proyección y la censura toma las riendas y nos desconectamos del educando (tanto o más de lo que nos hemos desconectado de nosotros mismos).

¿Transmitir o inculcar? No queramos inculcar respeto y sentido común si les transmitimos lo contrario. Aprenden lo que somos con ellos, lo que les mostramos con nuestros actos, no aprenden palabras vacías. Pronto aprenden a desechar el dogma si no ven ejemplos en un día a día. Y dejan de confiar en nuestras palabras cada vez más.

En el caso del niño anterior. La amenaza de privarle de algo que le gusta por tiempo indefinido es brutal. ¿A qué se atiene? ¿Cómo puede controlar lo que el adulto entiende qué significa “demostrar que va a estudiar mejor”? ¿Se refiere a conseguir el resultado de aprobar o a pasar cuatro horas sin salir de la habitación? Esa vagueza puede causar una indefensión fuera de control. Y desde la indefensión es fácil tirar la toalla. “Si no puedo controlar el resultado, no me puedo esforzar hacia ningún lado”. Además, el miedo se convierte en su gran impulso.

Censurar el resultado (suspender) en lugar de valorar el problema (falta de concentración, falta de interés…) no se resuelve con una amenaza. Puede suscitar una motivación externa que impusle, de un modo u otro, recursos del niño pero estamos colocando su fuerza fuera de sí. Pocas veces mantenemos una actividad si ésta depende de un refuerzo externo. Como impulso funciona pero ¿queremos realmente que ellos funcionen a base de elementos externos  o que encuentren el “quiero detrás del tengo que hacerlo”? Dando tanto valor al resultado y no a los medios podemos abrir otras vías de llegar a él. Si el niño no tiene interés o le falta habilidades de concentración pero teme la consecuencia si no logra un resultado concreto (aprobar), pronto llegará a la conclusión de que la trampa pude ayudarle. Centrarles en un resultado fomenta la búsqueda de cualquier medio para lograrlo (copiar, falsificar notas, etc.).

Y tú ¿funcionas a base de refuerzos externos o miedo a la pérdida? ¿Te gustaría dejar de actuar de manera tan automática y encontrar tu motivación interna? Es conveniente tener claro qué necesitamos nosotros para actuar en consecuencia. Educar es una de las consecuencias de nuestro enfoque al actuar.

Considero fundamental la práctica restaurativa en nuestra labor educativa como modo de fomentar el entendimiento en un doble sentido: entenderles  (entendiéndonos) y que aprendan el valor de la comprensión  en sus relaciones desde la autocomprensión.

Aprender educando, educar aprendiendo. No dejar de aprender porque educar a ciegas trae consecuencias.

Transmitimos lo que somos, somos lo que actuamos, no lo que decimos. Ellos lo saben, lo captan, la coherencia es un arte, ellos son artistas desde que nacen.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Aprender educando, Auto-conocimiento, Gestion de conflictos y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s