Cuando el refugio interno es una opción

Siempre hay una luz que separa nuestro interior de todo lo demás. Lo sé. Protege, amortigua, ampara y vela. A veces el refugio es la mejor opción, coger fuerzas, aire y volver a salir ahí fuera donde la hostilidad es tan enorme o donde la manipulación es la tendencia. El auto control es la clave.

Sea cual sea la situación, ese lugar en uno mismo, es único y nunca desaparece del todo. Y es que quien tiene un por qué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo. Y cada uno elige la actitud que adopta en cada circunstancia. ¿Qué significa para ti la situación que estás viviendo ahora? Es lo que verdaderamente importa, tu significado y lo que eliges en cada momento para enfocar lo que vives. Eso nadie, absolutamente nadie lo puede arrebatar.

Siempre elegimos nosotros.

Cualquiera puede tratar de desnivelarnos o de utilizarnos. Sólo nosotros podemos marcar los límites de la situación concreta. Auto controlarnos es la prioridad para no ceder poder a quien sabe qué hacer con él. Si recordamos cómo funciona la mente manipuladora, sabemos que su néctar es la explosión de la víctima. Darle precisamente eso le alimenta.

¿Cómo evitarlo? Neutralidad emocional. Y nuestra reacción es nuestra más preciada responsabilidad, el momento lo decidimos nosotros. Descansar en el refugio, nutrirnos de lo necesario, calmar emociones para levantar nuevamente el vuelo y continuar asépticamente. Porque, ante la provocación, necesitamos tomar la decisión de reaccionar o mantener nuestra estabilidad. Y aquí necesitamos emplear nuestra fuerza, en esta decisión. Actuar consecuentemente es el segundo paso. Si decidimos preservar nuestra estabilidad, dejaremos de reaccionar para responder exactamente como queremos hacerlo, no como podemos. Nuestra reacción es su segundo plato, lleno de nutrientes. Nuestra estabilidad es su ayuno. Cuidado que el ayuno desespera a quien lo padece y hará todo cuanto esté en su mano por lograr más y más alimento. Y su postre es conocer aspectos personales de nuestra vida, sabe dónde almacenarlo para exprimir al máximo su jugo. Cualquier opinión que mostremos, le da pistas para jugar su juego, utiliza cualquier atisbo nuestro para atacar en el momento menos esperado.

Respirar con consciencia y analizar cuidadosamente la energía que fluye por nuestro cuerpo antes de reaccionar. Separarnos de la misma situación, observarla de lejos, todo esto nos acerca al refugio que tenemos preparado en nuestro interior. Cálido y mullido, nos dejamos caer sin dudar para cuidarnos de nuevo. El refugio nos devuelve la perspectiva real y es cuando sabemos establecer límites precisos. Cuidar al máximo a qué atendemos, sus ansias de control es su motivo. Si fijamos nuestra atención a lo que espera y desea, logrará nuestro control. Los únicos responsables de elegir a dónde dirigimos nuestra atención somos nosotros mismos, nadie desvía nada, nadie nos hace reaccionar, siempre hay un hueco de luz que separa la intención del otro de nuestra decisión de qué hacer con ello.

Y esa luz es lo que separa a uno mismo de todo lo demás.

Ante cualquier intento de manipulación, puedes encontrar tal resquicio de luz. Siempre está. Templanza.

Siempre eliges tú.

 

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