Cuando no percibimos la realidad tal y como es ¿estamos mintiendo?

En los conflictos nos encontramos puntos de vista diferentes, en esto estamos todos bastante de acuerdo. Que sean distintos no quiere decir que uno sea mejor que el otro ni más verdadero. Ahora bien, cuando uno miente para decorar la realidad hacia su razón sí podemos afirmar que uno de los puntos de vista es menos verídico que el otro. Sin embargo, me temo, que ninguno será del todo real, ni objetivo, ni cierto por completo.

¿Cuando una de las partes cuenta “su verdad” decimos que miente? En la gran mayoría de los casos se trata de una expresión de la interpretación parcial o focal de los estímulos ambientales que percibe. En otros, la manipula para lograr un objetivo concreto en el conflicto.

Pero cuando la persona realmente no alcanza a ver la realidad tal y como es, ¿miente, manipula la versión o simplemente la ve como la ve?

No es sencillo discernir un caso del otro, tampoco es muy diferente su consecuencia inicial: diferentes puntos de vista. Ahora bien, si una de las partes no llega a percibir la realidad tal y como sucede, difícilmente va a poder llegar a entender la visión de la otra parte porque le parecerá que esta visión no tiene nada que ver con su historia y, ante la imposibilidad de percibir adecuadamente, volcará la responsabilidad de lo sucedido hacia fuera porque no puede verla dentro.

Con un ejemplo sencillo, puede comprenderse:

Manuel percibe que el aparato de la TV no se enciende e interpreta que su compañero de piso ha estropeado el cable ya que el día anterior tuvieron una fuerte discusión en relación con la programación que ver. Roberto percibe la TV estropeada igualmente e interpreta que, de la discusión del día anterior, Manuel pudo golpear el aparato y por ello ya no funciona. Carlos, tercero en la escena, corrobora que hubo una discusión el día anterior y que la TV efectivamente no se enciende.

En este caso, ambos perciben el mismo tipo de estímulo (TV que no se enciende) y cada uno lo interpreta según su pensamiento, experiencia previa, visión, juicio de valor, construyendo una versión. Si quieren y escuchan, pueden llegar a visualizar la interpretación del otro y entenderse.

Imaginemos ahora que Manuel percibe, sin que esto haya ocurrido, que la TV sí que se ha encendido cuando ha pulsado el botón del mando pero que, al llegar Roberto y pasar por al lado del aparato, se apagó de inmediato para no volver a funcionar más. Carlos, tercero en la escena, corrobora que la TV no se encendió cuando Manuel declara. Roberto, por mucho que tenga intención de comprender el punto de vista de Manuel, no puede compartir la percepción de éste. Ya no se trata de poder comprender su interpretación, es que perciben hechos diferentes. En este caso, hay un tercero que puede confirmar el hecho de una forma más objetiva desde una tercera posición, ajena al conflicto, pero muchas veces no contamos con este tercero y a menudo desconocemos la realidad.

Generalmente y en nuestro primer ejemplo, los estímulos sensitivos del hecho los perciben ambas partes del conflicto. Una interpretará estos estímulos en función de sus pensamientos, creencias, experiencias, juicios, valores, etiquetas… Pero puede llegar a comprender, si acepta trabajar en la gestión de su conflicto, la visión de la otra parte si entiende, aunque no comparta, sus pensamientos, creencias, experiencias, es decir, todo su mundo interno. El proceso es similar en el fondo pero con un escenario distinto. Ahora bien, cuando la otra parte explica su versión de los hechos desde un fondo diferente, no es la forma lo que difiere sino la esencia misma. Digamos que una de las partes percibe unos estímulos que interpreta y la otra otros estímulos diferentes, con su interpretación oportuna. Aquí es complejo trabajar la empatía y comprensión mutua. El entendimiento se torna prácticamente imposible.

Lamentablemente, hay muchas situaciones de este tipo, más de las que pensamos. A priori vemos personas poco empáticas, “cerradas” o manipuladoras pero lo cierto es que muchas de estas personas son incapaces de percibir como la mayoría.

No existe intención de desvirtuar la verdad, por lo que no podemos exigir una responsabilidad al respecto ni un cambio de actitud. Asegurarán que la realidad es la que ven y no otra. Y así es. Manuel, en nuestro ejemplo, se ve sin ningún tipo de responsabilidad en la TV estropeada. Vuelca la responsabilidad en Roberto porque parte de hechos que no han ocurrido en realidad.

Podemos ver muy lejano este tipo de comportamiento. A veces no nos damos cuenta de que podemos estar cerrados, no a puntos de vista diferentes, sino a percibir lo que pasa a nuestro alrededor.

El autoengaño para lograr que nada se mueva de un lugar conocido es muy común y opera más de lo que pensamos. Y este autoengaño, convertido en un hábito, genera  opacidad o ceguera a lo que sucede a nuestro alrededor. Es muy posible que Manuel, acostumbrado a decorar la realidad hacia su prisma, vea algo que no ocurre porque este mecanismo se ha convertido en su hábito: distorsionar de forma automática su percepción sin que intervenga la consciencia.

Reflexionemos: si recurrimos al engaño para manipular la realidad a nuestro favor, ¿qué conseguimos con esta actitud?

Reflexionemos: si recurrimos al autoengaño como hábito para no salir de nuestra zona de confort ¿qué logramos?

Responsabilizarnos de nuestra actitud es útil para saber qué necesitamos cambiar y, si queremos, hacerlo.

Siempre eliges tú.

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