Elección sí. Control ¿para qué?

Siempre eliges tú. A menudo acabo así las entradas de este blog. Porque así lo creo de verdad.

Elegimos constantemente. Decidimos, actuamos, nos alegramos con el éxito, nos frustramos si fracasamos. Es un tiovivo que nos controla. Demasiadas expectativas. La ilusión de control nos hace sufrir.

Tres elementos: lo que hacemos, nuestra actitud y los resultados. ¿Qué crees que podemos controlar? ¿Los tres? ¿Ninguno? Venga, piénsalo por un momento.

Imaginemos que estamos preparando un examen importante que nos puede llevar a una plaza pública. Estudiamos todos los temas con precisión, nos sentimos animados porque realmente pensamos que vamos a obtener buena nota y el puesto deseado. Nos imaginamos disfrutando de nuestros próximos años con una plaza fija y estable. Montamos una vida en nuestra mente alrededor de esta ilusión. Llega el día del examen y una terrible fiebre nos desmonta toda nuestra expectativa. Aun así decidimos presentarnos a la prueba, nuestra actitud nos define. Hacemos todo lo que está en nuestra mano, todo nuestro esfuerzo encima de la mesa pero las cosas no salen como esperábamos. La vista nublada, la falta de concentración y los escalofríos entorpecen tanta preparación. ¿El resultado? Aprobamos la prueba pero no logramos el éxito esperado, la plaza no es para nosotros esta vez.

Realmente, ¿qué hemos podido controlar? Nuestra actitud, persistencia y todo el esfuerzo posible. Además, hemos elegido presentarnos al examen, hacer todo lo que estaba en nuestra mano antes de tirar la toalla. ¿Qué es lo que no podemos controlar? El resultado.

Saber esto nos libera.

A mi juicio, podemos entenderlo de dos formas:

1.- Como no controlamos el resultado, ¿para qué el esfuerzo? ¿Para qué elegir?

2.- Como no controlamos el resultado, al menos podemos controlar las elecciones, nuestra forma de actuar y la actitud.

¡Vamos a por el objetivo siendo conscientes de que el resultado no lo podemos predecir!

Pensándolo así, todo tiene un punto más emocionante.

Porque por mucho que creemos el camino, quitemos malas hierbas, lo alisemos o lo empedremos y lo cerquemos, un sin fin de caminos alternativos, austeros, repletos de baches o bien transitables, nos van a abordar. Nuestra actitud ante estos desvíos marca la diferencia.

Van a estar, van a continuar, no podemos controlar cómo va a ser el camino ni mucho menos el destino final.

Podemos actuar con todas nuestras fuerzas y con la mejor actitud posible, todo lo contrario o a medias.

Siempre eliges tú.

 

 

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