Asumiendo renuncias en la gestión consciente del conflicto

Hay varias formas de enfrentarse a un conflicto. En estos momentos pienso en dos:

Una forma es desde la emoción como principal director de orquesta. La otra, desde la consciencia. Ambas tienen resultados diferentes porque el camino a recorrer también es diferente.

Cuando la emoción que lidera la gestión es la ira, solemos anclarnos a ella porque nos otorga poder. Nos sentimos fuertes porque nos percibimos menos vulnerables, con control. ¿Recordamos que tras la ira se esconde el miedo o temor a algo concreto? Gracias a esta emoción nos enfocamos a una acción determinada, que suele ser bastante inmediata. Exigencia, presión hacia el otro, chantaje, agresión física… todo es posible  si nuestro fin es resolver el conflicto con la idea de ganar. Pero ¿y la relación con el otro? ¿Y con nosotros mismos? ¿Cómo queda? ¿Queremos una relación basada en el miedo, en la rebelión o en la sumisión?

Ir escalando en el mundo de la consciencia conlleva una gestión del conflicto más eficiente pero también necesitamos asumir pérdidas que si bien, a corto plazo duelen, acaban compensando. Empezamos a ser conscientes de que el control que creíamos tener es tan sólo es una ilusión y nos desconcertamos. También comenzamos a renunciar a la victoria por sistema. ¿Para qué sirve ganar si esto conlleva un deterioro en la relación con la persona?

Muchas veces deseamos con todas nuestras fuerzas vengarnos del daño que hemos sufrido en un conflicto pero tal venganza puede ser dulce sólo en un primer momento. Luego se agría y se enquista en algún lugar de nuestro cuerpo. Se convierte en un hábito sencillo de adquirir porque conlleva una adicción complicada de razonar, el circuito de recompensas de nuestro cerebro se activa y nos produce placer. El hábito se acaba convirtiendo en un rasgo del carácter cada vez más anclado en nosotros. Lo dañino queda instalado como una App más en nuestra mente. Poco a poco, esta aplicación va ganando puestos y queda en primer orden de nuestra pantalla. Acabamos eligiéndola casi por inercia porque es la primera, es sencillo acceder a ella y es cómodo.

Ascender en consciencia implica renunciar este dulce caramelo, en pro de un beneficio mayor pero más lejano: tranquilidad, sosiego y paz. Es difícil elegir este camino y fácil quedarse en el placer más inmediato. Es decisión nuestra.

Contar con las emociones como un elemento más dentro del conflicto, no como el principal ni el único, nos acerca a la gestión consciente.  Cuando empezamos a valorar el mundo interno del otro y lo equilibramos con el nuestro, dejamos de ver la venganza o el castigo como una opción porque nos acercamos al entendimiento de su visión. Para entender desde lo más hondo necesitamos desarmarnos, los escudos tampoco valen, es preciso desnudarse del todo y recuperar la mirada más inocente posible.

No hay seres más poderosos que otros, es el ego (nuestro personaje) el que mantiene esa percepción. Sin máscaras todos somos iguales, estamos hechos de la misma materia.

¿Estás dispuesto a renunciar a lo inmediato para ganar en paz?

Siempre eliges tú.

 

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