La importancia de fomentar el análisis tras el conflicto

La escena se desarrolla un día cualquiera de clase, en un colegio cualquiera. Juan empuja a Pedro y éste, con rabia, le propina un golpe fuerte en la cara.

Cada día me inquietan más las reacciones habituales que tenemos. No sólo me refiero al ámbito infantil. Esto es algo contagioso, no sé bien quién contagia a quién. Creo que los adultos no damos buen ejemplo cuando gestionamos nuestros conflictos. Más que elegir nuestras acciones, reaccionamos. Ellos nos observan. No importa que no entiendan nuestras explicaciones, sólo y simplemente se empapan de lo que hacemos, para bien y para mal. El ejemplo transmite mucho más que las palabras.

En el supuesto que he mencionado, es habitual encontrar “soluciones” a la situación. El adulto, maestro, padre, educador, emite un veredicto rápido asignando la culpa principal a quien ha podido observar agrediendo. Y después, suele venir el castigo como arma infalible “para que no vuelva a suceder” (ya he hablado en otros posts lo que opino de esta medida, no me quiero detener ahora en esto). Y para culminar el buen hacer del adulto nos encontramos con expresiones similares a “venga pídele perdón”. En este caso, Pedro pidió perdón con lágrimas contenidas de rabia.

Y problema solucionado. ¿Seguro?

Lo que sacamos de todo esto es una situación en la que dos niños quedan afectados por emociones sin resolver y con una falta de entendimiento que puede generar rencor a corto plazo. Es cierto que la mente infantil es muy presente y como tal, pronto olvidan el pasado, apenas piensan en cómo va a ser la relación futura entre ellos. Pero la falta de entendimiento en este conflicto importa.

Entiendo que potenciar la reflexión de lo sucedido lleva tiempo y paciencia pero es necesario si queremos fomentar la empatía. Y qué mejor modo de hacerlo comenzando por la auto-empatía.

Una breve intervención con los dos chicos sería suficiente. Y elegir el momento también es importante. Es complicado fomentar la reflexión con ellos cuando la emoción sigue candente. Vamos a esperar a que la razón recupere el protagonismo y puedan pensar con claridad.

  • Preguntemos a Juan qué le ha llevado a empujar a Pedro. En el caso en cuestión, Juan nos explica que perdió el equilibrio hacia Pedro porque María le empujó a su vez.
  • Preguntemos a Pedro si lo que expone Juan lo había percibido así. Pedro nos explica que no se dio cuenta de que fue una pérdida de equilibrio y lo que pensó es que Juan quiso empujarle para vengarse de otra situación conflictiva sin resolver del día anterior. Esto sucede cuando suponemos, imaginamos o juzgamos la intencionalidad del otro sin haberla constatado.
  • Ayudemos a Pedro a comprender su propia reacción. No tiene sentido hablar de culpas en este momento. Viendo lo que pudiste ver, ¿entiendes la reacción que tuviste? Si hubieras percibido la pérdida de equilibrio, ¿habrías reaccionado igual? Pedro niega con la cabeza. Si hubiera visto la escena completa, desde fuera, su reacción habría sido diferente. Pero al no verla, reaccionó como supo con la percepción que pudo alcanzar. Esto nos pasa al reaccionar ante un hecho dejándonos llevar por la emoción del momento, sin analizar mínimamente lo sucedido o contrastar nuestra percepción. En cualquier caso, Pedro entendió su reacción sin justificarla y reconoció que, de haber tenido toda la información, probablemente no habría sentido la rabia que le llevó a actuar del modo en que lo hizo.
  • Preguntemos a Juan cómo cree que Pedro se sintió al ser empujado. Juan nos cuenta que cree que pudo sentir rabia, sobre todo al saber ahora que él percibió intencionalidad por su parte.
  • Indaguemos un poco más. Es muy importante fomentar la empatía más allá de la racional. Juan puede entender que Pedro se sienta rabioso, pero ¿le afecta?
  • Tratemos de que Juan imagine la emoción de rabia de Pedro, sólo así podrá comprender la reacción de éste, desde un punto de vista afectivo, no meramente cognitivo. ¿Puedes llegar a imaginar la emoción de rabia de Pedro? Si sintieras esa emoción ¿cómo habrías reaccionado tú? Preguntando, conectamos con el otro. Así ayudamos a Juan a ponerse verdaderamente en la posición de Pedro, no sólo desde un plano del entendimiento sino desde un punto de vista más afectivo. Juan nos explica que no sabe si hubiera reaccionado con un golpe tan fuerte pero seguro que con una agresión física, no sólo verbal.

Realizado el análisis, ambos han llegado a comprenderse. Primero, se han legitimado a sí mismos. Han llegado a auto-comprenderse, sin culpas. Han analizado cómo se habrían comportado de haber conocido la realidad de la situación. Han imaginado otro tipo de comportamiento más adecuado a lo que realmente ha sucedido. Han dejado de suponer intenciones para escuchar versiones.

¿Qué nos queda? ¿Cómo pueden considerar reparado el daño?

Preguntémosles:

  • Juan, ¿puedes compensar de algún modo a Pedro el empujón sabiendo cómo le ha hecho sentir? ¿Qué necesitas de Pedro para que repare el golpe que te ha propinado?
  • Pedro, ¿cómo repararías el daño del golpe? ¿Necesitas que Juan compense de algún modo el empujón dado?

Los chicos me miraron, se miraron entre sí, se dieron un tímido abrazo, empezaron a reírse a carcajadas y expresaron: Habiéndolo entendido todo así, ¿hace falta compensación? Bah. Para nada. Vamos a jugar, anda. 

Y marcharon.

Dedicar tiempo y reflexión para auto-entendernos y entender al otro importa.

Siempre eliges tú.

 

 

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