Cada mirada tiene su razón de ser

Da igual que se acabe el año y empiece uno nuevo. Las miradas son las mismas, si el que mira así lo quiere.

No importa si las entendemos o no, siguen siendo exactamente como son sin preocuparse de a quién puedan gustar.

Podemos mirar blanco o negro. Podemos no mirar. La elección es de quien la hace, la compartamos o no.

Cada mirada tiene su razón de ser y así es y será si el campo de visión se mantiene estático. Elegimos cada día ampliar o no el ámbito de percepción, sólo depende de nosotros. No hacerlo también es una elección y tiene su razón de ser. Y no pensemos que la razón es lograr algo de ti, de mí, de él, de ella. Probablemente la razón es más pura, más necesaria, más anclada de lo que alcanzamos a ver. La apariencia esconde  la verdad de su razón y la acción revela lo que cada cual sabe hacer con ella.

Podemos elegir comprender o podemos obcecarnos en plasmar nuestra razón como la única. Cada uno sabe si prefiere ser feliz entendiendo o aplastar con su mirada cualquier atisbo de prisma diferente.

Cada razón de ser contiene una verdad. Entenderla no es compartirla ni aplaudirla. Es aceptar la perspectiva de quien mira, cómo mira y por qué mira.

¿Aceptamos comprendiendo?

Siempre eliges tú.

 

 

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