¿Para qué funcionamos con suposiciones negativas?

Para qué suponemos lo negativo de las personas que nos rodean o de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. Para qué nos adherimos a las suposiciones ajenas cuando éstas son de la misma índole negativa.

En mi opinión, cada vez hay más círculos que viven de este modo, supongo que porque el contagio ahora es mucho más sencillo con las nuevas tecnologías.

Me pregunto qué hay de satisfactorio en todo esto. Quiero entenderlo para dejar de juzgar.

Por un lado, la pertenencia al grupo mayoritario es potente. Es más sencillo colocarse en el grupo de personas que critican a alguien o algo, para evitar ser juzgado y no ir contra la corriente. Además, poder hablar de un mismo tema, estando de acuerdo, une y solidifica las relaciones personales. Pero vivir con base en suposiciones infundadas, sin contrastar, vivir sin observar suele conllevar construir escenarios lejos de la realidad misma.

El sentido de la pertenencia es una necesidad básica a la que todos tendemos, de forma general. Pero también podemos analizar si puede ser perjudicial y elegir en consecuencia. Hay grupos más minoritarios que ya han decidido no dejarse llevar por las suposiciones. Hay muchas personas conscientes que ya deciden observar antes de suponer, verificar antes de prejuzgar, esperar para conocer resultados antes de inventarlos con base a lo que escuchan.

No obstante, pienso que debe haber algo más satisfactorio, a corto plazo, que fortalece la tendencia, muchas veces adictiva, a pensar lo peor de cualquier situación o de las personas que las protagonizan. No es raro encontrar personas que bucean sin parar en noticias trágicas y dramáticas para encontrar suposiciones de cómo han sucedido las cosas o qué intenciones se esconden detrás de lo sucedido. Es alarmante comprobar como, cada día, determinados acontecimientos se convierten en verdaderos espectáculos gracias a los medios de comunicación, uno de los orígenes del contagio social. Es triste también observar cómo, de ello, surgen cientos de hipótesis, cada una más morbosa o exagerada que la anterior, que tratan de explicar tales acontecimientos. Y el resultado de todo ello es cómo mantenemos verdades absolutas de algo que no podemos conocer más que por opiniones y versiones ajenas.

¿Qué placer hay en mantener posturas que se basan en meras especulaciones, sobre todo cuando éstas son negativas? ¿A quién beneficia? ¿Qué hay de malo en admitir que no sabemos la realidad hasta que no la comprobamos? ¿Para qué nos aferramos a estos prejuicios?

Es posible que suponer maldad en las personas nos puede hacer sentir mejores que ellas.

Es posible que sintamos control al posicionarnos en una opinión por el sentimiento de pertenencia que mencionaba antes.

Es posible que expresar una postura tajante nos haga aparentar sapiencia acerca de un tema o de una persona.

Es posible que admitir un “no sé” nos haga sentir más débiles o ignorantes.

En cambio, pensar a base de suposiciones, nos hace vivir en realidades paralelas. Si, además, estas suposiciones son negativas, llegamos a construir un mundo amenazante que puede originar más estrés y ansiedad de lo necesario. Y no, no somos mejores que nadie ni peores, somos lo que sabemos ser y actuamos como creemos mejor. ¿De verdad pertenecer a una mayoría “enferma” de pensamientos es útil? Lo dudo.

Elevar la voz para mejorar el argumento no lo hace más verdadero. La verdad no entiende de suposiciones ni de pensamientos infundados, entiende de realidades contrastadas y de observaciones objetivas.

Y sí, decir “no sé” cuando no sepamos nos libera mucho más de lo que imaginamos.

Acudamos a la información objetiva y, si no la hay, verifiquemos lo que se sabe cuando se sepa, no antes. No presupongamos lo que no entendemos. Para qué escuchar a quien tiende a lanzar verdades infundadas. Tomemos distancia de ellos, reflexionemos si podemos ser uno de ellos.

La verdad siempre está ahí aunque no podemos acceder a ella cuando queremos. Podemos tener paciencia en descubrirla o aceptar que no la conoceremos.

Siempre eliges tú.

 

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