¿Intención o acción?

¿Cuántas veces nos hemos sentido frustrados o enfadados por no actuar tal y como habíamos previsto? ¿Y cuántas veces no sabemos cómo actuar porque no hemos llegado a ver qué necesidad teníamos?

Son dos cuestiones diferentes:

1.- No actuar por no saber qué necesitamos. Cuando vivimos en “piloto automático” tenemos un problema de consciencia. No indagamos en nosotros, ni en cómo nos sentimos ni qué necesitamos. Por lo cual es difícil atinar con nuestra forma de actuar.

Por ejemplo: si nuestra salud se deteriora y no indagamos en las causas, probablemente continuemos con hábitos perjudiciales. Unos análisis podrían revelar niveles de colesterol elevados y, de este modo, podemos cuidar alimentos que injerimos para disminuirlos. Entonces actuaríamos acorde a lo que necesitamos. En cambio, no saber qué nos ocurre puede llevarnos a consumir grasas perjudiciales y sentirnos cada vez peor. Parece fácil verlo así. En cambio, en cuestión de necesidades de otro tipo, nos cuesta más por no tener herramientas para ello.

Si nos encontramos en una situación laboral no deseada, porque tenemos un compañero tóxico o un superior manipulador, nos cuesta más saber qué necesitamos para actuar en consecuencia pero es igual de imprescindible indagar. Ver para saber cómo actuar. Si nuestro compañero tóxico nos produce, por su forma de actuar, tristeza y apatía, podemos tratar de bucear en nuestra necesidad invadida. Para cada uno será la suya. Imaginemos que descubrimos que deseamos dejar de escuchar mensajes negativos porque nos produce angustia y no queremos ver a nadie por los ojos negativos de nuestro compañero sino con los nuestros propios. Entonces estaremos acercándonos a la necesidad, por ejemplo, de libertad de juicio. Ahora ya podemos saber de qué forma actuar para establecer límites a este compañero. Podemos alejarnos y dejar este trabajo, podemos hablar con él para que deje de enviarnos mensajes tóxicos o podemos cambiarnos de departamento. En cualquier caso, actuaremos para satisfacer nuestra necesidad porque la hemos conseguido ver.

Imagen original PalomaMGF

2.- No actuar aun sabiendo qué necesitamos. Esta situación la considero más perjudicial porque ya sabemos qué necesidad hay que satisfacer para estar bien y alineados con nuestras emociones. En cambio, por una razón u otra, dejamos de actuar acorde a ella. En nuestro ejemplo básico, si sabemos que necesitamos evitar grasas y no lo hacemos, al sentirnos peor de salud, nos sentiremos además peor anímicamente porque nos sentimos responsables directos.

Si en ejemplo más complicado, conociendo la toxicidad de nuestro compañero y descubierta nuestra necesidad al respecto, hacemos NADA, nos adentraremos en un agujero muy complicado y nuestro enfado con nosotros mismos irá en aumento. Probablemente, este auto-enfado lo vomitemos fuera buscando culpables externos para eludir nuestra responsabilidad en el asunto (es un recurso habitual). Muy probablemente, acabemos somatizando físicamente esta ruptura con nuestras emociones y necesidades.

En cambio, reunir el valor suficiente para elegir consecuentemente ACTUAR protegiendo nuestra necesidad nos hará sentir satisfechos con nosotros. Estaremos alineados con nuestro pensar y nuestro sentir. Es cierto que atreverse a dar el paso y actuar puede provocarnos otras emociones diferentes. Por ejemplo, el miedo puede abalanzarse hacia nosotros porque desconocemos qué ocurrirá ahora que hemos actuado de forma diferente a nuestro hábito. Es una consecuencia normal. El miedo protege frente a lo desconocido y tiene una función positiva mientras no paralice o se cronifique. Contemos con ello. Es la llamada Zona de Pánico. Superada, encontraremos un escenario nuevo y lleno de posibilidades. Además, contamos con recursos suficientes para afrontarlos. Ya lo hemos hecho en otras ocasiones, ¿lo recordáis?

¿Intención o acción? Adultos, jóvenes, niños, esto se extiende a cualquier edad y situación.

Siempre eliges tú.

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