Ante otras formas de violencia, siempre hay caminos.

El desprecio, el despotismo y la ignorancia son otras formas de violencia. Aunque parezcan inocuas, son muy dañinas. Si quien ejerce estos comportamientos es una persona habitual en la vida del menor, considero que es otra forma de maltrato. Porque éste no puede hacer demasiado para escapar de tales actitudes.

Ningunear cualquier opinión del menor, mofarse de ellas o ignorarlas es otra manera de manipular con el fin de conseguir que se comporte tal y como deseamos. Si, despreciando o ignorando, esperamos que la víctima cambie actitudes y comportamientos, porque son considerados “erróneos”, aplastamos la voluntad y libertad del menor.

Las consecuencias pueden variar pero suelen ser perjudiciales. Causan estrés y ansiedad. Además, si es ejercida habitualmente, puede ocasionar una indefensión aprendida. Como no puede huir del manipulador, el menor aprende a resignarse y deja de defenderse, aceptando esta situación. La sumisión está servida. El pisoteo de su autoestima, también.

Pero, ¿y las causas? ¿Qué hay detrás de las personas que ejercen este maltrato? Pensando en supuestos reales, veo personas inseguras cuyo único objetivo es controlar a quien le rodea para que todo sea tal y como esperan que sea. Su necesidad principal es lograr que la vida transcurra tal y como la planean y evitar sorpresas que no sepan manejar. Para satisfacer su necesidad de seguridad que, por cierto, no deja de ser legítima, eligen una herramienta que daña a terceros. Cada cual podemos defender nuestras necesidades, por supuesto, pero ¿necesariamente tenemos que elegir mecanismos para satisfacerlas que dañen a los demás? ¿Es que no hay otros caminos? Pensando e indagando, seguro que los encontramos.

Convivientes con menores, por favor, los adultos sois vosotros y, si necesitáis seguridad y control, es vuestro problema, buscad la mejor solución, pero no sólo para vosotros. Si elegís aplastar a los demás para que vuestra voluntad quede por encima, pensad en el daño que causáis. Es enorme y, la mayoría de las veces, poco reversible. No olvidemos, además, que otros convivientes que no ejercen tales actos pero callan y no apoyan al menor, se convierten en cómplices o en encubridores y también dañan.

Menores convivientes con este tipo de personas inmaduras, por favor, siempre pedid ayuda, la hay. Si es posible: contacto cero porque alejarse, muchas veces, es el único camino. Si sientes culpa, no es real. Analiza qué depende de ti y ocúpate de ello. De lo que no depende de ti, acéptalo o aléjate. Si sientes tristeza, es posible que sea por la pérdida de libertad y tranquilidad. Si lo que sientes es enfado, trata de expresarlo aunque no sea directamente con el inseguro que aplasta, que no suele ayudar. Si sientes miedo, es legítimo pero no dejes que te paralice y menos te anticipes a él porque entonces sentirás angustia y ansiedad y, en poco tiempo, es posible que somatices. La realidad sorprende, la mayoría de los temores son producto de nuestras interpretaciones y no son tan reales como imaginamos. Busca exactamente el hecho que te hace sentir como te sientes, es más fácil trabajar un hecho que una forma concreta de ser. Cuando conozcas cuál es, identifica claramente tu emoción y cuál es la necesidad que queda apagada. Ahora ya podemos recuperar las riendas y buscar los caminos más idóneos para protegerla. Los hay, te lo aseguro.

Despreciar e ignorar es comunicación violenta. ¿Lo ves? ¿Lo quieres?

Siempre eliges tú.

 

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