Ni piensa como tú, ni siente como tú

La realidad del narcisista es un delirio. Intentar comprenderla es inútil porque sólo él o ella sabe cuál es el razonamiento delirante que mantiene para sostener lo que necesita. Y si, de pronto, esa realidad no cuadra para mantener la siguiente manipulación, la cambia sin más. Podemos tener la ilusión de que, con ayuda, el narcisista puede recuperar la cordura pero es muy complicado que una persona de estas características elija acudir a un profesional ya que, para él, es el mundo el que ha decidido atacarle, su victimismo no le deja ver y, por tanto, no tiene nada que trabajar. Todo está bien en su cabeza.

Permanecer cerca del narcisista desorienta y desestabiliza porque acaba por minar la seguridad que uno pueda tener acerca de cualquier asunto. Si le cuestionas, el castigo será terrible y silencioso, para que nunca nadie pueda sospechar sus atrocidades. Recuerda que su imagen es lo más preciado que tiene, la construye cuidadosamente y mima sin cesar. Nadie debe nunca saber la verdad. Y así la víctima va debilitándose poco a poco.

La campaña que realiza el narcisista en contra de la imagen de su presa es igualmente cuidada, de manera que siempre se la verá a ésta como una persona que trata de desprestigiar al manipulador sin credibilidad alguna. No es una salida. Darse cuenta de que nadie cree lo que está pasando frustra de manera aplastante. Y la debilidad es aún mayor.

No hay acción efectiva contra el narcisista. No merece la pena desgastar energías en desenmascararle porque seguramente se volverá en contra de la víctima. No es útil la venganza. Gestionar la rabia y la desesperación es clave.

Contacto cero y reconstrucción personal, sólo de esta forma es posible protegerse de la manipulación patológica de estas personas de forma duradera.

Incluso, en estos momentos, siempre eliges tú.

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