La aparente calma no es real

Y tras una gran explosión del manipulador viene la aparente calma.

No te engañes, no es real. Después de una de las ya conocidas fases agudas de extorsión y ataque psicológico, a través del cual su único objetivo es debilitarte culpándote de todo lo que acontece, con argumentos delirantes que poco tienen que ver con el momento actual, ha logrado su meta: someterte a su voluntad y apagar cualquier resquicio de lucha. Vuelve el desequilibrio y las dudas, la desesperación y la impotencia. Vuelven las ganas de agacharse y desear que nadie te mire y menos la persona que ejerce tal control. Prefieres volver sin hacer ruido para que nada desate la ira descontrolada de tu atacante. Sabes que si cedes y te sometes, puede haber una mínima calma.

Imagen original de PalomaMGF

Y es en este aparente valle donde vuelven los halagos, las promesas y la cara amable del manipulador. Sabe que ahora, débil, puedes sucumbir al engaño. Lo haces. Y bajas la guardia, deseando creer que todo puede ser diferente que, quizás hayas estado exagerando lo ocurrido una y otra vez. Te premia de una forma material o inmaterial. Así consigue que te portes tal y como espera y llegas a sentirte desagradecido/a por haber estado pensando tan mal del manipulador. Te sientes culpable por el odio que has experimentado y decides ser mejor pareja, hijo/hija o amigo/amiga.

Pasan algunos días y tu verdugo detecta que vuelves a tener confianza en que todo va a ir mejor o será diferente. Vuelve su deseo de aplastamiento para que su ego y su autoestima sobresalgan.  Has vuelto a tener en cuenta sus palabras y no sus actos, que suelen diferir y comienzan las señales de alarma. Confías en que te equivoques esta vez y no signifiquen nada pero algo en ti sabe que no estás errando. Y vuelve a desenmascararse. Vuelve a actuar.

Nada ha cambiado porque el manipulador no cambia. No existen segundas oportunidades porque es un ciclo que se repite una y otra vez. No cumple sus promesas ni se reinserta. No esperes calma porque es aparente, es una forma de coger aire para volver a derrumbarte, para que recuperes la confianza en que tenéis una valiosa relación. No existe. No existes para tu manipulador, sólo su deseo de dominar y controlar y tú eres su herramienta.

Asumir esto es doloroso pero necesario. Es el primer paso para salir y alejarse de la tóxica relación que destruye y desarma.

Pase lo que pase y sea como sea, siempre eliges tú.

 

 

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