Hoy

Se ha escrito mucho, en estos días, acerca de recomendaciones para llevar el confinamiento de manera saludable. Todas ellas con la mejor intención de ayudar. Pero yo he llegado a saturarme. Tanto sobre lo mismo me agota. Y saber que hay recomendaciones que no sigo, me frustra y llego a considerarme “poco saludable”. No me acaban de ayudar.

Hace un año estuve confinada unos 20 días por un motivo de salud. Hace un año nadie hablaba de esto y tampoco entendía yo la impotencia que sentía. Pero recuerdo lo que me hizo sobrellevar mi pequeña reclusión: ver películas de lo que más me gusta hacer con la idea de volver a hacerlo cuando acabara de recuperarme. Y me motivó bastante. Además, comencé a darme cuenta de las pequeñas cosas insignificantes que me rodeaban.

La primera vez que pude salir de casa, apenas 5 minutos, me di cuenta de cómo sentía el calor del sol en mi cara. Sonreí durante gran parte de los 5 minutos porque sabía que, en otro momento, no me habría percatado de algo tan banal. Comprendí que estamos impregnados de cientos de detalles que damos por hecho cada día. Aprendí a agradecer las insignificancias de mi día. Meses después, había olvidado todo aquello. Dejé de sentirme afortunada por tanto.

De golpe, hoy, recuerdo aquellos días en los que nadie hablaba de esto. Sé que todos podemos ser maestros de nuestra propia vida y cada uno sabe hacer sus pequeños descubrimientos. Porque todos estamos hechos de lo mismo y dotados de una sensibilidad innata.

Son días de reflexión y de atender a lo básico aunque luego lo olvidemos. Todo queda y son posos de aprendizaje y crecimiento que ya nos van a acompañar, queramos o no. Vivirlo no es como leerlo en un artículo ajeno. Vivir y extraer las propias conclusiones de lo que sí nos vale y lo que no, es más valioso que ser un erudito en la materia. Porque descubrir cuenta más que imitar.

Hoy me quedo con este recuerdo. Hace un año nada más.

Hoy sonrío al mirar a mi hija que, a las 7.45, se levanta cada día para comenzar sus rutinas con bastante buen ánimo y compruebo como, al terminar la mañana, siente un júbilo especial por hacer las cosas como ella necesita hacerlas.

Hoy me emociono al ver reír a mi hijo con todas sus fuerzas cuando algo inesperado nos sucede mientras jugamos.

Hoy siento, aunque sea en la distancia, a quién me quiere y a quién quiero.

Hoy disfruto calentando una taza de café que luego bebo porque me percato del calor en mi garganta según trago.

Imagen original PalomaMGF

Hoy he visto, como si fuera la primera vez, a mi baobab que crece. Su color es verde clarito, me gustaría verlo más oscuro pero está creciendo, cada vez más alto.

Hoy mis gatos me han saludado, como cada mañana, pero les he mirado diferente porque les quiero y me he dado más cuenta de ello que ayer.

Hoy, al mirar por la ventana, percibo la quietud increíble de las casas, de los árboles y del cielo muy azul. Siempre han estado ahí, pero no como hoy porque veo la calma y el equilibrio que envuelve todo.

¿Y mañana? Quizás lo olvide todo y vuelva a la rutina de la queja, qué se yo.

Me quedo con hoy, como hace un año.

Hoy vivo, hoy descubro, hoy siento. Y es lo que a mí me vale, como hace un año.

Hoy siempre elegimos nosotros, como cada día.

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