¿Adaptándonos al medio o resignándonos?

¿Qué está pasando hoy con el género humano? ¿Por qué estamos tan paralizados?

Siento desesperanza y desazón.

Contemplamos todos los desastres de nuestro alrededor y negamos una y otra vez que esté ocurriendo. La cultura del espectáculo y del entretenimiento despista cualquier atisbo de responsabilidad personal respecto a nuestro entorno. ¿A qué esperamos?

Los medios de comunicación colaboran poco. Informar cada día en primera página un desastre natural acaecido (tenemos más de uno y más de dos al día donde buscar la noticia), la tasa de deshielo que cada año se eleva por encima de las previsiones más desalentadoras, huracanes, inundaciones… es una manera de concienciar a nivel particular. ¿Por qué esperamos a que alguien mediático anuncie de forma drástica lo que ya sabemos?

mundo_manosSoluciones hay y están más que inventadas, desarrolladas y puestas en marcha años atrás. Ya los griegos y romanos utilizaban la energía del sol empleando el sentido común. Mouchot o Schuman iniciaron proyectos más que ambiciosos al respecto, imaginación no nos falta, somos tremendamente creativos y nuestra capacidad racional nos ha llevado siempre a soluciones impensables. La ambición (o simple necesidad) de adaptarnos al medio, fuera cual fuese, nos ha acompañado siempre.

¿Parálisis? Es lo que percibo cuando miro a mí alrededor, es como si una nube negra estuviera encima de nosotros, sin dejarnos ver la luz. Caminando por la calle, más de la mitad de los individuos estamos absortos en las pantallas de nuestros móviles, llegamos a casa y seguimos enganchados a cualquier otro artilugio que nos permita no pensar, nuestro tiempo de ocio lo dedicamos a acudir a los grandes centros de espectáculos para continuar anestesiados. Y así sucesivamente. Y cada vez cuesta mucho más abrir los ojos. Esperamos a que algo o alguien nos advierta que esto se acaba.

Pues se acaba.

Percibiéndonos solos, sin conciencia de unidad y a la vez diluidos en la masa, a merced del entorno social, cómodos, resignados, a la espera de que algo o alguien tome la iniciativa. Apenas nos miramos a los ojos, hemos dejado de buscar la identidad universal en el rostro ajeno, vamos perdiendo la unión y ya no nos interesa preservarnos. ¿Dónde está la rebeldía, el empuje? ¿No percibimos las necesidades más básicas? Confundimos los deseos con las necesidades y olvidamos lo básico. Sin lo básico, nada se construye. Estamos empeñados en alzar rascacielos en una nada demoledora.

Cuando algo tan alto cae, se escucha. ¿No lo oyes?

Pero yo no soy nadie que impacte y este será otro post de preocupación y de desesperanza más.

Y continuaremos anestesiados, sin empuje, perezosos a cualquier iniciativa que cueste esfuerzo. La gratificación de la comodidad inmediata parece ser más apetecible que la recompensa futura por muy estimulante que sea. Pero lo inmediato finaliza y queda mucho por recomponer. Si vislumbramos por un momento el rayo cegador lejano nos envolverá de tal forma que no habrá compensación cercana que nos atraiga. La trivialidad momentánea es endeble. ¿No podemos llegar a imaginarlo?

Las generaciones que nos suceden están en riesgo de una anestesia mayor, no es que se vayan a anquilosar con mayor severidad, es que son un producto, una consecuencia directa de nuestro letargo progresivo. Y mientras no despertemos, será muy difícil sembrar en ellos el impulso del cambio.

Necesitamos volver a tener ese interés adaptativo por perpetuar nuestra especie, recuperar la esencia innata del impulso instintivo que un día cuestionamos por considerarnos seres racionales. Racionales somos, sí. También emofosfcionales. Y no olvidemos lo que un día comenzamos siendo con mayor fuerza, aquello que nos hizo humildes y adaptativos: reptilianos, orientados a la supervivencia. Creo que toca despertar de nuevo esta porción cerebral.

Si coloreáramos de un color fosforito cuánto mal lanzamos a nuestro entorno, percibiríamos la magnitud cada día. Quizás necesitamos percibir lo obvio con obviedades. Imaginemos un poco y situémonos en nuestro papel. Levantemos la vista, dejemos a un lado poco a poco lo que nos despista y recuperemos las riendas de lo que toca defender.

Somos responsables.

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La cultura del premio (y del castigo)

Estímulo – Respuesta – Refuerzo. Este modelo de modificación de conducta lleva prácticamente un siglo investigado. Funciona. Hoy lo sabemos. Logramos conductas modeladas hacia un lado u otro, según sea lo más apropiado, o lo que más nos interese o lo que consideremos más aceptado.

¿Y las consecuencias?

skinnerHoy también las conocemos. Aun así, una gran mayoría considera que los beneficios de lo conseguido superan los perjuicios de las consecuencias.

En cambio, no queremos hijos pasivos, frustrados, desilusionados o dependientes de lo externo. Pues algo falla. Quizás no relacionamos que estos perjuicios son directamente proporcionales a los refuerzos positivos (y negativos) a los que les tenemos acostumbrados.

De la gran mayoría a la que me refería antes, una buena parte de ella, considera que reforzar determinadas conductas con castigos puede ser perjudicial a largo plazo. ¿Y los premios? Los premios, son una buena forma de lograr que se realicen y consoliden determinados comportamientos. ¿Seguro?

Si con los castigos inhibimos algunas conductas y con los premios logramos otras, ¿no es la misma moneda, volteando la cara?

Niños castigados por sistema: niños reprimidos, enfadados, desafiantes, rebeldes o sumisos. No olvidemos que si damos una orden, recibimos sumisión o rebelión. ¿Preferimos alguno de las dos respuestas? ¿Ninguna?

Niños premiados por sistema: niños inflados y acostumbrados a buscar la recompensa olvidando disfrutar del camino, perseguir la zanahoria es lo que tiene. Y si el premio cuesta un esfuerzo mayor a lo esperado, no pasa nada, cambian de actividad, aquella en la que el premio sea más alcanzable. Llega un momento que no todas las recompensas satisfacen, las expectativas se van elevando a medida que los premios son insuficientes y la frustración aparece con más frecuencia e intensidad.

Y cuando la vida muestra el lado más agrio, cuando sencillamente se acaban estosregalos_2 refuerzos positivos, la frustración, vacío y enorme tristeza aparece. Ya no hay motivo para actuar, no merece la pena si no hay una recompensa que lo endulce todo. La pasividad aparece en su lado más severo y el victimismo se instala. “La vida no me da lo que merezco”, “tengo derecho a más”. La queja encubre la responsabilidad personal y la culpa hacia lo externo es un aliado potente para no ver la realidad.

Ahora les toca aprender a valorar las acciones en sí mismas y cuesta, el condicionamiento lleva años operando y en edades muy tempranas donde en aprendizaje queda más consolidado. Nunca es tarde para re-aprender, es cierto, pero cuesta.

Queremos hijos con iniciativa, divertidos, persistentes, ilusionados, pero educamos hijos dependientes de la ilusión de “lo que viene después”.

Incompatible.

Probablemente no sabemos hacerlo de otro modo, es posible que hayamos “sufrido” el mismo tipo de aprendizaje y es el que sabemos transmitir. Podemos acomodarnos en esta excusa o aprender nuevas formas de intentarlo. Requiere esfuerzo extra, ya lo creo. Valoremos consecuencias y preguntémonos las veces que haga falta si estamos haciendo lo que creemos mejor para ellos.

Hacer lo mismo nos lleva a conseguir los mismos resultados. ¿Cambiamos algo?

 

Publicado en Aprender educando | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Los efectos de la imposición vendida

Seguramente, la persona que está habituada a maquillar y endulzar las imposiciones no repara en lo perjudicial que resulta a la hora de lograr acuerdos sólidos en una controversia.

El que lo padece sí lo sabe. Y lo sabe porque lo percibe. En algún post anterior me referí a los requisitos que considero necesarios para que un acuerdo sea efectivo y hablé de la honestidad. No hay confianza sin franquezaDos no acuerdan si uno no quiere.

Si lo que pretendemos es imponer, impongamos pero no tratemos de embaucar a la otra parte “vendiendo” lo beneficioso de la orden porque, aunque a corto plazo puede ser fácil lograr su acatamiento, convenciendo además de que estamos cubriendo la necesidad del otro, éste pronto se dará cuenta de la quimera y la confianza comenzará a deteriorarse. No solo el acuerdo se desvanece, la consecuencia será más negativa si la relación entre las partes necesita perdurar.

serpiente¿Merece la pena? Quizás para muchos sí. No olvidemos que con una confianza quebrada es prácticamente imposible llegar a acuerdos futuros. Si lo que queremos es un clima de negociación y acuerdo, las imposiciones no son una alternativa. En una relación que queramos que sea duradera por cualquier motivo (laboral o familiar, por ejemplo) necesitamos alcanzar la equidad. Ahora bien, si una de las partes pretende mermar esa equidad, por estrategia, jerarquía, inseguridades personales u otra causa, es más productivo que honestamente imponga una orden, una obligación de actuar, una exigencia, tal y como es, sin disfraz. Así no hay lugar a dudas de ningún tipo. Y ya es la otra parte la que decide en consecuencia. Revestir y enmascarar el imperativo no hace otra cosa que demorar la consecuencia cuando la manipulación es descubierta.

No hay vuelta atrás, detectada una imposición vendida, la confianza para lograr sucesivos acuerdos queda deteriorada o quebrada definitivamente y esto va a constituir un gran hándicap en la relación y sus futuras controversias, conflictos, discusiones o simples debates.

Y no nos olvidemos de nuestra capacidad de aprendizaje. Poco a poco, vamos detectando pequeños detalles que anticipan la artimaña de la venta, el clima se tensa, la conexión se pierde y el desacuerdo está prácticamente servido.

Honestidad y franqueza, ya sea para imponer como para acordar, asumiendo consecuencias en uno y en otro caso.

El deseo de llegar a un pacto con la otra parte se percibe fácilmente.

Lo contrario también.

 

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento, Gestion de conflictos, Mediación | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Escuchar para entenderles, observar para descubrirles

No basta escucharles para preparar una respuesta determinada, tampoco es suficiente si nuestro ánimo es emitir un juicio o subsumirles en una etiqueta. Es necesario escuchar con el ánimo de entender.

No vale observarles con intención de reprenderles, no sirve de nada si vamos a tratar de corregir su conducta, es necesario observar con el ánimo de descubrir.

Comparar, encasillar, modelar, enjuiciar, son hábitos que vamos adquiriendo en la labor educativa. Estamos inmersos en una sociedad altamente competitiva que nos empuja más y más a pertenecer a grupos determinados para sentirnos más “adecuados”. Y de esta extraña forma vamos encauzando a nuestros pequeños para lograr que encajen en el mundo.

¡Alto! O no.

Cada cual puede decidir aunque necesitamos reflexionar antes de dar pasos. Nos perdemos maravillas que nos muestran cadali-dali-a-los-seis-anos-cuando-creia-ser-una-nina-levantando-la-piel-del-agua-para-ver-a-un-perro-que-duerme-a-la-sombra-del-agua-1950da día, sus capacidades son realmente asombrosas si les observamos con la verdadera intención de descubrir lo que esconden. Encasillarles en lo que “toca” a cada edad es una verdadera pérdida de posibilidades, de personalidades diferentes, de oportunidades para que nos demuestren quiénes son.

Escuchando sus argumentos en las pequeñeces del día a día, con total presencia, con el ánimo de entender qué piensan, nos acercamos a lo básico, a lo sencillo, a lo lógico.

¿Cuesta? Pues sí, la verdad, creo que es un esfuerzo enorme, hasta que se va convirtiendo en un hábito. Nuestra programación se ha ido construyendo ocultando lo más esencial, nos perdemos en detalles que complican lo más simple. Escucharles y observarles de verdad elimina paja de nuestra mente. Gritan sus emociones sin ninguna dificultad, por favor, dejemos de apagarlas por considerarlas desconocidas. Tratemos de aprender de nuevo lo que un día dejamos de practicar. No se nos ha olvidado del todo. Ya fuimos y seguimos siendo, aunque borrosos. 

Y si no llegamos a entenderles, si no podemos descubrirles, o si no nos apetece hacer este preciado esfuerzo, al menos no les aplastemos con la “razón” adulta, no anulemos esas posibilidades, no destruyamos su coherencia, respetemos su visión y su percepción, apoyemos su inocencia, permitamos que se atrevan, alentemos sus ilusiones.

Y nosotros, a nuestro abismo, que tenemos bastante que entender y descubrir en él.

Toca respetar.

Porque queremos que respeten, ¿verdad?

Aunque voy muy despacito, gracias por ayudarme a volverme cada vez más simple 😉

 

Publicado en Aprender educando | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Convencer: ¿arte o manipulación?

Ateniéndome a la definición del término, convencer es lograr que una persona actúe o piense de un modo determinado a través de razones y argumentos.

En otro orden, manipular se refiere al intento de la toma de control del comportamiento de una persona a través de técnicas de persuasión mental que persigue eliminar la consciencia de la víctima. Por regla general, el manipulador actúa por fines propios, para lograr algún objetivo personal (egocentrismo) y suele emplear herramientas tales como la mentira, la seducción, la fuerza o la coacción para lograr el objetivo. Una consecuencia habitual de la manipulación es el deterioro de la autoestima del manipulado.

Si convencer es mostrar argumentos que consideramos válidos para que la otra parte los escuche, los valore y, en su caso, los considere e integre en su código cultural y, entonces, se mueva de posición con respecto a sus argumentos iniciales, ¿para qué ir más allá si las razones aducidas no llegan a ser valoradas como pretendemos?

Cuando ya no convencemos por métodos racionales, ¿toca pasar al plan b: todo vale?

La mayoría de las veces, exponer un argumento racional implica movimientos emocionales, cada pensamiento genera una emoción u otra. Por ejemplo, un mando intermedio de una empresa decide hablar con el director general para exponerle un argumento que considera válido e importante: “conviene que plantees una reunión con toda la plantilla para explicar la situación económica actual porque el desconocimiento de lo que está pasando produce inseguridad y miedo en los trabajadores, lo cual está generando un mal ambiente y apatía. Tanto ellos como yo necesitamos claridad y seguridad, si nos la puedes ofrecer”. ¿Cómo pudo convencerle? Si la persona que escucha este argumento es un directivo que desconocía el sentir de sus trabajadores, puede valorar este nuevo dato, integrarlo en su planteamiento inicial empresarial y mover su postura por un beneficio de mayor valor o importancia. Es posible que el planteamiento racional del nuevo argumento provoque empatía con las personas a su cargo y genere una emoción nueva, de modo que cambie su forma de actuar con respecto a cómo lmarionetao tenía planteado antes de conocer este punto de vista.

Ahora bien, si la persona del ejemplo anterior no logra su objetivo y quiere lograrlo, deja de convencer y pasa al imponerpara lo cual necesita otro tipo de estrategias más allá del arte de exponer argumentos con claridad. Generalmente, detrás del aparente interés común que defiende, suele haber algún objetivo personal oculto que verdaderamente prevalece.

En este momento, la manipulación es una opción para persuadir al directivo. Hay que maquillar la realidad, falsear datos si es necesario, etiquetar y juzgar situaciones o personas, hacer ver un complot inexistente, hablar exactamente en los términos en los que la otra persona quiere y necesita escuchar, seducir con respuestas inteligentes y bien estructuradas y vender lo que no existe. El “guión” de palabras huecas y bien hiladas está servido para lanzarlo al interlocutor.

Lo más habitual es comenzar la sugestión con un halago aprendido, puede ser personal o profesional, hablar al director de un logro inmediato o de una estrategia pasada exitosa puede ser un buen comienzo, una buena anestesia. Ahora comienza el espectáculo teatral, toca esgrimir con tenacidad y perseverancia el batallón de palabras estudiadas. Algo así: “Tus asesores están tratando de que cierres la empresa, no olvides que tienes muchos enemigos en la competencia y en la calle se habla de que tratan de hundirte, tienes que ser consciente, tienes que hablar a tu plantilla de inmediato y prometerles seguridad con hechos concretos o de lo contrario vas a ser el responsable de una huelga inmediata, estás por encima de todo esto y sabes hacerlo….” Por supuesto este mando intermedio forma parte de la plantilla y es uno de los que necesita una seguridad personal inmediata con hechos concretos. Si bien su necesidad es entendible y loable, monta todo un escenario exagerado o inexistente para dar firmeza y consistencia a su discurso.

Muchas veces la manipulación es tan obvia que cae por su propio peso pero, en otras ocasiones, se presenta de forma muy sutil e integrada y aunque a la larga nos damos contra la pared por haber sido tan inocentes, la sugestión es tan hábil que ni podemos darnos cuenta. Hay verdaderos expertos en este arte.

Un manipulador se hace, no nace, ya sea por sus antecedentes familiares, por su falta de autoestima u otros motivos de peso, aprende estrategias por las cuales impone su forma de ver la vida. La mayoría de las veces se trata de una visión patológica o irreal.

Todos manipulamos en un algún momento de la vida, el problema viene cuando lo convertimos en nuestra forma habitual de exponer argumentos para lograr mover al otro de su posición.

Puede ser conveniente preguntarnos a menudo: ¿estamos convenciendo o manipulando?

 

 

 

Publicado en Auto-conocimiento, Gestion de conflictos, Mediación | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El precio de la fuerza sancionadora en el conflicto

Sería deseable que todo conflicto acabara en acuerdo pero hay ocasiones en que la desigualdad es muy evidente y no siempre la parte más empática está dispuesta a mantener la escucha activa con la misma intensidad.

idiomaCuando el idioma no es mismo, la comunicación se dificulta enormemente.

Los sentimientos y necesidades de ambas partes inmersas en el conflicto son plenamente legítimos, es el modo de expresión de los mismos el que define los idiomas en una misma comunicación.

Por mucho que uno practique la recepción empática, o trate de establecer una conexión con la verdadera necesidad que subyace a palabras ininteligibles del otro, puede llegar un  momento en que, sencillamente, no haya ganas de seguir descifrando, el desequilibrio de ambas partes es tal que no compensa y la comunicación se acaba convirtiendo en un imposible.

¿A qué idioma me refiero? A uno de los más habituales que nos encontramos en el mundo: el que traduce las necesidades insatisfechas personales en ataques indiscriminados hacia el otro, con el fin de castigar, culpar o sentenciarle para lograr una victoria lo más inmediata posible.

Más no es mejor, es algo que mantengo convencida.

En una controversia en la que una de las partes ataca a la otra para que “sufra” las consecuencias de sus actos “reprochables”, se esconde un objetivo muy directo: que tal persona se sienta tan culpable por “haber causado” la ofensa del otro que sienta la necesidad de proceder a cambiar de actitud, normalmente, cediendo a la propuesta en curso, de manera que, a tal acto de imposición le sucede una victoria suculenta e inmediata. Pero un acuerdo alcanzado de este modo será débil, poco perdurable y probablemente sea el comienzo (o continuación) de un rencor  y un inevitable deterioro de la relación.

Nuestra mente está tan instalada en la culpa que es sencillo lograr el objetivo utilizando este tipo de actitud.

No hace falta que el uso de la fuerza coercitiva sea física, o en forma de castigo, a veces un juicio de valor, un retiro de concesiones, una insinuación de culpabilidad es suficiente como para calificar el acto como fuerza punitiva, basta que la intencionalidad sea la de aplastar al otro, la de anularle, la de limar su autoestima con la idea de vencer, porque probablemente no conozca otro modo de expresar una necesidad que no logra satisfacer y exige que sea el otro quien la satisfaga.

En este aspecto, conviene recordar que el actuar del otro sólo es el estímulo de nuestras emociones negativas desencadenadas por una necesidad no atendida, no es la causa, ésta reside en nosotros y es responsabilidad nuestra identificar qué necesidad insatisfecha tenemos y de qué modo podemos resolverla.

Así pues, no es el otro quien debe solucionar nuestro mundo interno (sí puede ser partícipe, colaborador o ayudante pero no a través de la DIBUJOS-QUE-RELAJAN-5exigencia, sino de una petición de ayuda honesta y sincera). La exigencia no funciona, las consecuencias son desastrosas, genera violencia, lo único que conseguimos es lograr una rápida victoria en el momento presente y una total falta de entendimiento en un futuro inmediato. No olvidemos que además, en caso de que usemos la fuerza disciplinaria en los conflictos con los más pequeños, el ejemplo que transmitimos es que las controversias se resuelven imponiendo y aplastando. ¿Queremos esto?

Pensemos: el uso de esta fuerza, ¿para qué la utilizamos? ¿Logra modificar el comportamiento “indeseado” del otro? Probablemente sí, otras veces, en lugar de sumisión, logramos rebelión.

Analicemos: ¿En base a qué razones hemos logrado la modificación de la conducta? ¿En base al miedo, vergüenza o culpa? ¿Son éstos los motivos que deseamos? Son razones externas que no quedan integradas de ningún modo y el cambio producido no está motivado por las causas que nos gustarían. El miedo, el deterioro de autoestima es el que sí queda instalado. ¿De verdad es lo que buscamos cuando utilizamos la amenaza, el juicio o la culpa? Funciona aparentemente pero construimos relaciones basadas en la fuerza y nadie quiere, de buena gana, contribuir a satisfacer las necesidades de quien infiere este tipo de fuerza, La compasión se hace prácticamente imposible.

Si nos responsabilizamos de nuestras acciones, deshacemos la culpa y la queja.

¿Elegimos relaciones basadas en el respeto y empatía mutua o en el miedo, autoridad y juicio?

 

 

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento, Gestion de conflictos, Mediación | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Lo hago por tu bien

Parece que esta frase legitima cualquier acción, parece que el fin justifica los medios, parece que tu bien es algo diferente a MI bien. Veamos.

El significado de “tu bien” ¿cuál es?

Me cuesta trabajo creer que haya un “tu bien” vacío y ajeno a un MI bien. Es más, me aventuro a afirmar que hay un MI bien enmascarado por un altruismo inexistente.

Pensemos, ¿cuántas veces utilizamos esta afirmación para no hacernos cargo de la realidad que nos abruma y eludir nuestra responsabilidad de solucionar lo nuestro, desviando el foco de atención al supuesto interés del otro? Me parece una forma de auto engaño. Es indiferente que ese otro sea la pareja, amigo, vecino o nuestro propio hijo. El bien del otro enmascara un interés personal que no acertamos a ver. Y esto tiene consecuencias terribles a largo plazo. Dejamos en manos de algo incierto y, muchas veces, imaginado, una decisión que nos concierne personalmente y no atendemos como necesitamos porque no nos hacemos honestos con la necesidad que perseguimos. Y todo ello en el nombre de “tu bien”.

esposasUn ejemplo: “Te prohíbo que vayas solo a nadar al río, por tu bien”. Si no nos hacemos honestos con la verdadera necesidad personal que palpita, probablemente no encontraremos más solución que la prohibición de hacer algo que nuestro hijo desea. Cambiemos esta frase centrándonos en lo real: “Me asusta que vayas solo al río porque necesito la tranquilidad de saber que no corres peligro”. Las vías de solución se abren o cambian porque el problema no se centra en que el niño vaya solo al río sino que vaya seguro.

A veces no enunciamos una prohibición expresa o no somos tan explícitos, simplemente justificamos internamente nuestro actuar “por bien del otro”. Pero el mecanismo y las consecuencias son las mismas. Ej. “acepto este trabajo fuera de la ciudad por el bien familiar, dejo de verles pero es por su bien, para mantenerla económicamente”.

No querer ver o vislumbrar nuestra verdadera preferencia, deseo y, más complicado aún, nuestra necesidad, ocurre cuando no queremos darnos cuenta de lo que está pasando a nuestro alrededor para no tener que tomar partido responsable y honestamente.

Entre las consecuencias evidentes de actuar en nombre de “tu bien” destacan la desconexión con lo que está ocurriendo en realidad, el auto engaño, la irresponsabilidad, la cesión de nuestro poder en manos de una causa “mayor” y el dejar de asumir riesgos. Muchas veces, a todo esto le sucede la frustración por no proteger nuestros propios intereses y nos damos cuenta de que el “sacrificio por el otro” no reporta los beneficios que esperábamos. Aparece la culpa, que normalmente suele recaer sobre el otro (el causante de nuestra decisión), el reproche (“encima que lo he hecho por tu bien, no me lo agradeces, compensas, etc…”) y las relaciones acaban deteriorándose por un cúmulo de expectativas insatisfechas.

¿No te parecen demasiadas consecuencias?

Cada vez que te encuentres tomando una decisión de hacer o no hacer algo por causas ajenas a tu verdadera necesidad (por el bien del otro, de la familia, de la humanidad o similar) pregúntate qué hay detrás de todo esto porque quizás necesites cambiar la decisión que has adoptado o puede que ésta se reafirme y seas consciente de que, lo que realmente deseas al atender tu necesidad, beneficia además al otro.

Y la pregunta vuelve a ser la misma: “¿Para qué decido esto?”

Publicado en Aprender educando, Auto-conocimiento, Gestion de conflictos | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario